Por Germán Uribe
mailto:guribe3@gmail.com
Y vuelve la mula al trigo, puedo decir por mi reincidencia en este tema, tema cuya vigencia difícilmente se va a desvalorizar mientras persistan la droga, quienes se benefician de ella cultivándola o traficándola, quienes la consumen y aquellos que se oponen con intrepidez a su libre circulación. Me encuentro en la Internet en una rápida investigación ya no decenas sino centenares y quizás miles de artículos y opiniones al respecto que me hacen pensar que la legalización de las drogas será por los próximos años -quién sabe cuántos- el tema más recurrente de quienes de una u otra manera se vean afectados por ellas, sean responsables de su presencia y efectos en la sociedad, estén exigidos para enfrentarlas, o simplemente tengan el tiempo y se sientan en el deber de pensar y proponer fórmulas para resolver de manera definitiva sus letales consecuencias.
Tal es el caso de los expresidentes de México, Ernesto Zedillo, de Colombia, César Gaviria Trujillo, y de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, quienes a través de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia han resuelto ocuparse del tema con admirable seriedad, insistiendo con vehemencia sobre el fracaso rotundo de la guerra por acabarlas y persistiendo en su denuncia contra la represión considerándola un arma inútil para combatirlas.
El 23 de septiembre de 2005 publiqué en semana.com el artículo que titulé Tendremos que legalizar la droga, en donde entre otras cosas, afirmaba:
"Sabemos que cada día aumenta el número de norteamericanos que la aspiran -la cocaína- a cualquier precio y que la represión contra esos millones de habituales adictos no puede compararse con la fiereza y el exagerado gasto militar con que la vienen embistiendo en los países productores y exportadores. Ellos la consumen masivamente, mientras en un juego de doble moral, la hostigan y sitian allí adondequiera que se produzca. Trasladar esos inmensos recursos económicos y los colosales esfuerzos militares que derrochan en derrotarlas a sistemas de educación, prevención, reglamentación, judicialización y propaganda con relación a la droga y sus nocivos efectos, nos ahorraría miles y hasta millones de víctimas y ayudaría inmensamente a la pacificación del mundo."
Han pasado 6 años y a estas apreciaciones no les modificaría una coma.
Para quienes todavía se escandalizan, o en todo caso reprochan el calificativo de "guerra" que se le da a la estrategia mundial implementada, publicitada y financiada por los Estados Unidos para combatir la producción, circulación y uso de las drogas enervantes aún "prohibidas", basten los ejemplos de Colombia y México en donde la lucha entre los carteles o la acción militar y policiva para reprimirlos viene dejando en los caminos húmedos o polvorientos de los campos y en las calles bulliciosas o desoladas de las ciudades miles y miles de muertos, y no pocos de ellos degollados, descuartizados, incinerados, y los otros mutilados o sencillamente desaparecidos. ¿Y cómo no pensar de urgencia en alguna fórmula que pueda contraponerse a estas interminables masacres, a este lento y prolongado genocidio, a esta destrucción criminal de valores sociales, económicos y familiares en nuestras sociedades? Una especie de "receta" que con efectos parecidos a los que persigue el ofensiva sangrienta por acabar con el comercio de las sustancias psicotrópicas nos devuelva la tranquilidad de la misma manera que, por ejemplo, la regresó a la sociedad estadounidense cuando el alcohol y los licores en general fueron aceptados como legales por su gobierno.
En los Estados Unidos, hoy por hoy, aunque se acepta que el asunto tiene las características de un problema de salud pública, pese a lo reiterado aquí y allá por el Zar de las Drogas de que la política en la que ellos están empeñados acentúa la prevención y los tratamientos médicos, lo cierto es que en la dura y cruda realidad y en la dolorosa práctica, todos sus esfuerzos tanto económicos como militares -o al menos la mayoría de ellos-, van dirigidos con arrogancia y brutalidad, al mejor estilo imperial, a perseguir a sangre y fuego, arrasando, "fumigando" si es necesario a cultivadores -no importa que sean campesinos con siembras de subsistencia-, procesadores, traficantes y "enfermos" consumidores. Lo que sea, que en esta lucha, el "todo vale" de los expresidentes Bush y Uribe Vélez, es la doctrina.
Para acabar con la droga lo primero que habría que hacerse sería acabar con la guerra que se le declaró. No es matando o encarcelando traficantes y consumidores que, como se ve, van aumentando en proporción directa a la represión que se les tiende.
La única opción que queda ahora es la legalización.
Y es que, frente a la realidad cotidiana por la que estamos pasando, y frente a lo que a diario vemos, ¿a quién cree usted, amigo lector, que puede beneficiar más su prohibición? ¿A la sociedad, a los gobiernos o al narcotráfico?
He ahí el tesis central, la almendra y la esencia de mi punto de vista: Todo lo prohibido, provoca, y esta prohibición en particular, atrae al narcotráfico y le insufla vida. Sobre todo sabiendo que de por medio están unas ganancias redondas y un enriquecimiento exprés.
El negocio de la droga prospera con la prohibición. ¡No cabe duda!
¿Cuánto tiempo, entonces, y cuántos muertos, devastación y estragos faltan para que este axioma se reconozca y en consecuencia se admita la perentoria necesidad de entrar a legalizar las drogas?
Pretendo con este blog reunir una serie de textos que terminen conformando el que yo pienso será el último de mis libros: PRECISIONES. En él intento plasmar mi libre criterio sobre aquellos temas que me han provocado rabia o amor en medio de arrolladores sentimientos, sentimientos éstos que desde siempre sólo he logrado sosegar a través de la escritura. Lo asumiré pues como si fuera una cámara de video con la cual captar descarnadamente el mundo tal como yo lo veo, lo vivo, lo sufro o lo gozo.
sábado, 16 de abril de 2011
lunes, 21 de marzo de 2011
Reproches al periodismo colombiano
Entrevista concedida el 8 de marzo de 2011 a la periodista Liliana Ramírez Sánchez
Liliana Ramírez Sánchez. Para usted, ¿qué es hacer periodismo?
Germán Uribe. Hacer periodismo es ejercer una profesión cuya finalidad consiste en informar sobre los acontecimientos que se desarrollan en tiempos actuales, ciñéndose a la verdad y a la realidad y buscando la manera de que al tiempo que sean de interés general, tales informaciones le lleguen al mayor número posible de personas. Ese " mosaico de informaciones y opiniones procesadas, ordenadas y ensambladas en los medios informativos" que respeta estos principios vendría a constituirse en lo que podemos denominar periodismo en serio.
LRS. ¿Cómo se hace verdadero periodismo?
GU. Acabo de decirlo, cumpliendo con seriedad y responsabilidad estos principios.
LRS. ¿Cómo considera usted el periodismo colombiano?
GU. Pienso que el investigativo cada día se especializa más, tiene mayor vigencia, es ejercido con alguna libertad y, siendo valeroso como efectivamente lo es, presta un formidable servicio a la Justicia y a la sociedad. El resto, el ejercicio periodístico colombiano en general, lo veo cruelmente débil, alienado en intereses de diversa índole -económica, social, burocrática, etc.-, irresponsable y mediocre. Desde luego que existen algunas excepciones que sacan la cara por esta profesión. En tantos casos es tan irresponsable, que cuando, por ejemplo, por estos días en que se sigue el discurrir de los conflictos internos en Libia, varios de estos "denodados" periodistas nuestros no se ruborizan cuando es a título personal -y por rencores que no nacen de su propia cultura política o de su conciencia moral o ideológica, sino de la propaganda estadounidense-, que afirman con adjetivos encendidos que el señor Gadafi debe ser expulsado de su país y juzgado por la Corte Penal Internacional por estar masacrando a su pueblo. No saben los "brillantes" e "independientes" periodistas realmente lo que ocurre allá, ni tampoco que lo que ocurre es que los tienen fletados repicando las noticias elaboradas desde la cúpula de los intereses norteamericanos y europeos ávidos de petróleo y de toda clase de intereses económicos. Igual sucede cuando "informan" aquí sobre la guerra interna colombiana: hacen una lectura de los boletines de prensa del Ejército, la Policía o de las altas esferas del gobierno nacional, no sólo textual, sino mejorada y aumentada por sus pasiones personales, y la reproducen fielmente.
Ya tocando otro aspecto del periodismo colombiano, veo en las columnas de opinión una valiosísima válvula de escape de nuestras angustias, frustraciones y deseos en numerosos columnistas que con su fuerza argumental hacen pensar al lector y en veces logran modificar decisiones equivocadas de las mismas autoridades.
LRS. ¿Qué considera usted que deba inspirar a un periodista?
GU. Ante todo la verdad, así esta tenga un contenido de dolor, repulsión o sea simplemente contraria a su ideología y principios.
LRS. ¿Al ser periodista nunca se ha visto obligado a dejar de lado una verdad por alguna amenaza al publicarla?
GU. El periodista que tema por una amenaza, a partir del momento que permita que ese temor influya en su oficio, pierde la sindéresis. Lo más honesto y digno que puede hacer es entrar en receso, pero ante todo, jamás ceder al miedo traicionando así la verdad en una noticia. Es humano ese temor, y de ser cierto e inminente, debe priorizar el valor de su vida, pero de ningún modo a costillas de la verdad periodística.
LRS. ¿Cree que sí hay libertad de prensa?
GU. Si, aunque relativa. Yo puedo escribir lo que quiera pero mientras no hiera los intereses de quien me publique. Y sí, y lo vemos en algunos medios, pero sin que en Colombia dejen de existir las presiones del poder gubernamental, económico, empresarial y político -ya el religioso no cuenta- sobre los medios que muestran independencia e intentan ceñirse a la verdad de los acontecimientos.
LRS. ¿Cuáles son los elementos fundamentales para realizar una impecable columna de opinión?
GU. Decir lo que se piensa sobre no importa qué tema, y de una manera contundente y sobria, y en donde la convicción reine. Y la buena escritura, desde luego.
LRS. ¿Cuál es el tema que más le apasiona?
GU. Personalmente el de la injusticia que se pasea oronda por doquier en nuestro país. La impunidad terminará por convertirse en el mejor aliciente para el bandidaje y en la causante del continuado deterioro social. De allí que siempre haya pensado -y nos es de mi cosecha, naturalmente- que nunca podrá ser exitosa una revolución o un cambio social drástico en beneficio de una sociedad o una nación, sin que lo primero que se enmiende y perfeccione no sea la Justicia.
LRS. ¿Cuál es el tema que más le molesta?
GU. Las mentiras que como apéndices de la información proliferan y crecen y se desarrollan como malas hierbas y la tergiversación de las noticias que son pan diario en los medios de comunicación colombianos. Los noticieros de televisión tales como RCN y Caracol, provocan vergüenza ajena y harían sonrojar al más idiota y desinformado de los ciudadanos europeos. Me molesta y me ofende ver cómo estos periodistas, muchos muy conocidos de El Tiempo y El Espectador, y tantos otros de todos y cada uno de los medios que hoy por hoy prestan sus servicios a los gobiernos de turno, confunden a la gente, la inmiscuyen en pasiones perversas contra esto y aquello, o del lado de cualquier cosa, sin importarles las consecuencias a futuro que para nuestro país y para la sociedad en general pueda tener tamaña irresponsabilidad.
LRS. ¿Cuál es el artículo que recuerde y que se sienta complacido al haberlo escrito?
GU. Ninguno. Aunque no me releo, pienso que todos merecen ser corregidos por una u otra razón.
LRS. ¿Por último, qué concejo les da a los futuros periodistas no solo de INPAHU si no de las demás universidades?
GU. Que no se dejen coger ventaja de la pereza y estudien. Pero, sobre todo, que por su propio bien -se sentirán mejores, ya lo verán-, y por el bien del país, sean honestos.
Liliana Ramírez Sánchez. Para usted, ¿qué es hacer periodismo?
Germán Uribe. Hacer periodismo es ejercer una profesión cuya finalidad consiste en informar sobre los acontecimientos que se desarrollan en tiempos actuales, ciñéndose a la verdad y a la realidad y buscando la manera de que al tiempo que sean de interés general, tales informaciones le lleguen al mayor número posible de personas. Ese " mosaico de informaciones y opiniones procesadas, ordenadas y ensambladas en los medios informativos" que respeta estos principios vendría a constituirse en lo que podemos denominar periodismo en serio.
LRS. ¿Cómo se hace verdadero periodismo?
GU. Acabo de decirlo, cumpliendo con seriedad y responsabilidad estos principios.
LRS. ¿Cómo considera usted el periodismo colombiano?
GU. Pienso que el investigativo cada día se especializa más, tiene mayor vigencia, es ejercido con alguna libertad y, siendo valeroso como efectivamente lo es, presta un formidable servicio a la Justicia y a la sociedad. El resto, el ejercicio periodístico colombiano en general, lo veo cruelmente débil, alienado en intereses de diversa índole -económica, social, burocrática, etc.-, irresponsable y mediocre. Desde luego que existen algunas excepciones que sacan la cara por esta profesión. En tantos casos es tan irresponsable, que cuando, por ejemplo, por estos días en que se sigue el discurrir de los conflictos internos en Libia, varios de estos "denodados" periodistas nuestros no se ruborizan cuando es a título personal -y por rencores que no nacen de su propia cultura política o de su conciencia moral o ideológica, sino de la propaganda estadounidense-, que afirman con adjetivos encendidos que el señor Gadafi debe ser expulsado de su país y juzgado por la Corte Penal Internacional por estar masacrando a su pueblo. No saben los "brillantes" e "independientes" periodistas realmente lo que ocurre allá, ni tampoco que lo que ocurre es que los tienen fletados repicando las noticias elaboradas desde la cúpula de los intereses norteamericanos y europeos ávidos de petróleo y de toda clase de intereses económicos. Igual sucede cuando "informan" aquí sobre la guerra interna colombiana: hacen una lectura de los boletines de prensa del Ejército, la Policía o de las altas esferas del gobierno nacional, no sólo textual, sino mejorada y aumentada por sus pasiones personales, y la reproducen fielmente.
Ya tocando otro aspecto del periodismo colombiano, veo en las columnas de opinión una valiosísima válvula de escape de nuestras angustias, frustraciones y deseos en numerosos columnistas que con su fuerza argumental hacen pensar al lector y en veces logran modificar decisiones equivocadas de las mismas autoridades.
LRS. ¿Qué considera usted que deba inspirar a un periodista?
GU. Ante todo la verdad, así esta tenga un contenido de dolor, repulsión o sea simplemente contraria a su ideología y principios.
LRS. ¿Al ser periodista nunca se ha visto obligado a dejar de lado una verdad por alguna amenaza al publicarla?
GU. El periodista que tema por una amenaza, a partir del momento que permita que ese temor influya en su oficio, pierde la sindéresis. Lo más honesto y digno que puede hacer es entrar en receso, pero ante todo, jamás ceder al miedo traicionando así la verdad en una noticia. Es humano ese temor, y de ser cierto e inminente, debe priorizar el valor de su vida, pero de ningún modo a costillas de la verdad periodística.
LRS. ¿Cree que sí hay libertad de prensa?
GU. Si, aunque relativa. Yo puedo escribir lo que quiera pero mientras no hiera los intereses de quien me publique. Y sí, y lo vemos en algunos medios, pero sin que en Colombia dejen de existir las presiones del poder gubernamental, económico, empresarial y político -ya el religioso no cuenta- sobre los medios que muestran independencia e intentan ceñirse a la verdad de los acontecimientos.
LRS. ¿Cuáles son los elementos fundamentales para realizar una impecable columna de opinión?
GU. Decir lo que se piensa sobre no importa qué tema, y de una manera contundente y sobria, y en donde la convicción reine. Y la buena escritura, desde luego.
LRS. ¿Cuál es el tema que más le apasiona?
GU. Personalmente el de la injusticia que se pasea oronda por doquier en nuestro país. La impunidad terminará por convertirse en el mejor aliciente para el bandidaje y en la causante del continuado deterioro social. De allí que siempre haya pensado -y nos es de mi cosecha, naturalmente- que nunca podrá ser exitosa una revolución o un cambio social drástico en beneficio de una sociedad o una nación, sin que lo primero que se enmiende y perfeccione no sea la Justicia.
LRS. ¿Cuál es el tema que más le molesta?
GU. Las mentiras que como apéndices de la información proliferan y crecen y se desarrollan como malas hierbas y la tergiversación de las noticias que son pan diario en los medios de comunicación colombianos. Los noticieros de televisión tales como RCN y Caracol, provocan vergüenza ajena y harían sonrojar al más idiota y desinformado de los ciudadanos europeos. Me molesta y me ofende ver cómo estos periodistas, muchos muy conocidos de El Tiempo y El Espectador, y tantos otros de todos y cada uno de los medios que hoy por hoy prestan sus servicios a los gobiernos de turno, confunden a la gente, la inmiscuyen en pasiones perversas contra esto y aquello, o del lado de cualquier cosa, sin importarles las consecuencias a futuro que para nuestro país y para la sociedad en general pueda tener tamaña irresponsabilidad.
LRS. ¿Cuál es el artículo que recuerde y que se sienta complacido al haberlo escrito?
GU. Ninguno. Aunque no me releo, pienso que todos merecen ser corregidos por una u otra razón.
LRS. ¿Por último, qué concejo les da a los futuros periodistas no solo de INPAHU si no de las demás universidades?
GU. Que no se dejen coger ventaja de la pereza y estudien. Pero, sobre todo, que por su propio bien -se sentirán mejores, ya lo verán-, y por el bien del país, sean honestos.
domingo, 6 de marzo de 2011
Las enfermedades no tienen remedio
Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
Los excesivos costos y las continuadas alzas en los medicamentos que vienen afectando los afligidos ánimos y los escuálidos bolsillos del común de los colombianos, nos lleva de nuevo a ocuparnos de este tema que en anterior columna de Semana (Las enfermedades: ¡Qué negocio! 26 de enero de 2008) tratamos sin imaginarnos que por aquellos días iría a levantar un chispero entre impacientes empresarios farmacéuticos y pacientes y maltratadas víctimas de toda clase de males.
Lo primero que debemos lamentar y denunciar en esta oportunidad es que estando en nuestro sistema político el manejo de la salud en manos privadas, y por ende bajo características netamente mercantilistas, cuya máxima finalidad y exclusivo interés no es otro que el de mejorar la productividad y acumular utilidades sin control alguno, a dicha máquina de hacer dinero desde los hospitales, las clínicas o los medicamentos, lo que menos le podría convenir es operar sus negocios en medio de una sociedad saludable. De hecho, pues, y por lo tanto, mientras la salud sea un negocio y no una responsabilidad social del Estado celosamente vigilada por los gobiernos, los ciudadanos tendremos que estar expuestos constantemente a sufrir el menoscabo de nuestras economías personales y a adaptarnos a una vida de constantes altibajos en cuanto a nuestra salud, ya que si repentinamente las industrias farmacéuticas produjeran drogas que curaran definitivamente algunas enfermedades, sus empresas se vendrían a pique y ya no tendrían razón de ser.
Con cuánto acierto hace referencia a este tema el columnista de Le Monde Diplomatique, Pascual Serrano, al observar que "uno de los problemas del capitalismo consiste en que cuanto mayor es un problema más dinero reciben los sectores empresariales que se dedican a afrontarlo. Si ese problema lo solucionaran, ellos mismos acabarían con su negocio. Los fabricantes de armas se arruinarían si no hubiese guerras, los bufetes de abogados si no hubiera delitos y conflictos, y las empresas farmacéuticas si sus medicinas acabasen con las enfermedades." Y más adelante, registrando el libro de Miguel Jara "La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo", señala con dedo acusador a los grandes pulpos de la producción de medicamentos, también denominados "Big Pharma", -Bayer, GlaxoSmithKline (GSK), Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis-, como los industriales del "marketing del miedo" que atizan la aprensión normal de las gentes frente a las enfermedades en beneficio directo de sus inagotables intereses económicos.
Pero esto no es todo. Habría que ver, aparte de la fabricación y puesta en el mercado de medicamentos medianamente eficaces (que medio curen pero no del todo porque entonces… Y aquí, ahora, recuerdo el "misterio" de las cuchillas de afeitar, el más colosal ejemplo del engaño), el afán desmedido de las grandes compañías farmacéuticas por desprestigiar todos aquellos remedios genéricos que naturalmente son de más fácil acceso para los consumidores.
¿Pero porqué los genéricos son más baratos teniendo las mismas virtudes y efectividad de los originales? La explicación nos la da el también columnista de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet: "Los genéricos son medicamentos idénticos, en cuanto a principios activos, dosificación, forma farmacéutica, seguridad y eficacia, a los medicamentos originales producidos en exclusividad por los grandes monopolios farmacéuticos. El periodo de exclusividad, que se inicia desde el momento en que el producto es puesto a la venta, vence a los diez años; pero la protección de la patente del fármaco original dura veinte años. Entonces es cuando otros fabricantes tienen derecho a producir los genéricos que cuestan un 40% más baratos. El objetivo de las grandes marcas farmacéuticas consiste, por consiguiente, en retrasar por todos los medios posibles la fecha de vencimiento del periodo de protección de la patente, y se las arreglan para patentar añadidos superfluos del producto (un polimorfo, una forma cristalina, etc.) y extender así, artificialmente, la duración de su control del medicamento."
Por último, bien vale la pena traer a colación una pequeñísima muestra de lo ocurrido recientemente con la declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) pandemia de gripa AH1N1. Esta Organización, que debería preocuparse tanto por la salud física de los seres humanos como porque su cuidado no afecte su economía individual buscando con ello la equidad que las desigualdades económicas latentes en el mundo exigen, optó por otorgar la patente del producto sanitario que combatiría la gripa a cuatro farmacéuticas que se arrogaron el monopolio de su producción y venta haciendo su agosto por el corto tiempo que duró el escándalo mediático apropiadamente orquestado por los grandes beneficiarios de aquella pandemia "terrorífica".
Bien sea porque el costo de los medicamentos hiere nuestros bolsillos, o bien porque su efectividad está fríamente calculada para que sus efectos se den a medias, lo cierto es que, así las cosas, tenemos que aceptar que las enfermedades no tienen ni tendrán jamás remedio alguno.
guribe3@gmail.com
Los excesivos costos y las continuadas alzas en los medicamentos que vienen afectando los afligidos ánimos y los escuálidos bolsillos del común de los colombianos, nos lleva de nuevo a ocuparnos de este tema que en anterior columna de Semana (Las enfermedades: ¡Qué negocio! 26 de enero de 2008) tratamos sin imaginarnos que por aquellos días iría a levantar un chispero entre impacientes empresarios farmacéuticos y pacientes y maltratadas víctimas de toda clase de males.
Lo primero que debemos lamentar y denunciar en esta oportunidad es que estando en nuestro sistema político el manejo de la salud en manos privadas, y por ende bajo características netamente mercantilistas, cuya máxima finalidad y exclusivo interés no es otro que el de mejorar la productividad y acumular utilidades sin control alguno, a dicha máquina de hacer dinero desde los hospitales, las clínicas o los medicamentos, lo que menos le podría convenir es operar sus negocios en medio de una sociedad saludable. De hecho, pues, y por lo tanto, mientras la salud sea un negocio y no una responsabilidad social del Estado celosamente vigilada por los gobiernos, los ciudadanos tendremos que estar expuestos constantemente a sufrir el menoscabo de nuestras economías personales y a adaptarnos a una vida de constantes altibajos en cuanto a nuestra salud, ya que si repentinamente las industrias farmacéuticas produjeran drogas que curaran definitivamente algunas enfermedades, sus empresas se vendrían a pique y ya no tendrían razón de ser.
Con cuánto acierto hace referencia a este tema el columnista de Le Monde Diplomatique, Pascual Serrano, al observar que "uno de los problemas del capitalismo consiste en que cuanto mayor es un problema más dinero reciben los sectores empresariales que se dedican a afrontarlo. Si ese problema lo solucionaran, ellos mismos acabarían con su negocio. Los fabricantes de armas se arruinarían si no hubiese guerras, los bufetes de abogados si no hubiera delitos y conflictos, y las empresas farmacéuticas si sus medicinas acabasen con las enfermedades." Y más adelante, registrando el libro de Miguel Jara "La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo", señala con dedo acusador a los grandes pulpos de la producción de medicamentos, también denominados "Big Pharma", -Bayer, GlaxoSmithKline (GSK), Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis-, como los industriales del "marketing del miedo" que atizan la aprensión normal de las gentes frente a las enfermedades en beneficio directo de sus inagotables intereses económicos.
Pero esto no es todo. Habría que ver, aparte de la fabricación y puesta en el mercado de medicamentos medianamente eficaces (que medio curen pero no del todo porque entonces… Y aquí, ahora, recuerdo el "misterio" de las cuchillas de afeitar, el más colosal ejemplo del engaño), el afán desmedido de las grandes compañías farmacéuticas por desprestigiar todos aquellos remedios genéricos que naturalmente son de más fácil acceso para los consumidores.
¿Pero porqué los genéricos son más baratos teniendo las mismas virtudes y efectividad de los originales? La explicación nos la da el también columnista de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet: "Los genéricos son medicamentos idénticos, en cuanto a principios activos, dosificación, forma farmacéutica, seguridad y eficacia, a los medicamentos originales producidos en exclusividad por los grandes monopolios farmacéuticos. El periodo de exclusividad, que se inicia desde el momento en que el producto es puesto a la venta, vence a los diez años; pero la protección de la patente del fármaco original dura veinte años. Entonces es cuando otros fabricantes tienen derecho a producir los genéricos que cuestan un 40% más baratos. El objetivo de las grandes marcas farmacéuticas consiste, por consiguiente, en retrasar por todos los medios posibles la fecha de vencimiento del periodo de protección de la patente, y se las arreglan para patentar añadidos superfluos del producto (un polimorfo, una forma cristalina, etc.) y extender así, artificialmente, la duración de su control del medicamento."
Por último, bien vale la pena traer a colación una pequeñísima muestra de lo ocurrido recientemente con la declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) pandemia de gripa AH1N1. Esta Organización, que debería preocuparse tanto por la salud física de los seres humanos como porque su cuidado no afecte su economía individual buscando con ello la equidad que las desigualdades económicas latentes en el mundo exigen, optó por otorgar la patente del producto sanitario que combatiría la gripa a cuatro farmacéuticas que se arrogaron el monopolio de su producción y venta haciendo su agosto por el corto tiempo que duró el escándalo mediático apropiadamente orquestado por los grandes beneficiarios de aquella pandemia "terrorífica".
Bien sea porque el costo de los medicamentos hiere nuestros bolsillos, o bien porque su efectividad está fríamente calculada para que sus efectos se den a medias, lo cierto es que, así las cosas, tenemos que aceptar que las enfermedades no tienen ni tendrán jamás remedio alguno.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Prohibido protegerse
Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
Prohibir el porte de armas a todos los civiles como lo vienen sugiriendo algunas autoridades, de hecho sería una iniciativa admirable si ella se diera en un país cuya fuerza pública garantizara a plenitud la seguridad de su población. Hacerlo en un escenario violento y en guerra como Colombia, en donde la inseguridad campea, es simplemente jugar a los enunciados teatrales y solemnes, a las iniciativas "efectistas", o a librar a la suerte y el azar, como en una ruleta, a la gente de bien.
Y es que tan maravilloso como irracional puede sonar aquel trillado discurso de "prohibiendo el porte de armas acabaremos con la violencia y conseguiremos la paz". No, señores. Esas no son más que frases distractoras y facilistas. Aunque pensándolo bien, podrían llegar a ser ciertas si se diera el caso de que la quimérica fórmula aplicara y se cumpliera por parte de todos los colombianos incluidos los paramilitares, la delincuencia común, la guerrilla y algunos miembros de las Fuerza Pública -algunos, repito- que sabemos que las usan no para defendernos de quienes sí tienen el "privilegio" de llevarlas y usarlas, sino para ejecutar falsos positivos, desapariciones forzadas o siniestros retenes.
Así, pues, tan exótico como inaudito puede ser el argumento: si los civiles son desarmados habrá paz, por cuanto el uso de las armas seguirá siendo detentado "únicamente" por las fuerzas militares, la policía, los servicios de seguridad del Estado, los paramilitares, los delincuentes y la guerrilla.
Y es que, si el Estado no puede protegernos permanentemente, ¿cómo puede entenderse esa especie de sentencia de muerte que nos dicta cuando les ordena a los ciudadanos despojarse del porte y uso de las armas incluso en casos en que nuestra vida pueda estar en peligro?
Ahí sí cabe aquello que decía un español frente a la posibilidad de ir a parar a la cárcel por dar de baja al delincuente que intentó acuchillarlo: "Es mejor un mal juicio que un muy lindo funeral".
En medio del debate mundial que este tema provoca, encontré como parte de un alegato esta cita de un sermón religioso del siglo XVII que invoca la ley divina para justificar el derecho y el deber que tienen los hombres a protegerse: “El que permita que su vida sufra o se pierda en manos de uno que no tiene autoridad para ello, cuando tal vez pueda preservarla a través de su autodefensa, incurre en la culpabilidad de suicidio porque Dios le ha obligado a buscar la continuidad de su vida, y la Naturaleza enseña la necesidad de defenderse a cada criatura”.
Ahora bien, si este argumento no convence, entonces veamos el materialista: el instinto humano nos conduce a preservar la vida, por lo que, dejarnos matar en aras del cumplimiento de una normatividad gubernamental que al conminarnos a dejar las armas nos expone a perecer en manos de quien ilegalmente las tiene, va en contravía de nuestra propia naturaleza. ¿Se quiere que nos inmolemos antes que desacatar una medida funesta y majadera del Estado que como no puede desarmar a los violentos, para justificar su papel de máximo regulador de la sociedad ordena que los no violentos no porten armas llevándolos a defender su vida como puedan y, en todo caso, con "paciencia" y sin violencia? ¿Qué su autoprotección sean la elocuencia y la retórica frente al criminal?
Desarmar al ciudadano corriente como pretexto para que en la sociedad impere la paz, sin tener en cuenta que el bando de los malhechores blande constantemente sus armas, no sólo es utópico sino estúpido.
Las armas en manos del hombre correcto no son portadas por éste con la intención de ver a quién mata por ahí, son esencialmente instrumentos muy valiosos de disuasión que pueden salvarle su vida.
El 99% de las muertes violentas son cometidas por individuos que no portan un salvoconducto. La criminalidad, los narcos, el paramilitarismo o la insurgencia no necesitan de licencias. No obstante esto, a las personas inermes se les exigen, y pronto se les negarán, avivándoles una ventaja a los asesinos, a los violadores, a los ladrones dotados de ellas y al resto de malandrines que a toda hora acechan a los individuos desprevenidos y desarmados.
Y es que el simplismo es patético: como el control de las armas sólo podemos ejercerlo sobre las legalmente amparadas, hagamos algo, ¡controlémoslas!
¿Por qué a usted que puede protegerse del violento en casos extremos lo están obligando a que recurra a otro (el policía) para que, en el momento en que éste pueda se ocupe de su vida? ¿Y si llega tarde? No importa, usted murió como un ciudadano ejemplar, ¡totalmente indefenso pero cumpliendo la ley!
Por último, habría que decir que mientras la Corte Suprema de los Estados Unidos interpretando la Segunda Enmienda de su Constitución ordena que "se prohíbe prohibir" en cualquier Estado el porte de armas para la defensa personal, aquí parece que se busca interpretar nuestra Constitución no para salvaguardar nuestras vidas, sino para preservar el derecho de los delincuentes a disponer armados de la vida de los demás.
http://www.semana.com/noticias-opinion/prohibido-protegerse/149580.aspx
guribe3@gmail.com
Prohibir el porte de armas a todos los civiles como lo vienen sugiriendo algunas autoridades, de hecho sería una iniciativa admirable si ella se diera en un país cuya fuerza pública garantizara a plenitud la seguridad de su población. Hacerlo en un escenario violento y en guerra como Colombia, en donde la inseguridad campea, es simplemente jugar a los enunciados teatrales y solemnes, a las iniciativas "efectistas", o a librar a la suerte y el azar, como en una ruleta, a la gente de bien.
Y es que tan maravilloso como irracional puede sonar aquel trillado discurso de "prohibiendo el porte de armas acabaremos con la violencia y conseguiremos la paz". No, señores. Esas no son más que frases distractoras y facilistas. Aunque pensándolo bien, podrían llegar a ser ciertas si se diera el caso de que la quimérica fórmula aplicara y se cumpliera por parte de todos los colombianos incluidos los paramilitares, la delincuencia común, la guerrilla y algunos miembros de las Fuerza Pública -algunos, repito- que sabemos que las usan no para defendernos de quienes sí tienen el "privilegio" de llevarlas y usarlas, sino para ejecutar falsos positivos, desapariciones forzadas o siniestros retenes.
Así, pues, tan exótico como inaudito puede ser el argumento: si los civiles son desarmados habrá paz, por cuanto el uso de las armas seguirá siendo detentado "únicamente" por las fuerzas militares, la policía, los servicios de seguridad del Estado, los paramilitares, los delincuentes y la guerrilla.
Y es que, si el Estado no puede protegernos permanentemente, ¿cómo puede entenderse esa especie de sentencia de muerte que nos dicta cuando les ordena a los ciudadanos despojarse del porte y uso de las armas incluso en casos en que nuestra vida pueda estar en peligro?
Ahí sí cabe aquello que decía un español frente a la posibilidad de ir a parar a la cárcel por dar de baja al delincuente que intentó acuchillarlo: "Es mejor un mal juicio que un muy lindo funeral".
En medio del debate mundial que este tema provoca, encontré como parte de un alegato esta cita de un sermón religioso del siglo XVII que invoca la ley divina para justificar el derecho y el deber que tienen los hombres a protegerse: “El que permita que su vida sufra o se pierda en manos de uno que no tiene autoridad para ello, cuando tal vez pueda preservarla a través de su autodefensa, incurre en la culpabilidad de suicidio porque Dios le ha obligado a buscar la continuidad de su vida, y la Naturaleza enseña la necesidad de defenderse a cada criatura”.
Ahora bien, si este argumento no convence, entonces veamos el materialista: el instinto humano nos conduce a preservar la vida, por lo que, dejarnos matar en aras del cumplimiento de una normatividad gubernamental que al conminarnos a dejar las armas nos expone a perecer en manos de quien ilegalmente las tiene, va en contravía de nuestra propia naturaleza. ¿Se quiere que nos inmolemos antes que desacatar una medida funesta y majadera del Estado que como no puede desarmar a los violentos, para justificar su papel de máximo regulador de la sociedad ordena que los no violentos no porten armas llevándolos a defender su vida como puedan y, en todo caso, con "paciencia" y sin violencia? ¿Qué su autoprotección sean la elocuencia y la retórica frente al criminal?
Desarmar al ciudadano corriente como pretexto para que en la sociedad impere la paz, sin tener en cuenta que el bando de los malhechores blande constantemente sus armas, no sólo es utópico sino estúpido.
Las armas en manos del hombre correcto no son portadas por éste con la intención de ver a quién mata por ahí, son esencialmente instrumentos muy valiosos de disuasión que pueden salvarle su vida.
El 99% de las muertes violentas son cometidas por individuos que no portan un salvoconducto. La criminalidad, los narcos, el paramilitarismo o la insurgencia no necesitan de licencias. No obstante esto, a las personas inermes se les exigen, y pronto se les negarán, avivándoles una ventaja a los asesinos, a los violadores, a los ladrones dotados de ellas y al resto de malandrines que a toda hora acechan a los individuos desprevenidos y desarmados.
Y es que el simplismo es patético: como el control de las armas sólo podemos ejercerlo sobre las legalmente amparadas, hagamos algo, ¡controlémoslas!
¿Por qué a usted que puede protegerse del violento en casos extremos lo están obligando a que recurra a otro (el policía) para que, en el momento en que éste pueda se ocupe de su vida? ¿Y si llega tarde? No importa, usted murió como un ciudadano ejemplar, ¡totalmente indefenso pero cumpliendo la ley!
Por último, habría que decir que mientras la Corte Suprema de los Estados Unidos interpretando la Segunda Enmienda de su Constitución ordena que "se prohíbe prohibir" en cualquier Estado el porte de armas para la defensa personal, aquí parece que se busca interpretar nuestra Constitución no para salvaguardar nuestras vidas, sino para preservar el derecho de los delincuentes a disponer armados de la vida de los demás.
http://www.semana.com/noticias-opinion/prohibido-protegerse/149580.aspx
domingo, 28 de noviembre de 2010
La burradas de Bush, el torturador
Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
¿A usted no se le hace raro que ese man esté como calladito? ¿Y perdido? Me dijo el mesero mientras deslizaba una taza de café sobre la mesa al tiempo que posaba su mirada sobre una foto de George Walker Bush que aparecía en un artículo de revista que me encontraba leyendo. Y, sí, pensé. Pero en todo caso, no debe ser casual su silencio. Es un silencio inevitablemente derivado de la expectativa causada por el desarrollo de la administración del Presidente Obama, pero también, por algún tipo de cautela que él mismo se debe haber impuesto luego de que cada acto político o administrativo suyo fue casi un estremecedor recordatorio de las desastrosas gestiones gubernamentales de su antecesor. Y es que la gestión presidencial de Bush aparece cada día con mayor claridad como lo que pudo haber sido lo más próximo a lo que el expresidente Uribe -su aliado y "socio" incondicional que llegó incluso, arrodillado ante el amo, a meternos en una guerra que se daba por allá en un país asiático llamado Irak- dio en llamar "hecatombe", o sea, lo que puede ocurrir si prescinden de mí, pero lo que le iba a ocurrir a los Estados Unidos si no prescindía de aquel.
Cada día descubrimos más y más yerros suyos. Escogió a tenebrosos personajes como sus colaboradores cercanos; en la economía, la seguridad social, el empleo, la vivienda, la reforma migratoria y la industria, en particular la automotriz, no dio pie con bola. Y en cuanto a los sectores bancarios y financieros, y al mismo Wall Street, su falta de ojo avizor pudo haber acelerado el revés económico mundial reciente que todos conocemos. Y qué decir de su desastrosa política exterior con su intervencionismo militar y su unilateralismo fabricándose guerras -Irak y Afganistán, en tanto que acariciaba Pakistán-, y birlando a la ONU, mientras muy campante rechazaba el Protocolo de Kioto mostrando su desdén, incluso, por el calentamiento global. Errores, como los llama Salman Rushdie, que han llevado a Washington a perder toda credibilidad y a los Estados Unidos como nación emblema del sistema democrático y las libertades individuales y políticas, a ver minado su prestigio.
Razón tenía el Presidente Obama al posesionarse en pensar que la más abrumadora de sus tareas sería la de recuperar el respeto para su país.
También habría que sumársele lo inevitable a las causas del silencio en el que se ha mantenido enconchado hasta ahora, cuando accede a la publicación de sus tontas e incriminatorias Memorias*: un juicio. Y no ya el histórico cuyo discurrir ya ha echado a andar, sino el juzgamiento penal al que lo conducen todos los caminos de la justicia universal. Y es que con la desfachatez y la estupidez que le conocemos, reconoce en estas Memorias que apoyó y alentó la violación de Derechos Humanos aprobando la tortura de prisioneros como herramienta "legal".
El escritor y cronista de "The New Yorker", Jon Lee Anderson, avergonzado y herido como cualquier norteamericano que se respete y respete a los demás, decía no hace mucho: "Sin duda alguna, Bush ha sido el peor presidente en mi vida y posiblemente de la historia de los EE.UU., y será recordado como tal. Si hubiera justicia, él debería ser llevado a juicio por deshonrar a la patria. Merece aunque sea una amonestación histórica por parte del Congreso, como una especie de "impeachment" simbólico, y la privación de ciertas prebendas y favores. Su ex vicepresidente, Dick Cheney, debería ser sentenciado a cárcel por su abierto y vergonzoso activismo a favor de la tortura, y probablemente por otras ofensas adicionales. Donald Rumsfeld también, por su negligencia criminal como Secretario de Defensa, actitud que condenó a muchos soldados norteamericanos a la muerte e invalidez innecesaria, además de miles de soldados aliados iraquíes y afganos; ni hablar de las decenas de miles de civiles de ambos países muertos por las mismas razones."
También se ha pronunciado sobre su eventual juzgamiento por los crímenes perpetrados desde la invasión de Irak, el Fiscal General del Tribunal Penal Internacional, el argentino Luis Moreno Ocampo, animando a los árabes a adherirse con su rúbrica a la autoridad del Tribunal para poder presentar la denuncia correspondiente. Y es que hasta la farándula gringa se vio afectada. El multimillonario Donald Trump, dueño de Miss Universo, aseguró recientemente que en su opinión fue hasta ahora el peor presidente que hayan tenido los Estados Unidos. Y el cantante irlandés Bono, no dudó en repetir: "El peor presidente de la historia. Malo con ganas. Tal vez el gestor responsable de la peor política económica de la historia de EE UU."
¿Con la figura del nefasto expresidente Uribe, habremos los colombianos consentido -en ambos sentidos de la palabra- durante 8 años a un clon de Bush?
Cómo evitar aquí, y para terminar, la transcripción de lo que en la Página de Internet de la Universidad Nacional de Colombia denominada "Ingeniería Crítica", el Dirigente Social, Jhon Jairo Salinas llama "Las perlas… de Bush", que yo más bien llamaría las burradas, recogidas de su libro reciente "Decision Points".
Veamos:
«Si no hacemos la guerra, corremos el riesgo de fracasar»
«No es la contaminación la que amenaza el medio ambiente, sino la impureza del aire y del agua»
«Debería preguntarle al que me hizo la pregunta. No tuve oportunidad de preguntarle al que me hizo la pregunta. ¿De qué pregunta se trata?»
«Pienso que si usted sabe lo que cree, será mucho más fácil responder a su pregunta. No puedo responder a su pregunta»
«Es importante entender que hay más intercambios comerciales que comercio»
«Nosotros vamos a tener el pueblo americano mejor ilustrado del mundo»
«Francamente, los enseñantes son la única profesión que enseña a nuestros niños»
«Quiero que se diga que la Administración Bush está orientada al resultado, porque creo en el resultado de focalizar la propia atención y energía en la educación de los niños en la lectura, porque tenemos un sistema educativo atento a los niños y a sus padres, más que mirar a un sistema que rechaza el cambio y que hará de América lo que queremos que sea, un país de gente que sabe leer y que sabe esperar»
«Para la NASA, el espacio aún es alta prioridad»
«Es tiempo para la raza humana de entrar en el sistema solar»
«Nosotros tenemos un firme compromiso con la OTAN. Nosotros formamos parte de la OTAN. Nosotros tenemos un firme compromiso con Europa. Nosotros formamos parte de Europa»
«El Holocausto fue un período obsceno en la Historia de nuestra nación. Quiero decir, en la Historia de este Siglo. Pero todos vivimos en este siglo. Yo no viví en ese siglo»
«Yo mantengo todas las declaraciones equivocadas que hice»
«El pueblo americano no quiere saber de ninguna declaración equivocada que George Bush pueda hacer o no»
«Todos somos capaces de errar pero yo no estoy preocupado en esclarecer los errores que puedo haber cometido o no»
guribe3@gmail.com
¿A usted no se le hace raro que ese man esté como calladito? ¿Y perdido? Me dijo el mesero mientras deslizaba una taza de café sobre la mesa al tiempo que posaba su mirada sobre una foto de George Walker Bush que aparecía en un artículo de revista que me encontraba leyendo. Y, sí, pensé. Pero en todo caso, no debe ser casual su silencio. Es un silencio inevitablemente derivado de la expectativa causada por el desarrollo de la administración del Presidente Obama, pero también, por algún tipo de cautela que él mismo se debe haber impuesto luego de que cada acto político o administrativo suyo fue casi un estremecedor recordatorio de las desastrosas gestiones gubernamentales de su antecesor. Y es que la gestión presidencial de Bush aparece cada día con mayor claridad como lo que pudo haber sido lo más próximo a lo que el expresidente Uribe -su aliado y "socio" incondicional que llegó incluso, arrodillado ante el amo, a meternos en una guerra que se daba por allá en un país asiático llamado Irak- dio en llamar "hecatombe", o sea, lo que puede ocurrir si prescinden de mí, pero lo que le iba a ocurrir a los Estados Unidos si no prescindía de aquel.
Cada día descubrimos más y más yerros suyos. Escogió a tenebrosos personajes como sus colaboradores cercanos; en la economía, la seguridad social, el empleo, la vivienda, la reforma migratoria y la industria, en particular la automotriz, no dio pie con bola. Y en cuanto a los sectores bancarios y financieros, y al mismo Wall Street, su falta de ojo avizor pudo haber acelerado el revés económico mundial reciente que todos conocemos. Y qué decir de su desastrosa política exterior con su intervencionismo militar y su unilateralismo fabricándose guerras -Irak y Afganistán, en tanto que acariciaba Pakistán-, y birlando a la ONU, mientras muy campante rechazaba el Protocolo de Kioto mostrando su desdén, incluso, por el calentamiento global. Errores, como los llama Salman Rushdie, que han llevado a Washington a perder toda credibilidad y a los Estados Unidos como nación emblema del sistema democrático y las libertades individuales y políticas, a ver minado su prestigio.
Razón tenía el Presidente Obama al posesionarse en pensar que la más abrumadora de sus tareas sería la de recuperar el respeto para su país.
También habría que sumársele lo inevitable a las causas del silencio en el que se ha mantenido enconchado hasta ahora, cuando accede a la publicación de sus tontas e incriminatorias Memorias*: un juicio. Y no ya el histórico cuyo discurrir ya ha echado a andar, sino el juzgamiento penal al que lo conducen todos los caminos de la justicia universal. Y es que con la desfachatez y la estupidez que le conocemos, reconoce en estas Memorias que apoyó y alentó la violación de Derechos Humanos aprobando la tortura de prisioneros como herramienta "legal".
El escritor y cronista de "The New Yorker", Jon Lee Anderson, avergonzado y herido como cualquier norteamericano que se respete y respete a los demás, decía no hace mucho: "Sin duda alguna, Bush ha sido el peor presidente en mi vida y posiblemente de la historia de los EE.UU., y será recordado como tal. Si hubiera justicia, él debería ser llevado a juicio por deshonrar a la patria. Merece aunque sea una amonestación histórica por parte del Congreso, como una especie de "impeachment" simbólico, y la privación de ciertas prebendas y favores. Su ex vicepresidente, Dick Cheney, debería ser sentenciado a cárcel por su abierto y vergonzoso activismo a favor de la tortura, y probablemente por otras ofensas adicionales. Donald Rumsfeld también, por su negligencia criminal como Secretario de Defensa, actitud que condenó a muchos soldados norteamericanos a la muerte e invalidez innecesaria, además de miles de soldados aliados iraquíes y afganos; ni hablar de las decenas de miles de civiles de ambos países muertos por las mismas razones."
También se ha pronunciado sobre su eventual juzgamiento por los crímenes perpetrados desde la invasión de Irak, el Fiscal General del Tribunal Penal Internacional, el argentino Luis Moreno Ocampo, animando a los árabes a adherirse con su rúbrica a la autoridad del Tribunal para poder presentar la denuncia correspondiente. Y es que hasta la farándula gringa se vio afectada. El multimillonario Donald Trump, dueño de Miss Universo, aseguró recientemente que en su opinión fue hasta ahora el peor presidente que hayan tenido los Estados Unidos. Y el cantante irlandés Bono, no dudó en repetir: "El peor presidente de la historia. Malo con ganas. Tal vez el gestor responsable de la peor política económica de la historia de EE UU."
¿Con la figura del nefasto expresidente Uribe, habremos los colombianos consentido -en ambos sentidos de la palabra- durante 8 años a un clon de Bush?
Cómo evitar aquí, y para terminar, la transcripción de lo que en la Página de Internet de la Universidad Nacional de Colombia denominada "Ingeniería Crítica", el Dirigente Social, Jhon Jairo Salinas llama "Las perlas… de Bush", que yo más bien llamaría las burradas, recogidas de su libro reciente "Decision Points".
Veamos:
«Si no hacemos la guerra, corremos el riesgo de fracasar»
«No es la contaminación la que amenaza el medio ambiente, sino la impureza del aire y del agua»
«Debería preguntarle al que me hizo la pregunta. No tuve oportunidad de preguntarle al que me hizo la pregunta. ¿De qué pregunta se trata?»
«Pienso que si usted sabe lo que cree, será mucho más fácil responder a su pregunta. No puedo responder a su pregunta»
«Es importante entender que hay más intercambios comerciales que comercio»
«Nosotros vamos a tener el pueblo americano mejor ilustrado del mundo»
«Francamente, los enseñantes son la única profesión que enseña a nuestros niños»
«Quiero que se diga que la Administración Bush está orientada al resultado, porque creo en el resultado de focalizar la propia atención y energía en la educación de los niños en la lectura, porque tenemos un sistema educativo atento a los niños y a sus padres, más que mirar a un sistema que rechaza el cambio y que hará de América lo que queremos que sea, un país de gente que sabe leer y que sabe esperar»
«Para la NASA, el espacio aún es alta prioridad»
«Es tiempo para la raza humana de entrar en el sistema solar»
«Nosotros tenemos un firme compromiso con la OTAN. Nosotros formamos parte de la OTAN. Nosotros tenemos un firme compromiso con Europa. Nosotros formamos parte de Europa»
«El Holocausto fue un período obsceno en la Historia de nuestra nación. Quiero decir, en la Historia de este Siglo. Pero todos vivimos en este siglo. Yo no viví en ese siglo»
«Yo mantengo todas las declaraciones equivocadas que hice»
«El pueblo americano no quiere saber de ninguna declaración equivocada que George Bush pueda hacer o no»
«Todos somos capaces de errar pero yo no estoy preocupado en esclarecer los errores que puedo haber cometido o no»
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