miércoles, 29 de diciembre de 2010

Prohibido protegerse

Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com

Prohibir el porte de armas a todos los civiles como lo vienen sugiriendo algunas autoridades, de hecho sería una iniciativa admirable si ella se diera en un país cuya fuerza pública garantizara a plenitud la seguridad de su población. Hacerlo en un escenario violento y en guerra como Colombia, en donde la inseguridad campea, es simplemente jugar a los enunciados teatrales y solemnes, a las iniciativas "efectistas", o a librar a la suerte y el azar, como en una ruleta, a la gente de bien.


Y es que tan maravilloso como irracional puede sonar aquel trillado discurso de "prohibiendo el porte de armas acabaremos con la violencia y conseguiremos la paz". No, señores. Esas no son más que frases distractoras y facilistas. Aunque pensándolo bien, podrían llegar a ser ciertas si se diera el caso de que la quimérica fórmula aplicara y se cumpliera por parte de todos los colombianos incluidos los paramilitares, la delincuencia común, la guerrilla y algunos miembros de las Fuerza Pública -algunos, repito- que sabemos que las usan no para defendernos de quienes sí tienen el "privilegio" de llevarlas y usarlas, sino para ejecutar falsos positivos, desapariciones forzadas o siniestros retenes.

Así, pues, tan exótico como inaudito puede ser el argumento: si los civiles son desarmados habrá paz, por cuanto el uso de las armas seguirá siendo detentado "únicamente" por las fuerzas militares, la policía, los servicios de seguridad del Estado, los paramilitares, los delincuentes y la guerrilla.

Y es que, si el Estado no puede protegernos permanentemente, ¿cómo puede entenderse esa especie de sentencia de muerte que nos dicta cuando les ordena a los ciudadanos despojarse del porte y uso de las armas incluso en casos en que nuestra vida pueda estar en peligro?

Ahí sí cabe aquello que decía un español frente a la posibilidad de ir a parar a la cárcel por dar de baja al delincuente que intentó acuchillarlo: "Es mejor un mal juicio que un muy lindo funeral".

En medio del debate mundial que este tema provoca, encontré como parte de un alegato esta cita de un sermón religioso del siglo XVII que invoca la ley divina para justificar el derecho y el deber que tienen los hombres a protegerse: “El que permita que su vida sufra o se pierda en manos de uno que no tiene autoridad para ello, cuando tal vez pueda preservarla a través de su autodefensa, incurre en la culpabilidad de suicidio porque Dios le ha obligado a buscar la continuidad de su vida, y la Naturaleza enseña la necesidad de defenderse a cada criatura”.

Ahora bien, si este argumento no convence, entonces veamos el materialista: el instinto humano nos conduce a preservar la vida, por lo que, dejarnos matar en aras del cumplimiento de una normatividad gubernamental que al conminarnos a dejar las armas nos expone a perecer en manos de quien ilegalmente las tiene, va en contravía de nuestra propia naturaleza. ¿Se quiere que nos inmolemos antes que desacatar una medida funesta y majadera del Estado que como no puede desarmar a los violentos, para justificar su papel de máximo regulador de la sociedad ordena que los no violentos no porten armas llevándolos a defender su vida como puedan y, en todo caso, con "paciencia" y sin violencia? ¿Qué su autoprotección sean la elocuencia y la retórica frente al criminal?

Desarmar al ciudadano corriente como pretexto para que en la sociedad impere la paz, sin tener en cuenta que el bando de los malhechores blande constantemente sus armas, no sólo es utópico sino estúpido.

Las armas en manos del hombre correcto no son portadas por éste con la intención de ver a quién mata por ahí, son esencialmente instrumentos muy valiosos de disuasión que pueden salvarle su vida.

El 99% de las muertes violentas son cometidas por individuos que no portan un salvoconducto. La criminalidad, los narcos, el paramilitarismo o la insurgencia no necesitan de licencias. No obstante esto, a las personas inermes se les exigen, y pronto se les negarán, avivándoles una ventaja a los asesinos, a los violadores, a los ladrones dotados de ellas y al resto de malandrines que a toda hora acechan a los individuos desprevenidos y desarmados.

Y es que el simplismo es patético: como el control de las armas sólo podemos ejercerlo sobre las legalmente amparadas, hagamos algo, ¡controlémoslas!

¿Por qué a usted que puede protegerse del violento en casos extremos lo están obligando a que recurra a otro (el policía) para que, en el momento en que éste pueda se ocupe de su vida? ¿Y si llega tarde? No importa, usted murió como un ciudadano ejemplar, ¡totalmente indefenso pero cumpliendo la ley!

Por último, habría que decir que mientras la Corte Suprema de los Estados Unidos interpretando la Segunda Enmienda de su Constitución ordena que "se prohíbe prohibir" en cualquier Estado el porte de armas para la defensa personal, aquí parece que se busca interpretar nuestra Constitución no para salvaguardar nuestras vidas, sino para preservar el derecho de los delincuentes a disponer armados de la vida de los demás.


http://www.semana.com/noticias-opinion/prohibido-protegerse/149580.aspx

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