lunes, 23 de agosto de 2021

El más grande de los intelectuales del siglo xx

 


Aquí les dejo para su lectura el prólogo de mi libro Sartre en mi vida.

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Cuando en 1995 se cumplieron los cien años de su nacimiento y veinticinco de su muerte, por obra y gracia de mi publicitada reputación de sartriano a ultranza, me sentí comprometido a explicar y honrar tamaña distinción. Como resultado de ello, en numerosos medios nacionales y algunos internacionales, como la revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla en México, el diario Libération de París, la revista Casa de las Américas de Cuba y la revista Espéculo de la Universidad Complutense de Madrid, escribí textos que hoy se recogen en este libro cuya única pretensión es la de contribuir a que en Colombia se amplíe y se profundice en el conocimiento de la vida y la obra del filósofo francés Jean-Paul Sartre.

 


Tal como Neruda confesó haber vivido, yo puedo decir con una mezcla de placer y ansiedad que también viví a Sartre desde mi lejana juventud y con soberbia intensidad, pero, en mi caso, bajo la influencia vital y enriquecedora suya, sumiéndome en su pensamiento crítico, su filosofía, su erguida praxis política, actuando siempre del lado de Los condenados de la tierra, como lo expresara en el prefacio del libro de Frantz Fanon y, en fin, en su ética incorruptible de luchador por los valores de la libertad. 

Como en este libro está dicho lo que de él pienso in extenso, y algo más, no quiero en esta introducción caer en la redundancia, sino simplemente intentar entregarle al lector con claridad y precisión algunos trazos del pensamiento y rasgos de la personalidad de este hombre al que considero sin titubeos como el más portentoso, honesto y consecuente de los intelectuales del siglo xx.

En fin, sus principios ampliamente repicados en el apogeo de su fama en polémicos enunciados filosóficos tales como el existencialismo, la libertad, la mala fe, la autenticidad, el compromiso, el yo como proyecto, el psicoanálisis existencial, El ser y la nada, y la responsabilidad individual, que provocaron agudas polémicas en medio de una amplia y universal difusión. Y ocurrió lo mismo con sus categóricas posturas respecto al rechazo de las costumbres burguesas, su militancia en la izquierda, muy próxima al marxismo pero sin concesiones al comunismo, y la óptica crítica y descarnada frente a las desigualdades sociales que, ya viejo, lo retrataban como un beligerante agitador político.

 También se le recuerda, como alguien lo mencionara, por la arrogancia y libertad con que se apropiaba de los clásicos, haciendo de ellos herramientas para la profundización de su pensamiento.

 Por todo ello y por mucho más, fue mi modelo de vida.

 En el último párrafo de su autobiografía, Las palabras, que le valiera el Premio Nobel de Literatura en 1964, y que él rechazara, hace un austero trazo de lo que fue su vida ejemplarizante de escritor, despojado de artificios o mezquinos intereses personales:

Lo que me gusta de mi locura es que me ha protegido, desde el primer día, contra las seducciones de la elite; nunca he creído ser el feliz propietario de un talento; de lo único que se trataba era de salvarme —nada en las manos, nada en los bolsillos— por el trabajo y la fe. Como consecuencia, mi pura opción no me elevaba por encima de nadie: sin equipo, sin herramientas, me he metido entero en la tarea para salvarme entero. Si coloco a la imposible Salvación en el almacén de los accesorios, ¿qué queda? Todo un hombre, hecho de todos los hombres y que vale lo que todos y lo que cualquiera de ellos.

         Sartre, en consecuencia, y así tal cual, significó para mí la mayor influencia intelectual, ética y moral de mi vida. Le aprendí la manera de pensar objetivamente, con carácter y decoro. Me moldeó. Soy un producto inacabado e imperfecto, pero producto al fin y al cabo de su estremecedora parábola vital.

         Sartre, simplemente, después de veinticinco, o de cien, o de quinientos años, seguirá siendo lo que fue: un hombre, un siglo, una totalidad.

 

Germán Uribe

Bogotá, mayo de 2021








viernes, 13 de agosto de 2021

Semblanzas y añoranzas del Tolima

 

 Los invito a leer el prólogo de mi libro Semblanzas y añoranzas del Tolima



En pocas palabras

Este es un libro en donde mi intimidad está expuesta y se muestra orgullosa en cada una de sus páginas, en tanto que fue escrito desde lo más profundo de los sentimientos. Es decir, salió de mi inalienable yo interior, alejado de no importa qué influencia que no fuera la de los afectos y las admiraciones.

Sartre decía que la felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. Y este libro me hace feliz porque cuánto lo quiero.

Aquí se conjugan devoción, emoción y admiración, tres elementos que son indispensables e inseparables para la construcción exitosa de cualquier propósito material o espiritual en la vida.

Fueron esos tres impulsos los que me provocaron Ibagué y el Tolima, y su raza Pijao, y su música con la que me embriagaba en fascinantes tertulias encantadas por el hechizo seductor de la poesía, la literatura o la política.

No iba, pues, a permitir que mis vívidas experiencias moceriles en esa entrañable Ibagué, quedaran como fugaces recuerdos.

Y ya muy en concreto dejo aquí que mi memoria se solase volviendo a aquellos tiempos de asombro cuando San Simón se erigía en el templo que daba cabida a mis primeras incursiones en la cultura universal; o a la hermosa Leonor Buenaventura de Valencia, aquella que fuera para el poeta Arturo Camacho Ramírez “su última lágrima”; o a Ismael Santofimio Trujillo, “el ciego de oro”, el más querido y admirado de todos mis amigos de entonces, inspirándome para que yo también, muy cerca a la ceguera total, no pierda de vista desde mi interior, ese exterior de un mundo con el que, para bien o para mal, estamos comprometidos a vivir.  

Tantos valores humanos, instituciones y paisajes que, mezclados con mi inquietud intelectual y mi sensibilidad de cuerpo y alma, gozaron y se privilegiaron de comunes contagios, no podían menos que obligarme a registrarlas en este libro que me exigió, con sobrada razón, llamarlo Semblanzas y añoranzas del Tolima.


Germán Uribe

Bogotá, marzo de 2021

domingo, 9 de agosto de 2020

LA VISITA

Este cuento fue escrito en París en 1966 y su tema, el abuso de autoridad, está hoy más vigente que nunca. Nada ha cambiado.


 Por Germán Uribe

 

 Bogotá.-  El señor Pedro José Triana, con cédula de ciudadanía número 88548 de Suba, se hizo presente en nuestras oficinas de redacción para denunciar el siguiente hecho: Juan de la Cruz Boada, familiar suyo, se encontraba a las cuatro de la tarde del 28 de abril vendiendo masato en la carrera 13 con calle 12.

 Se presentaron dos policías, quienes en forma totalmente arbitraria trasladaron al vendedor Boada a la estación Cien, en donde un capitán de la policía dio orden de que el masato fuera repartido entre el personal policivo que se encontraba en la dependencia y de que el carrito en el cual lo transportaba, avaluado en unos 700 pesos, fuera destruido y botado a la basura, lo cual se hizo de inmediato.

 Esa noche el vendedor Boada fue encarcelado hasta las 11:00 a.m. del día siguiente. Nosotros queremos protestar enérgicamente - dijo Pedro José Triana - porque este era una forma de nuestro sustento diario y se nos ha sido injusta y brutalmente destruido.

Noticia tomada de un periódico colombiano.

 

 

                                     Policías en Bogotá agreden a hombre mayor, vendedor ambulante. Mayo 2020




Me dijeron que llenara el vaso que me pagarían después que no fuera ladrón que yo era un corrompío y que me llevaban pa la cárcel.

Cándido Santacruz

Que desde hacía mucho tiempo unos muchachos habían dicho en la inspección que yo compraba cosas robadas y yo no sé qué más y que yo eso me dijeron les pagaba poco y luego dizque las vendía caras en unos lugares que me harían confesar aunque fuera a la fuerza eso me dijeron.

37 años

Cuando yo traté de defenderme explicándoles que hablaban con un hombre honrado y trabajador hogareño y juicioso que no tenía otra mujer que la mía y más hijos que los siete questa miá dáo aunque ahora estamos esperando el otrico pa diciembre cuando yo les trataba de decir todo esto uno de ellos llamó por teléfono y no fue sino que lo hiciera pa que al ratico viniera la policía en un carro grande con dos agentes delante.

Cédula de ciudadanía número 3789765 de La Esmeralda

Y entonces el cachuchón ese dijo móntenlo con carro y todo móntenlo atrás me agarraron de por todas partes y me echaron al suelo con mi carrito y todo y me empujaban y insultaban y decían cosas que no son ciertas válgame dios si me las había imaginao.

Estado civil: casado.

Mujer: Custodia Botache.

Hijos: Ismael, Ceferino, Pedro María, Juan Nepomuceno, María Angelita, Etelvina y Matildita.

Cuando llegamos al cuartel me entraron a una pieza grande que ni bancas tenía con el carrito de masato y con unos vasos partidos y más lueguito llegó el teniente Montoya o Bedoya que ya ni me acuerdo.

Usted es un ladrón y un corrompido, ya lo teníamos fichado. Nosotros sabíamos desde hace mucho que por ese lado operaba una banda de ladrones dirigidos por el carepanela y que no solamente entrenaban a jóvenes inocentes y necesitados para el robo sino que, aprovechándose de su ingenuidad, los obligan a prestarse para ofrecérselos a algunos homosexuales que frecuentaban la calle 15. Sabemos perfectamente que al carepanela ese lo vamos a cazar un día pues ahora será más fácil ya que aquí tenemos a su gran mediador quien nos confesará todo. ¿No es cierto? ¡Sargento!

- ¿Mi teniente?

- Llame al personal en servicio.

- Sí, mi teniente.

- Oigan todos, todos: que pasen al hueco. Mi teniente los llama.

- Mi teniente, mi teniente, mi teniente, mi teniente, mi teniente, mi teniente, mi teniente, mi teniente.

- Mienten

- ¿Cómo dijo?

- No oí, mi teniente.

- Rómpale la cara.

- ¿Repetí?

- MIENTEN

M-I-E-N-T-E-N MIENTENmientenmientennnnnnnn

¡Ay!

Entonces fue cuando el cabo Sanabria que se me va a olvidar ese arrastrao propuso que se jartaran de masato y que brindaran por la patria y por la justicia y que con agentes y policías como ellos no podrían prosperar ni ladrones ni mendigos ni corrompíos y yo no sé por qué se me dio por preguntar una cosa cuando se me tomaban el masatico.

Lugar de trabajo: calle 13 esquina de la carrera 2

Yo veía que se habían olvidao de mí que estaba en el suelo pero seguían hablando de un ladrón y un corrompío y yo no sé que más cosas que ya ni me acuerdo y yo me daba cuenta que ni me miraban que ni me conocían que ni les importaba pero parecía que me necesitaban para poder decir todas esas cosas y para poder acusar injustamente a alguien pues tal vez el carepanela ese era muy jodido y los había vacilao mucho y ellos estaban enverracaos con él y yo comprendí que era eso que querían aprovecharse del primer pendejo que agarraran y me pareció normal que el teniente fuera un hombre inteligente y ilustrado que podía entender lo que yo le fuera a decir pues uno sabe que los policías son brutos pero que los tenientes son elegantes y van dizque a la academia a estudiar y prepararse para los desfiles y las procesiones y entonces se me ocurrió decirle algo aunque me daba miedo pues yo les veía esa risa y esos dientes de oro que pelaban todos puercos y que por más que fueran de policía no podían ser de oro verdadero.

- Teniente

- Mi teniente, cabrón, más larguito pero menos peligroso.

- Mi teniente usté me perdona que yo quiero saber una cosa

- Cállate.

- Déjalo.

- Mi teniente, mi teniente, mi teniente...

- Déjenlo.

- De onde han sacado ustedes ese cuentico de que yo soy corrompío yo no entiendo que quieren decir con eso aunque es cierto que yo he visto los muchachos robando y vendiendo las cosas pero le juro por mi madre santísima y empecé a llorar como una mujer y ellos se rieron de mí y me llamaron marica y otras groserías.

Denominación del oficio: vendedor de masato

El teniente me cogió por la camisa y me levantó y después de que intentó darme una cachetada y me empujó contra la pared pues yo creí que estaba muerto de la rabia o que yo le había dicho algo maluco.

- Te han visto con muchachos detrás del estadio

( M-u-c-h-a-c-h-o-s-e-s-t-a-d-i-o )

- ¿Entendió?

Y le dio una patada al carrito que lo desbarató todo el masato se regó por el suelo y ellos comenzaron a reírse y a decirme mujer a contar historias entre ellos y el uno decía que dizque me iban a hacer recoger el masato con la lengua echarlo a un vaso y tragármelo de nuevo y que eso no era nada que cuando me hicieran el juicio ya iba a ver qué era lo que ellos le hacían a los hampones para que confesaran rapidito y que sobre todo los maricas y corrompíos eran muy débiles y muy mujeres y contábamos todo con tal que no nos hicieran vamos nada.

Ahora mamá tú podrás comprenderme yo te he dicho toda la verdá por dios que esta es toa la verdá yo no tendría por qué ocultarte nada pues usté mamacita fue la que me trajo al mundo aunque fuera a sufrir y me conoce desde antes de nacer y cómo era yo cuando chiquito y sabe si miento o no claro que estos desgraciaos no me creen y por más que trataba de explicar ellos creían que les estaba mintiendo o que era que fingía ser débil y no saber más Custodia me dijo que había ido a misa y que había rezado por mí y que dizque el patrón de la casa donde trabaja Sirelia  que es abogao había dicho que yo no tenía la culpa que tan sólo me podrían tener unos cuantos meses pero que eso no era nada y que si yo quería él podría venir un día a ver en que me podía ayudar que tan sólo había que pagarle unos 200 pesos en caso de que yo quedara libre pero que por ahora yo tenía que darle 50 y Custodia recogió 30 que teníamos guardaos pero nos faltan esos 20 y en la carta Custodia me contó de los niños y de Ceferino que está construyendo un nuevo carrito y que piensa ir la semana entrante con un masato que piensan hacer las muchachas y que de ahí recogerán el dinero para darle al abogado pero usted sabe mamacita que yo no puedo convenir que me tengan por nada y que no me lleven a donde un juez imparcial pa que me deje decir toda la verdá por eso yo le escribí a Custodia diciéndole que te dijera que no creyeras los cuentos y que tuvieras un poco de corazón de madre y me ayudaras a sacar de aquí aunque fuera con el préstamo de los veinte pesitos pa pagar al doctor que está muy interesao en mi caso.

- Agente Ospina.

- ¿Mi cabo?

- Retire al preso. Se terminó la visita.

París, 1966.




sábado, 12 de septiembre de 2015

Mi última columna

Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com





Mi oficio de escritor parece haber llegado a su fin. Con mi vista afectada por una severa enfermedad irreversible que estaría conduciéndome a la ceguera, me veo obligado a dejar, con inmenso pesar, estas columnas en SEMANA a la que agradezco el haberme permitido exponer en plena libertad mis opiniones e ideas sobre tantos y tantos temas durante estos últimos 10 años y a mis leales y pacientes  lectores, igual gratitud.


Publicada en la Revista Semana el 7 de julio de 2015




Delincuencia en el posconflicto


En 2013 la ONU, explorando algunas facetas que revelan las causas del deterioro de la seguridad en Latinoamérica, se enfocaba sobre seis amenazas, así: la delincuencia callejera, el crimen organizado, la violencia contra y por los jóvenes, la violencia de género, la corrupción y la violencia ilegal por parte de actores estatales, complementando el informe con estos datos: Colombia es el segundo país más violento de Suramérica; uno de cada 30 homicidios en el mundo se produce aquí; “los homicidios dolosos tienen un nivel de impunidad procesal del 95 por ciento, y la violencia vinculada al crimen puede igualar, e incluso superar, a aquélla generada por el conflicto mismo”

En suma, al ver precisados factores, modalidades y perspectivas, ello nos permite verificar nuestra dramática realidad ahora y en los tiempos por venir. 

Las cifras y estadísticas de las que con frecuencia hacen uso las autoridades colombianas como instrumento para prevenir y combatir este sangriento y desestabilizador fenómeno, han venido perdiendo fuerza e interés puesto que de poco han servido para reducirlo o convencernos de la efectividad de sus estrategias. Tal el caso de ciudades, barrios, localidades o regiones específicas que tras ubicarlas puntualmente en el mapa como objetivos críticos para ser abordados, lo que vemos los ciudadanos atónitos es que en dichos lugares en vez de ser erradicada la delincuencia común, ésta se crece, se trasforma o se desplaza abriendo nuevos frentes y burlando una vez más la esforzada intención del gobierno. 

Por ello nos preocupa lo que pueda ocurrir próximamente de llegarse a dar lo que con precipitado optimismo se invoca con el nombre de posconflicto. Si el crimen común u organizado derivado o complementario de las economías ilegales -narcotráfico, minería ilegal, etc.- se esparce y golpea por los cuatro puntos cardinales de la patria en un sinnúmero de modalidades cada vez más audaces y violentas, al tiempo que centuplica su accionar, ¿qué podría ocurrir mañana cuando la paz se firme en la Habana? Simple: la violencia será superior a aquella que venía siendo generada por el conflicto armado. Y es que en definitiva, si el Estado no logra neutralizar la violencia, ésta acabará por refundar al Estado como en su momento lo quisieron hacer aquellos políticos corruptos con sus fieles y feroces ejércitos del paramilitarismo.

Los grupos alzados en armas contra el Estado excluidos del pacto mantendrán vigente su lucha contra el gobierno y el establecimiento. Miles de desmovilizados, desatendidos por el Estado o rechazados por el prejuicio de potenciales empleadores del sector privado, como seguramente se verá, pasarán a engrosar las filas de la delincuencia común y las bandas criminales. También lo harían numerosos desplazados y desheredados de la tierra, desertores, reinsertados, milicianos de la guerrilla y el paramilitarismo inconformes o codiciosos, los agentes sicariales de las oficinas de cobro, los extorsionistas de oficio y, en fin, el bajo mundo del narcotráfico.   


Que sobre ello no nos quepa la menor duda aunque suene a lamento apocalíptico. 

Si las autoridades han demostrado hasta ahora su impotencia para superar esta violencia callejera, y la vulnerabilidad de la vida y bienes de la gente la ha convertido en víctimas recurrentes de individuos, grupos o pandillas por fuera de la ley, ¿qué se puede esperar en un futuro relativamente cercano con la suma de los que quedaron por fuera o se niegan a acatar los términos de la paz pactada? Y lo que viene siendo motivo crucial de preocupación: con la desigualdad y el desempleo creciendo sin cesar, sumado a la nueva “fuerza de trabajo” derivada de la guerrilla “cesante”, ¿podrá Colombia algún día verse libre de peligro?

Claro que no. El púnico remedio para alcanzar la tranquilidad y el bienestar de los colombianos va mucho más allá de si es con cárcel o no que se firma y concreta la paz con la guerrilla. De nada servirán los fusiles y los tanques, el creciente pie de fuerza institucional, las cárceles, la represión militar, policial y la acción judicial mientras en el país persistan la desigualdad, la injusticia, el desempleo, la impunidad y la inmoral y perversa concentración del poder y la riqueza.      


guribe3@gmail.com



viernes, 26 de septiembre de 2014

La minería: ¡atracción fatal!

Por Germán Uribe
 
La Sala Plena de la Corte Constitucional, declarando ajustado a la Carta el artículo 37 de la Ley 685 del 2001 o Código de Minas, que determina que, exceptuando a las autoridades nacionales y regionales que se señalan en los artículos 34 y 35 del Código, tanto mineras como ambientales, “ninguna autoridad regional, seccional o local podrá establecer zonas del territorio que queden permanente o transitoriamente excluidas de la minería.”, ha dejado en materia interpretativa una estela de confusión y dudas. 
 
Sin embargo, con todo y las dudas, y por qué no decirlo, con su falta de claridad, de inmediato y de “oficio”, y gracias al don de su ubicuidad del que hace uso y abuso sin tregua ni pausa, vuelve la burra al trigo. Anotando que exponer a juicio de la  población la extracción mineral encarnaría una “posible extralimitación” de las autoridades locales, la Procuraduría les advierte a los alcaldes de ocho municipios, entre ellos Piedras y Monterrey “no realizar el proceso de consulta popular para decidir si se prohíben las actividades de extracción de recursos naturales no renovables”, por ser una acción que le compete únicamente al gobierno nacional. 
 
Pero veamos. Si se explora más a fondo y minuciosamente el fallo de la Corte, echando mano de un condicionamiento de “interpretación extensiva”, se puede colegir que éste no tenía relación directa con las consultas populares, sino con aquella norma del Código de Minas que en esta ocasión revalida reiterando que los recursos del subsuelo son de la Nación y pueden ser regulados sólo por el Gobierno Nacional. Pero esto no quiere decir que la Corte desapruebe tajantemente que previo al consentimiento de un proyecto minero, el Gobierno Nacional no esté en la obligación de alcanzar un acuerdo con las autoridades locales, puesto que lo de la regulación por el Gobierno Nacional sólo es una parte del fallo, ya que la otra “puntualiza que las autoridades municipales tienen la facultad de regular el suelo, lo que incluye el agua, el uso de la tierra para actividades como la agricultura y la protección del medio ambiente.”, pudiendo recoger la opinión de los pobladores mediante consultas populares tal y como se ha hecho ya en Tauramena, Casanare y Piedras, Tolima.
 

 
Con sobrada razón El Espectador subraya que la protección del medio ambiente comprende un mayor valor constitucional que la minería. Y es que en este punto bien vale la pena destacar que son los territorios locales quienes al verse directamente afectados por la aplanadora de las  mal llamadas “locomotoras de la prosperidad”, están en todo su derecho a protestarlas y rechazarlas protegiéndose debidamente de ellas. Un estudio de la Universidad del Valle y el Atlas Global de Justicia Ambiental refiere que en el país, aproximadamente 8 millones de personas se han visto envueltas en conflictos entre pobladores y multinacionales, o con el Estado, por proyectos de esta naturaleza durante los últimos 72 años. 
 
Y el mejor ejemplo de ello es Cajamarca, en el Tolima. César Rodríguez Garavito anotaba recientemente algo que debería hacernos sobresaltar a todos los colombianos: 
 
“Por supuesto, la minería afecta tanto el suelo como el subsuelo. Por ejemplo, para que AngloGold extraiga los 24 millones de onzas de oro que habría en la mina de La Colosa se precisarían 9 millones de metros cúbicos de agua, 4 millones de kilos de cianuro anuales y plantas de tratamiento y escombreras ubicadas a distancias que alcanzan los 100 kilómetros, en municipios como Ibagué o Piedras. De allí que no se pueda tomar una decisión sobre la mina sin decidir al mismo tiempo sobre el agua, la agricultura, la salud pública y el medio ambiente de toda la región.”
 
Y ojo también con el mega proyecto de la empresa canadiense Hunza Coal en el páramo de Pisba (Tasco, Boyacá) para desarrollar un plan de minería hidráulica de carbón que violenta sin contemplaciones el ecosistema paramuno. O con el de la explotación del oro de la empresa también canadiense, Cosigo Resources, en el parque nacional Yaigojé-Apaporis del municipio de Taraira en el Vaupés.   
 
Por todo esto cabría preguntarnos: ¿son el Presidente y el Procurador quienes deben decidir el grado de afectación de los pobladores de Cajamarca o Piedras o Tasco, y de numerosas  localidades más, priorizando la explotación minera de las transnacionales por sobre la supervivencia misma de sus pobladores? ¿No son más bien sus habitantes quienes deben decidir sobre su propia suerte?  Porque es que si la ley, o el interés económico, o el capricho de los gobernantes se declaran en contravía de la protección de la vida humana y el medio ambiente, y logran imponerse, pues… apague y vámonos. 
 
En todo caso, y en aras de la mejor comprensión de este gravísimo conflicto, identifiquemos tan sólo a una de las víctimas y a uno de los victimarios que, en el caso de estos últimos, naturalmente habrá de excluirse a la Corte Constitucional por su esforzado interés ya demostrado en preservar la equidad, blindar el medio ambiente de todo tipo de depredadores y velar por el bien común. 
 
Víctimas en descomunal proporción serían los campesinos inicialmente desplazados por el paramilitarismo y ahora por la “próspera” locomotora minera del Presidente Santos. Victimario en estas instancias, como en tantas otras, el señor Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez Maldonado, cuando ordena o cohonesta que sus subalternos adviertan a los alcaldes municipales que carecen de “rango de decisión” para las consultas populares que intenten debatir esta criminal materia atentatoria del ecosistema y por tanto de la vida humana. En Ibagué, por ejemplo, la Procuraduría Provincial Segunda Delegada para la Vigilancia Administrativa notificó que dará curso a una indagación preliminar a las autoridades de Piedras (Tolima), tras la consulta popular de julio del año pasado que le impidió su asentamiento allí a la destructiva minería de una empresa multinacional. 
 
Demos, pues, por descontado, que es esa “atracción fatal” que provoca la minería, tan seductora para la explotación legal del gran capital, como para los explotadores ilegales, la que se viene constituyendo en uno de los más señalados peligros de los que rondan hoy al ecosistema y, en consecuencia, a la sobrevivencia de una inmensa masa campesina que ya empieza a ser desplazada por ella.

 
Desde luego, no soy enemigo de la minería por sí misma. Sólo que en tanto que su explotación afecte la preservación del sistema ecológico obrando en perjuicio de la naturaleza y de los seres vivos, me opondré a ella. Y si es legal o ilegal, francamente, me da igual.  
 
guribe3@gmail.com

sábado, 16 de agosto de 2014

Réquiem por el libro de papel



Por Germán Uribe*


¿Quién iba a sospechar hace escasos quince o veinte años que la imprenta de Gutenberg podría quedar notificada de su condición marginal pudiendo incluso transformarse algún día, después de varios siglos de gloriosa existencia, en una primorosa pero simple antigüedad?
Imprenta Artesanal

De cualquier manera estamos obligados a convenir que frente al ineludible y muy cercano futuro exitoso del libro digital, quienes amamos del mágico y maravilloso mundo bibliográfico aquellos irresistibles encantos de la tinta y el papel, nos llenaremos de razones para la inquietud y la nostalgia, y para reclamar como insustituibles aquellas características sensoriales que han hecho del libro impreso el más íntimo y personal de los goces intelectuales.

Nos ilustra Jorge Volpi, el inquieto escritor mexicano, sobre la inhabilidad que reina en el mundo intelectual para “asumir que la aparición del libro electrónico no representa un mero cambio de soporte, sino una transformación radical de todas las prácticas asociadas con la lectura y la transmisión del conocimiento”, trayendo a colación la teoría darwiniana de la evolución, enfatizando con ella en que quien no se ajuste a la era digital “perecerá sin remedio”, e insistiendo con mucha razón y agudeza en que “el predominio del libro-electrónico podría convertirse en la mayor expansión democrática que ha experimentado la cultura desde la invención de la imprenta.” Y en concordancia con lo que vengo sosteniendo de tiempo atrás, señala que “el cambio es drástico, inmediato e irreversible”.

Y hay más, alguien sentenciaba que se llegará más pronto de lo esperado a una “digitalización de todo el saber escrito” y a la “desaparición de los autores en aras de un único libro universal, de un flujo de palabras prácticamente infinito” lo que se alcanzará, naturalmente, a través de la Internet.


Pero veamos: si el anunciado final del libro impreso ya provoca en el lector tradicional, más que extrañeza, rechazo, ¿qué decir del escritor que ve en este vértigo una especie de atentado a la naturaleza de su trabajo?

Al parecer, la ruta está decidida y la suerte de la “tinta y el papel” ya está echada. No habrá alegato que logre modificar o mitigar su penoso destino, ni clarividente o profeta que se atreva a predecir, sin poner en riesgo su prestigio, la posibilidad de su supervivencia a largo plazo. Las honras fúnebres han iniciado su marcha en medio de un conmovedor réquiem, y de nada vale que quienes conservamos nuestra fidelidad a las hojas impresas, protestemos rabiosos en medio de la desesperanza.

Las librerías, repletas de lomos multicolores llenando los espacios de aquellos anaqueles provocadores sobre los cuales nos inclinábamos constantemente con irresistible pasión, terminarán resignándose a esta nueva realidad mientras se desvanecen lentamente en medio de una soledad inmerecida. Porque es que mañana, sus clientes, sin salir de su casa, y probablemente sin costo alguno, verán a través del monitor de sus computadores cómo transita el conocimiento universal, cómo circulan sus libros preferidos, sus diarios y revistas de interés, las fotografías, la cartografía, los museos y, en fin, la cultura universal totalizada y, por qué no, el mundo todo, ahora sí, definitivamente globalizado.




Y hay más. La educación. ¿Terminarán las escuelas y colegios, y la misma universidad reducidas al pequeño espacio de una pantalla? Eso que llamamos educación a distancia y a lo que la radio, el correo y la misma televisión comenzaban a rendir culto por su asombrosa facilidad, ¿hará comparecencia en pocos años como una simpática audacia del pasado? ¿Se adelantarán en los inmediatos tiempos por venir las carreras universitarias desde la comodidad e inmediatez de un escritorio?

Y aunque todo ello atenta contra nuestro romanticismo de lectores y escritores, nada nos aconseja empeñarnos desde ahora en una insubordinación a todas luces inútil.

¿Pero es que quién iba a sospechar hace escasos quince o veinte años que la imprenta de Gutenberg podría quedar notificada de su condición marginal pudiendo incluso transformarse algún día, después de varios siglos de gloriosa existencia, en una primorosa pero simple antigüedad?

El precipitado desarrollo tecnológico y su aterrador apremio no le piden permiso a nadie, ni están dispuestos a contemporizar o conciliar con nuestros antojos y añoranzas. Continúan su avance impetuoso rebasándonos incesantemente con el argumento, harto difícil de rebatir, de que todo será en beneficio de la humanidad, por lo que, de una vez por todas, debemos ir pensando en trasladarnos a vivir una buena parte de nuestro tiempo sentados cómodamente en la silla del escritorio, entre las teclas y la pantalla de este alucinante computador que, tanto usted como yo, amigo lector, tenemos ahora frente a nosotros.

De tal suerte que hoy en día los extremadamente vigorosos recursos tecnológicos del computador y la Internet están haciendo que los libros, la educación y la cultura, en el espacio virtual, ya no tengan reversa.

guribe3@gmail.com

domingo, 18 de agosto de 2013

El brutal ataque del que fui víctima

Por Germán Uribe



 He resuelto regresar contando tal cual lo narré “en caliente” a Reporteros Sin Fronteras lo que me llevó a dejar por un tiempo esta columna luego de la feroz agresión a que fui sometido.  

 Después de cinco meses de cauteloso silencio, empujado de nuevo por esa fuerza que permanentemente mueve los hilos de nuestra pasión por la escritura, regreso a mi columna de Semana.com iniciada por allá en 2005. Pero al hacerlo, me veo precisado a explicar mi abrupto alejamiento temporal de aquellos lectores que antes y después del ataque de que fui víctima en mi finca Alekos de Subachoque, han permanecido solidarios y atentos frente a este infeliz acontecimiento. Y como no veo manera más fiel para hacerlo que trasmitiendo los detalles de circunstancia, modo y lugar, así como mi vivencia emocional dominada por el terror y el desconcierto mientras enfrentaba a la muerte, he resuelto, pues, regresar describiendo lo que me llevó a esta breve ausencia y que narrara en una de las entrevistas que concedí horas después de aquella dolorosa experiencia:

Reporteros Sin Fronteras, París

¿Violentado por sus escritos?

Periodista y escritor deja de escribir tras ser duramente golpeado

Reporteros sin fronteras denuncia con firmeza los actos de tortura perpetrados contra Germán Uribe, periodista, escritor y ex diplomático colombiano, el 28 de febrero de 2013, en la finca en donde vivía en la población de Subachoque, a menos de una hora de Bogotá. La organización hace un llamado a las autoridades para que investiguen esta agresión, con el fin de luchar en contra de la impunidad y garantizar la libertad de información.

Germán Uribe nació en 1943, en Colombia. Adelantó la carrera de Filosofía y Letras en la Sorbona, en París (Francia), lugar al que viajó con la idea de conocer al escritor y filósofo Jean-Paul Sartre. Ha publicado diez libros y escrito en numerosos periódicos y revistas en Colombia, Francia, México, y Cuba., Fue embajador (E) en Alemania y entre 1974 y 1977 ejerció también como Cónsul de Colombia en Berlín. En 1997, estableció la primera Página Literaria colombiana en Internet. Hasta su agresión, trabajaba para la revista Semana.com y el portal informativo Rebelión.

RSF: ¿Cuáles son sus temas de investigaciones en su labor periodística?

En su mayoría, mis columnas en Semana y Rebelión estaban criticando duramente al expresidente Uribe, a su entorno y a toda la recalcitrante y peligrosa derecha colombiana que él lidera, así como a quienes se vienen oponiendo a las conversaciones de paz con la guerrilla.

RSF: ¿Qué pasó exactamente el 28 de febrero de 2013?

Me tuvieron cerca de media hora secuestrado en mi finca de Subachoque (Cundinamarca), donde me encontraba solo. Un hombre, con la cara cubierta, me apuntó con un arma de fuego. Me propinó un golpe con la cacha del revolver que me ocasionó una herida en la cabeza que me hizo sangrar profusamente. Me encerró en mi alcoba, me ató las manos y los pies fuertemente, me vendó los ojos y me metió en la boca una pañoleta. Después, la policía de Subachoque descubrió que ésta tenía una inscripción que decía “Ejército de Colombia-Batallón Contraguerrilla”. Tras torturarme con puños y patadas e insultarme, y luego amenazarme con matarme, pero sin exigirme nada, intentando salvar mi vida le dije que se podía llevar todo el dinero que tenía en un cajón. Lo buscó hasta que lo encontró. Por fortuna, el administrador de la finca me comunicó por un altavoz interno que ya bajaba hasta mi casa, lo que asustó al hombre. Me acercó el revolver contra la cabeza y me dijo que me iba a matar antes de irse. Yaciendo boca abajo y amarrado de pies y manos en mi cama en medio de un charco de sangre, decidí llamar con toda la fuerza a mi empleado, lo que le hizo retirarse. Al momento, me pareció escuchar la salida veloz de un vehículo. Pese a que no vi a nadie más, le oí al hombre dirigirse con una sola frase confusa a otra persona que probablemente estaba de vigía en la puerta de la casa. Esto, y lo del carro preparado, me lleva a creer que eran varios los asaltantes. Los administradores de las fincas vecinas, advertidos de lo que estaba sucediendo, llamaron a la Policía que llegó sin demora.

RSF: ¿Sabe cuál fue el origen del ataque?

No tengo la menor idea, lo que me causa mayor zozobra. Además, desconozco el motivo, que en todo caso no atribuyo a un robo por cuanto fue por iniciativa mía que el hombre accedió a llevarse el dinero y dejarme con vida. Lo que intriga es que hayan dejado la pañoleta militar con que me habían tapado la boca. Sinceramente excluyo al ejército de esta burda torpeza de dejar semejante evidencia. La pañoleta pudo haber sido un mensaje para que silenciara mis críticas en Semana y Rebelión por parte de algún grupo fanático e incontrolable del ejército. Pudo haber sido, también, una estrategia de distracción de origen paramilitar o bandas criminales organizadas con algún otro bien calculado fin.

RSF: ¿Existe un vínculo entre sus investigaciones y su agresión?

Así como no puedo afirmarlo, tampoco puedo descartarlo, e imagino que esa clarificación nunca se dará. La impunidad en Colombia ha sido el gran combustible para que los crímenes de toda índole se vayan multiplicando día a día. Lo que sí es seguro es que él venía a darme aparentemente “una lección” y dejarme clara “una advertencia”.

RSF: ¿Denunció el ataque ante autoridad competente para que se investigue?

No puedo señalar a nadie, no teniendo la certeza del origen del ataque. Pero lo denuncié ante el Comandante de la Policía de Subachoque quien me asistió inmediatamente después. En sus manos quedó la investigación local. Por temor real y en derecho, no pensaba hacerlo ante ninguna otra autoridad, y menos judicial, debido a la lentitud y a la tradición kafkiana de la justicia colombiana.  Aparte de esta denuncia, como mi esposa es la Secretaria General de Ecopetrol, el Cuerpo de Seguridad de dicha empresa estuvo haciendo sus propias averiguaciones, reuniendo evidencias, en contacto con la Policía, el Gaula y otras autoridades regionales. Finalmente me vi precisado a hacerlo también ante la Fiscalía General de la Nación.

RSF: ¿No pidió protección a las autoridades?

Son tantas las personas -incluyendo candidatos presidenciales- que han sido asesinadas en mi país, bajo la protección de los Cuerpos de Seguridad del Estado, con la complicidad de sus “escoltas” que, francamente… prefiero vivir. Es por eso que no quiero cobijo o amparo por parte de Unidad Nacional de Protección, ni de autoridad alguna.

RSF: ¿Se quedó en Subachoque después del ataque?

No. Debo proteger mi vida por encima de todo, entonces abandoné la finca, que era mi vivienda, y a donde no pienso volver. Ahora, busco la manera de hacerme invisible, desplazado como millones de colombianos.

RSF: ¿Seguirá haciendo su trabajo periodístico?

Como mi sentido de supervivencia en estos momentos es superior a mi pasión por la escritura y el periodismo, por ahora, y no sé por cuánto tiempo más, dejaré de escribir. Estoy invadido por un temor que ruego que no sea más que una consecuencial paranoia pasajera. No obstante, sé que volveré algún día… ¡si me lo permiten!

RSF: ¿Cómo avanza su recuperación?

De los golpes y la herida en la cabeza voy recuperándome lentamente. Me encuentro aún en cama pero con los puntos que me cogieron en la cabeza que se me han venido complicando. En cuanto a la afectación psicológica y a los temores, cada día se me acentúan terriblemente.

Acotación 

A la fecha, mi recuperación física es satisfactoria aunque no plena. El porrazo sicológico continúa haciendo lo suyo sin descanso, ingeniándose unas variables en mi mente a menudo macabras. Las autoridades de policía y judiciales, y quienes espontáneamente prometieron investigar y aclarar mi caso, terminaron por hacerse más invisibles de lo que yo me propuse ser por estos meses para protegerme, aunque estuviese en ese exilio constantemente victimizado por la zozobra y el miedo. En fin… el telón sigue arriba y la “función” de mi vida aún no ha terminado.  

sábado, 20 de octubre de 2012

Mujer, porque te quiero, te aporrio

Por Germán Uribe

He aquí una breve pero sintomática selección de “opiniones” que dicen de cuán difícil ha sido y sigue siendo la condición de ser mujer, cuando la incomprensión, el menosprecio, el vapuleo y la violencia les llueve desde todos los flancos.


Si en España causó “polémica”, en la Colombia de hoy, como en la España de la Guerra Civil, no provocaría cosa distinta a la condena y el repudio, sin el atenuante de esa antesala tan acostumbrada y cómoda de presentar lo escandaloso y grave, primero como polémica, y luego resignarse a dejarlo ir hacia el repudio y la condena. Me refiero a la frase que pausadamente y a conciencia plena soltara el expresidente del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, José Manuel Castelao, un activo miembro de la dirigencia del ultraconservador Partido Popular ibérico que, de contera, es quien rige hoy los destinos de la España de Mariano Rajoy, un país en bancarrota y con más de 5 millones de desempleados que no ven ninguna luz en su horizonte.


“Las leyes son como las mujeres, están para violarlas”, le espetó a una desconcertada concurrencia y con la misma arrogante desfachatez con que lo sabe hacer bien el machismo extremo cuando se trata de dejar por sentado frente a sus congéneres el eterno relegado papel de la mujer en el discurrir social de la historia humana.

Y es que aunque siempre invocamos a México como la cuna del más puro machismo y a Colombia como uno de los más fieles admiradores de esas expresiones tan cacareadas en rancheras y corridos, he aquí, pues, que nuestra Madre Patria parece recoger sus pasos y encaminarse ahora -y hay múltiples pruebas recientes de ello-, a seguir los malos pasos de sus hijos respecto a la mirada que sobre las mujeres, con tanto menosprecio, han dado en poner de moda los “ingeniosos” superhéroes del género masculino. Así es como el imán de la localidad andaluza de Fuengirola, condenado recientemente a 15 meses de prisión por un juzgado Penal de Barcelona por el delito de provocación a la violencia por razón de sexo, se atrevió a dejar registrada y en detalle, en el capítulo 4 de su obra, “La mujer en el Islam”, “cómo pegar a las mujeres sin dejar rastro.”


Y aquí, entre nosotros, y nada menos que a nivel de Canciller de la República, nuestra bella ministra, María Ángela Holguín, desvalorizaba a sus propias congéneres cuando en frase desafortunada y en referencia al escándalo sexual y de prostitución acontecido con la Servicio Secreto del presidente Obama con ocasión a su visita a Cartagena en abril de 2012, en un esfuerzo por menguar con el manto del lenguaje diplomático lo ocurrido con la libido de los escoltas del ilustre visitante, incurrió en este exabrupto que por igual nos hizo ruborizar tanto a quienes pretendía defender como a quienes se proponía criticar: “Donde hay un hombre, hay prostitución”, dijo tranquilamente. La dulce Canciller, literalmente, las prostituyó a todas. Desde comienzos de la historia el género masculino ha estado presente en la vida social de la humanidad. Aquí, allá y acullá, la mujer también ha estado siempre ahí. Unos y otros se miran, se rozan y a menudo se complementan. Entre ambos procrean. Los unos y las otras están dotados de sentimientos y afirmaciones e impulsos sexuales, por lo que mal estaría afirmar que donde haya mujeres, habrá “putos”, o en donde existan hombres siempre habrá “putas”. ¡Qué boutade”, señora ministra, aunque sin entender todavía lo que quiso decir con su malhadada “sentencia”, puesto que ni la mujer por sí misma y por sí sola hace de los hombres unos prostitutos, ni los hombres por su natural avidez sexual hace de todas las mujeres unas prostitutas.



Y qué decir, cuando de rebajar a la mujer y servirla de carne de cañón de la guerra de los sexos, o de plato fuerte de la hambruna libidinosa de los hombres, o de llevarla a la postura de servicial esclava y dócil objeto para el ejercicio de no importa cuál fantasía erótica, tantas frases anónimas que circulan por ahí divulgando estas cicutas: “Dios creó al hombre primero... y al ver tanta perfección, le creó una sirvienta.” “El hombre descendió del mono, y la mujer descendió mucho más.” “¿Qué hay que hacer para ampliar aún más la libertad de una mujer? Enchufar la plancha a un alargue.”

Ah, y a una de nuestras reinas de belleza se le deslizaba, sin maldad, lo reconozco, y con sinceridad la excuso habida cuenta de su inexperiencia y comprensible nerviosismo, una reflexión de irremediable fuerza cantinflesca tan histórica como histriónica: "El hombre se complementa al hombre, mujer con mujer, hombre con hombre y también mujer a hombre del mismo modo en el sentido contrario…”

Más que por infamia, por sano afán burlesco, el refrán popular reza: “Porque te quiero te aporrio”. Pero como van las cosas, entre la guerra que las ha convertido en cotos de caza y trofeos de guerra, y la violencia individual o intrafamiliar que las oprimen y agobian, parece ser que la aparente estructura inofensiva de esta frase picaresca se está transformando en una realidad peligrosa y desalmada. Mortal, si se quiere. Tanto la apreciación wildiana de que “Se mata siempre lo que se ama” como la de “Porque te quiero te aporrio”, aparentemente están sustituyendo al “te quiero” y al “amor”, por el “te uso” y “te odio”.

guribe3@gmail.com








sábado, 6 de octubre de 2012

Uribe, el gran perturbador

Por Germán Uribe

Con su actitud guerrerista y el mal sabor que parece producirle todo lo que no sean cruzadas de exterminio contra la selectiva lista de enemigos de “su patria”, a nadie en Colombia mejor que al político y expresidente Uribe le cae como anillo al dedo esta sentencia del francés Jean Le Ront D’Alembert: “La guerra es el arte de destruir hombres; la política, el de engañarlos.” O esta otra de Guy de Maupassant, a quien como él ha sabido manipular hasta la saciedad los “huevitos” y la “patria”: “El patriotismo es el huevo de donde nacen las guerras”, frase ésta que por fin me permitió entender aquella manía suya por restregar hasta el cansancio lo de los tres huevitos, una idiota simbología de cursi factura infantil.



Los enemigos de la paz, él, o todos los que con él lo son, tienen la forma, el fondo y la esencia del más azaroso conservadurismo político. Y esta conclusión resulta tan obvia, como obvio es decir que aquellos que se oponen a la paz podrían llegar a ser tan criminales como los mismos criminales a quienes ellos señalan de terroristas y violentos. Poco les importa el horror de la guerra, e identificarlos no nos cuesta ningún esfuerzo porque desde su trinchera de extrema y deshumanizada derecha, lo vociferan sin descanso con sus constantes pendencieras catilinarias de guerra. Y se retratan en ellas, por lo que se les ve siempre con esa falsa altivez triunfalista, su rostro duro y sus quijadas desencajadas por el afán de la bronca y la vindicta.

Para él, para ellos, la única suerte guerrillera es simplemente el exterminio, así simplemente y sin alternativa. Para el paramilitarismo, en cambio, la concesión de penas irrisorias por sus masacres, o la extradición para acallar sus voces en Colombia.



¡Qué de enormidades las de este señor!

¡Qué “inteligencia superior” al servicio de la malevolencia!

"Si yo soy soldado, policía, o suboficial”, vocifera, “y veo que los comandantes que hasta hace pocos días me incitaban a combatir a los terroristas y ahora veo que están negociando con ellos, yo de pronto desatiendo la instrucción del Presidente". ¿No es esto un llamado a la insubordinación de los “soldados y policías de la patria”? Frases como ésta de desafiante tinte subversivo y de puro sabor anarquista se descuelgan semana tras semana desde su irascible Twitter, surtidor prolífico de ideas y razones descompuestas, machacadas por él con fruición tras saberse acompañado por el eco alborozado e irresponsable que de todo lo suyo hacen algunos medios a cada una de sus despotricadas. Pero esta afirmación de desobediencia a la Constitución y las leyes, engendro de la más cavernaria postura de extrema derecha, parece no inspirarles miedo y repulsión a quienes dicen admirarle como político y gobernante.

Producto de su obsesiva confrontación personal con la guerrilla de las Farc, todo lo que dice y hace va dirigido a minar cualquier proceso que pueda desembocar en la paz.

Su “amor” a la “patria” y la salvaguardia de sus tres “huevitos”, están por encima de la paz de Colombia.

Tal es su desvarío, que sin inmutarse practica olímpicamente aquello de que quien no esté conmigo, está contra mí, y yo soy la razón y la verdad, y quien así no lo admita, ejerce de impío. Y un ejemplo de cómo a puesto a su servicio el maniqueísmo y las tergiversaciones hasta para sus propias contradicciones, lo trae a colación Pedro Medellín en su columna de El Tiempo:

“Incluso, debería recordar que desde el momento mismo en que asumió la presidencia, Uribe propuso un modelo de negociación con los paramilitares mucho más laxo que el que propone Santos para los guerrilleros. Basta con constatar que, en el proyecto de referendo que presentó al Congreso el 7 de agosto del 2002, en un parágrafo a la pregunta 7, decía: "Con el fin de facilitar la reincorporación a la vida civil de los grupos armados al margen de la ley que se encuentren vinculados decididamente a un proceso de paz bajo la dirección del Gobierno, este podrá establecer, por una sola vez, circunscripciones especiales de paz para las elecciones a corporaciones públicas, que se realicen antes del 7 de agosto del año 2006 o nombrar directamente por una sola vez".

¿Qué hacemos con este hombre a quien, pese a que millones de colombianos le dieron la oportunidad de ser Presidente de la República por dos veces consecutivas, la primera, democráticamente con todo y el denunciado apoyo narco-paramilitar , y la segunda, tras inmorales maniobras, considera ahora tras ocho años de poder casi dictatorial, que es él el llamado a continuar con la guerra delirante que atizó en aquellos dos periodos, habida cuenta de que, tras bombardear al Ecuador, lo que le faltó fue tiempo para bombardear a Venezuela y terminar de incendiar a Colombia?

¿Qué hacemos con este hombre que descuidó la obligación Constitucional que tienen los presidentes de buscar y preservar la paz de la República, y que ahora, cuando su sucesor se empeña en alcanzarla, se le atraviesa con el argumento de que la paz no debe negociarse con los enemigos comandantes terroristas de las Farc, pero sí con los amigos comandantes terroristas del narcoparamilitarismo?

¿Qué hacemos con un hombre lleno de odio y furor de venganza y ambición de poder perpetuo que en un país que busca desesperadamente la paz, hace y dice hasta lo indescriptible por impedirlo?

Aquí no podemos caer en el dilema de, o la guerra de Uribe o la paz de Colombia. Aquí debemos continuar con optimismo este esperanzador camino que se ha abierto, desoyendo los ladridos de los perros rabiosos atrincherados bajo el dominio de su férula en la madriguera de la extrema derecha.

guribe3@gmail.com

sábado, 15 de septiembre de 2012

El sexo vendiendo y la mujer perdiendo

Por Germán Uribe

Es en el universo de la publicidad en donde la segregación de la mujer, súbdita sempiterna de los excesos machistas, se hace más visible. Esta vitrina de destellos ilusorios es la encargada de arrastrar al género femenino hacia la esclavitud de su imagen transformándola en uno de los productos más “rentables” del frenético apogeo comercial de nuestro tiempo.


Ellas vienen contribuyendo, aunque sin haberlo proyectado o proponérselo, a una situación de deterioro de su dignidad y su decoro, permitiendo que se las trate como la nueva materia prima de uno de los negocios más poderosos de la era moderna. Están, pues, en manos de una publicidad sexista que, sin escrúpulos, viene conduciéndolas hacia una única y perversa valoración posible: el "objeto sexual" estereotipado como gancho de enorme atracción entre consumidores y productores de toda clase de mercancías que, probablemente también, sirve para encarecer, en relación directa con la belleza que los anuncia, los "artículos" ofrecidos.

"En los últimos años los anuncios de pantalones vaqueros, perfumes, y muchos otros productos", refiere un analista, "han ofrecido imágenes provocativas que fueron diseñadas para activar respuestas sexuales de tan amplio espectro de la población como fuera posible, para dar una sacudida eléctrica por su ambivalencia, y para apelar a menudo a los deseos bisexuales reprimidos que se piensa comportan una mayor carga emocional." Y el mismo Calvin Klein rotulaba a los pantalones vaqueros como afirmación de sexo, y añadía que "la abundancia de carne desnuda es el último intento de los publicistas de dar a productos redundantes una nueva identidad".

Simplificando, observamos a una sociedad de consumo apalancada en la utilización del erotismo y los cánones de la belleza femenina "confiscándole" sus atributos en aras de alcanzar unos propósitos expansivos de tipo comercial.

Sin embargo, previas estas apresuradas observaciones, la preocupación que me mueve en esta ocasión es otra.

De entrada sé que abordando este tema como lo haré, inculpando también a tantas de "ellas" que no han reflexionado frente a la sutil maniobra, quedo expuesto a su irritación. No importa, porque lo que importa, sí, es evitar generalizaciones insinuando que lo son todas por su condición de género. De igual manera, también importa mencionar a manera de respetuosa súplica para que modelos y publicistas revisen lo que viene sucediendo, los excesos del día a día en la sugestión sexual como instrumento de persuasión mercantil.

Y es que en asuntos de banalidad, impresionan los "avances" y la "frescura" desbocada de tantas mujeres en la televisión colombiana de estos días. Hace algunos años pensaba que el colmo consistía en la transmisión de unas cuñas publicitarias en donde la "mujer-objeto", con su consentimiento, era manipulada y degradada, lo que de por sí ya era censurable.

¡Pero qué decir ahora!

Algunas mujeres, naturalmente entrampadas y encandiladas por la fama y la fortuna, sin pundonor ni recato, están ofreciendo los encantos exquisitos de su cuerpo en cuanta promoción comercial las requiera, promocionándolo todo a cambio de una efímera prosperidad. Dinero para vivir bien y fama para seguir acumulando dinero en el mismo oficio. Pero tales "modelos", en esta carrera enloquecida, y sin racionalizarlo bien, están matando ellas mismas la gallina de los huevos de oro. A diario rebotan de la pantalla a nuestras miradas ávidas tal cantidad de senos sublimes y voluptuosos, cinturitas eróticas, piernas seductoras y “derrière” pluscuamperfectos, que no tardará la hora en que aquellas miradas libidinosas, terminen por saturarse.

Ya la sabia expresión popular tras siglos de experiencia lo señaló: “Bueno es culantro pero no tanto”.

Y es que para nadie es un secreto ni constituye vergüenza lo que la madre natura con generosidad gratificante les entregara a ellas para hacer florecer doblemente la vida con sus dones para la creación y el placer, ya que cuánta fascinación "perturbadora" no está contenida en sus cuerpos; cuántas pasiones embriagadoras no despierta su desnudez; cuánta valía no tiene para el hombre su piel cautivante, sus líneas sensuales, sus contornos, sus colinas y sus profundidades. Pero si la ración diaria que se nos ofrece es siempre la misma, invariable, si todos los días estamos precisados a alimentarnos sólo de coliflor o de atún, si ya no es un enigma nada y el atractivo del misterio y la magia, de lo por descubrir o de lo cambiante se pierde en la monotonía de una reiteración, aquí y ahora estamos comenzando a perder todos: hombres, mujeres y publicistas.

Qué bueno sería que la mujer, que intrépidamente viene librando y ganando batallas por su autonomía, por sus derechos a la igualdad, por su honra, repasara a fondo y abriera sus bellos ojos ante las nuevas formas de esclavitud y servilismo a que la viene sometiendo esta sociedad mercantilista y machista. Con el espejismo de ciertos derechos hoy por hoy reconocidos ampliamente y que le permiten un trato equivalente, la mujer, no obstante, está dejándose conducir al retorno de su ancestral infortunio: ser la explotada y sumisa servidora de la utilitarista, exigente y caprichosa voluntad del hombre… publicista.

Aunque muchas rechazan que se las tilde de simples objetos sexuales, por estas nuevas tendencias pareciera que se están empeñando precisamente en eso. En serlo.

Y no es que no las codiciemos así. Nosotros, los hombres. Pero, ¿y ellas? ¿Acabarán por acostumbrarse a ser justipreciadas simplemente por ello? ¿A que el mayor de sus méritos y su seguro de vida estén directamente relacionados al embrujo de su desnudez o al fulminante impulso de su desenfado y osadía que ahora parece habitarlas como huésped constante?

Pero, en fin, para disculparme con ellas, concretamente con las "historiadas" aquí, terminaré admitiendo con Oscar Wilde que “las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas”. Y con Sor Juana Inés de la Cruz, en acto de extrema y debida contrición, repetiré:

“Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis”


guribe3@gmail.com



Una mujer berraca

Por Germán Uribe


No tiene pelos en la lengua y dice lo que se le viene en gana, es cierto, pero a diferencia de otros, como el expresidente Uribe, por ejemplo, sus palabras están sólidamente ajustadas a lo que le dictan el corazón, la honestidad política y la firmeza ideológica, y no a los rebotes del oportunismo o al uso y abuso de la perfidia para tirarse a los demás mientras construye lo suyo.

Qué carácter y qué formidable capacidad de lucha. Y qué resistencia a los embates de sus malquerientes. Nunca antes en la historia reciente del país, al menos que yo recuerde, a una figura pública se la había perseguido, calumniado y vapuleado tanto como a esta intrépida mujer. Los depredadores de prestigios, casi todos ellos encuevados en la extrema derecha del "Puro Centro", no le dan tregua. La recalcitrante caterva uribista vela porque sus movilidad política, el cause natural de sus principios ideológicos al que tiene tanto derecho como cualquier otro, sus opiniones y desplazamientos físicos, su actividad humanitaria y hasta el mismo aire vital que respira, expiren.

Pero hay a su favor, sin embargo, en la frenética persecución minuciosamente elaborada que optaron por montarle, un contenido de envidia… y miedo, y por ello desgastan a diario sus ajadas camándulas rezando sin cesar por todas sus muertes.

Cuando Piedad Córdoba propone no importa cuál fórmula para la liberación de los secuestrados, o para buscarle una solución pacífica al conflicto armado, o cuando con su voz libertaria levanta el tono para defender las minorías y denunciar las injusticias, los desplazamientos, la desigualdad social, el hambre y la pobreza que desde Uribe hasta Timochenko todos sabemos ahí y aquí, es una tal "Teodora Bolívar" la que hace estas denuncias, o una "fariana" deschavetada a la que no solo no se le debe escuchar, sino que bueno sería silenciar en una mazmorra o en la hermética profundidad de una tumba.

Los colmos en ella no se sacian. Si habla en México o en Ecuador para decir lo que otros decimos con extrema precisión en tertulias, protestas callejeras, columnas de prensa, quejas escritas a las autoridades, o "cartas a la redacción", al decir de nadie menos que de la cabeza del Ministerio Público quien representa a los ciudadanos ante el Estado ejerciendo la facultad de intervención "siempre que se desarrolle en defensa de los derechos y las garantías fundamentales", pudo haber "incurrido en los delitos de concierto para delinquir, incitación a la violencia y asonada". ¡Hágame el favor!

Y es que para el Procurador Ordoñez, Piedad Córdoba, por ejercer su sagrado derecho de expresión, bien amparado como lo está por la Constitución Nacional, por decir sin tapujos lo que millones de colombianos nos restringimos a pensar, delinque. Es decir, ha cometido un claro y execrable "delito de opinión". ¡Cuánta nostalgia dictatorial y fascista!

Cuando le llegó la información del video de Piedad en el Cauca dirigiéndose a los indígenas, y tuvo en sus manos "el cuerpo del delito", llamó aquello "noticia criminal", añadiendo que como estaba por fuera de su competencia cualquier investigación al respecto, "exigía" la inmediata intervención de la Fiscalía General de la Nación. ¡Qué afán! ¡Qué dicha!

Ella delinque, pues, por lo que debe ser judicializada, juzgada y condenada. ¿Y de nosotros, y los otros y todos aquellos colombianos que decimos o pensamos lo mismo, señor, qué será? ¿Será que como usted dice estamos también incursos en el delito por arrogarnos ese mismo derecho al que usted llama "un fuero especial para delinquir"?

Ahora bien, cuando el señor Procurador se ensaña con esta valiente mujer ante la mirada cómplice del establecimiento, la orquestada simpatía de tantos medios de comunicación, el aplauso rabioso de la derecha política, parapolítica y narcotraficante, ¿cuál responsabilidad judicial le cabría a él, al probablemente violar con sus instigaciones desde su alta responsabilidad como jefe del Ministerio Público los artículos 13 y 20 de la Constitución Política de Colombia?

Porque es que quienes quieren ver a Piedad Córdoba en la cárcel o muerta, no podrán jamás justificarlo por el desconocimiento de la Constitución o las leyes. Simplemente lo desean porque la propaganda política trabajada en filigrana por sus opositores desde la radio, la prensa y la televisión, les ha lavado el cerebro y los tiene en un estado de alienación y vergonzosa postración, o porque, aunque conscientes de los mandatos de la Carta, ven en ella la dinamita que terminaría por erosionar sus privilegios, o porque, simplemente es mujer y por añadidura, negra, lo cual para los machistas de ambos géneros es francamente imperdonable.

Y como si lo anterior fuera poco, el Jefe del Partido Liberal, su partido, el joven Simón Gaviria Muñoz, investido por la veleidad que le proporcionan su delfinazgo y su fugaz estrella, en un arrebato más humorístico que político, vacía sobre ella su resentimiento personal a nombre de la "democracia": "intolerable, desleal y antidemocrática… (sus palabras) no sólo pueden constituir una incitación al caos y a la anarquía, sino que distan profundamente de los postulados ideológicos del Partido Liberal".

En fin, "Negra".

¡Vaya "insulto" infeliz que a esta mujer berraca, estoy seguro, la hace feliz!

guribe3@gmail.com