viernes, 26 de septiembre de 2014

La minería: ¡atracción fatal!

Por Germán Uribe
 
La Sala Plena de la Corte Constitucional, declarando ajustado a la Carta el artículo 37 de la Ley 685 del 2001 o Código de Minas, que determina que, exceptuando a las autoridades nacionales y regionales que se señalan en los artículos 34 y 35 del Código, tanto mineras como ambientales, “ninguna autoridad regional, seccional o local podrá establecer zonas del territorio que queden permanente o transitoriamente excluidas de la minería.”, ha dejado en materia interpretativa una estela de confusión y dudas. 
 
Sin embargo, con todo y las dudas, y por qué no decirlo, con su falta de claridad, de inmediato y de “oficio”, y gracias al don de su ubicuidad del que hace uso y abuso sin tregua ni pausa, vuelve la burra al trigo. Anotando que exponer a juicio de la  población la extracción mineral encarnaría una “posible extralimitación” de las autoridades locales, la Procuraduría les advierte a los alcaldes de ocho municipios, entre ellos Piedras y Monterrey “no realizar el proceso de consulta popular para decidir si se prohíben las actividades de extracción de recursos naturales no renovables”, por ser una acción que le compete únicamente al gobierno nacional. 
 
Pero veamos. Si se explora más a fondo y minuciosamente el fallo de la Corte, echando mano de un condicionamiento de “interpretación extensiva”, se puede colegir que éste no tenía relación directa con las consultas populares, sino con aquella norma del Código de Minas que en esta ocasión revalida reiterando que los recursos del subsuelo son de la Nación y pueden ser regulados sólo por el Gobierno Nacional. Pero esto no quiere decir que la Corte desapruebe tajantemente que previo al consentimiento de un proyecto minero, el Gobierno Nacional no esté en la obligación de alcanzar un acuerdo con las autoridades locales, puesto que lo de la regulación por el Gobierno Nacional sólo es una parte del fallo, ya que la otra “puntualiza que las autoridades municipales tienen la facultad de regular el suelo, lo que incluye el agua, el uso de la tierra para actividades como la agricultura y la protección del medio ambiente.”, pudiendo recoger la opinión de los pobladores mediante consultas populares tal y como se ha hecho ya en Tauramena, Casanare y Piedras, Tolima.
 

 
Con sobrada razón El Espectador subraya que la protección del medio ambiente comprende un mayor valor constitucional que la minería. Y es que en este punto bien vale la pena destacar que son los territorios locales quienes al verse directamente afectados por la aplanadora de las  mal llamadas “locomotoras de la prosperidad”, están en todo su derecho a protestarlas y rechazarlas protegiéndose debidamente de ellas. Un estudio de la Universidad del Valle y el Atlas Global de Justicia Ambiental refiere que en el país, aproximadamente 8 millones de personas se han visto envueltas en conflictos entre pobladores y multinacionales, o con el Estado, por proyectos de esta naturaleza durante los últimos 72 años. 
 
Y el mejor ejemplo de ello es Cajamarca, en el Tolima. César Rodríguez Garavito anotaba recientemente algo que debería hacernos sobresaltar a todos los colombianos: 
 
“Por supuesto, la minería afecta tanto el suelo como el subsuelo. Por ejemplo, para que AngloGold extraiga los 24 millones de onzas de oro que habría en la mina de La Colosa se precisarían 9 millones de metros cúbicos de agua, 4 millones de kilos de cianuro anuales y plantas de tratamiento y escombreras ubicadas a distancias que alcanzan los 100 kilómetros, en municipios como Ibagué o Piedras. De allí que no se pueda tomar una decisión sobre la mina sin decidir al mismo tiempo sobre el agua, la agricultura, la salud pública y el medio ambiente de toda la región.”
 
Y ojo también con el mega proyecto de la empresa canadiense Hunza Coal en el páramo de Pisba (Tasco, Boyacá) para desarrollar un plan de minería hidráulica de carbón que violenta sin contemplaciones el ecosistema paramuno. O con el de la explotación del oro de la empresa también canadiense, Cosigo Resources, en el parque nacional Yaigojé-Apaporis del municipio de Taraira en el Vaupés.   
 
Por todo esto cabría preguntarnos: ¿son el Presidente y el Procurador quienes deben decidir el grado de afectación de los pobladores de Cajamarca o Piedras o Tasco, y de numerosas  localidades más, priorizando la explotación minera de las transnacionales por sobre la supervivencia misma de sus pobladores? ¿No son más bien sus habitantes quienes deben decidir sobre su propia suerte?  Porque es que si la ley, o el interés económico, o el capricho de los gobernantes se declaran en contravía de la protección de la vida humana y el medio ambiente, y logran imponerse, pues… apague y vámonos. 
 
En todo caso, y en aras de la mejor comprensión de este gravísimo conflicto, identifiquemos tan sólo a una de las víctimas y a uno de los victimarios que, en el caso de estos últimos, naturalmente habrá de excluirse a la Corte Constitucional por su esforzado interés ya demostrado en preservar la equidad, blindar el medio ambiente de todo tipo de depredadores y velar por el bien común. 
 
Víctimas en descomunal proporción serían los campesinos inicialmente desplazados por el paramilitarismo y ahora por la “próspera” locomotora minera del Presidente Santos. Victimario en estas instancias, como en tantas otras, el señor Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez Maldonado, cuando ordena o cohonesta que sus subalternos adviertan a los alcaldes municipales que carecen de “rango de decisión” para las consultas populares que intenten debatir esta criminal materia atentatoria del ecosistema y por tanto de la vida humana. En Ibagué, por ejemplo, la Procuraduría Provincial Segunda Delegada para la Vigilancia Administrativa notificó que dará curso a una indagación preliminar a las autoridades de Piedras (Tolima), tras la consulta popular de julio del año pasado que le impidió su asentamiento allí a la destructiva minería de una empresa multinacional. 
 
Demos, pues, por descontado, que es esa “atracción fatal” que provoca la minería, tan seductora para la explotación legal del gran capital, como para los explotadores ilegales, la que se viene constituyendo en uno de los más señalados peligros de los que rondan hoy al ecosistema y, en consecuencia, a la sobrevivencia de una inmensa masa campesina que ya empieza a ser desplazada por ella.

 
Desde luego, no soy enemigo de la minería por sí misma. Sólo que en tanto que su explotación afecte la preservación del sistema ecológico obrando en perjuicio de la naturaleza y de los seres vivos, me opondré a ella. Y si es legal o ilegal, francamente, me da igual.  
 
guribe3@gmail.com

sábado, 16 de agosto de 2014

Réquiem por el libro de papel



Por Germán Uribe*


¿Quién iba a sospechar hace escasos quince o veinte años que la imprenta de Gutenberg podría quedar notificada de su condición marginal pudiendo incluso transformarse algún día, después de varios siglos de gloriosa existencia, en una primorosa pero simple antigüedad?
Imprenta Artesanal

De cualquier manera estamos obligados a convenir que frente al ineludible y muy cercano futuro exitoso del libro digital, quienes amamos del mágico y maravilloso mundo bibliográfico aquellos irresistibles encantos de la tinta y el papel, nos llenaremos de razones para la inquietud y la nostalgia, y para reclamar como insustituibles aquellas características sensoriales que han hecho del libro impreso el más íntimo y personal de los goces intelectuales.

Nos ilustra Jorge Volpi, el inquieto escritor mexicano, sobre la inhabilidad que reina en el mundo intelectual para “asumir que la aparición del libro electrónico no representa un mero cambio de soporte, sino una transformación radical de todas las prácticas asociadas con la lectura y la transmisión del conocimiento”, trayendo a colación la teoría darwiniana de la evolución, enfatizando con ella en que quien no se ajuste a la era digital “perecerá sin remedio”, e insistiendo con mucha razón y agudeza en que “el predominio del libro-electrónico podría convertirse en la mayor expansión democrática que ha experimentado la cultura desde la invención de la imprenta.” Y en concordancia con lo que vengo sosteniendo de tiempo atrás, señala que “el cambio es drástico, inmediato e irreversible”.

Y hay más, alguien sentenciaba que se llegará más pronto de lo esperado a una “digitalización de todo el saber escrito” y a la “desaparición de los autores en aras de un único libro universal, de un flujo de palabras prácticamente infinito” lo que se alcanzará, naturalmente, a través de la Internet.


Pero veamos: si el anunciado final del libro impreso ya provoca en el lector tradicional, más que extrañeza, rechazo, ¿qué decir del escritor que ve en este vértigo una especie de atentado a la naturaleza de su trabajo?

Al parecer, la ruta está decidida y la suerte de la “tinta y el papel” ya está echada. No habrá alegato que logre modificar o mitigar su penoso destino, ni clarividente o profeta que se atreva a predecir, sin poner en riesgo su prestigio, la posibilidad de su supervivencia a largo plazo. Las honras fúnebres han iniciado su marcha en medio de un conmovedor réquiem, y de nada vale que quienes conservamos nuestra fidelidad a las hojas impresas, protestemos rabiosos en medio de la desesperanza.

Las librerías, repletas de lomos multicolores llenando los espacios de aquellos anaqueles provocadores sobre los cuales nos inclinábamos constantemente con irresistible pasión, terminarán resignándose a esta nueva realidad mientras se desvanecen lentamente en medio de una soledad inmerecida. Porque es que mañana, sus clientes, sin salir de su casa, y probablemente sin costo alguno, verán a través del monitor de sus computadores cómo transita el conocimiento universal, cómo circulan sus libros preferidos, sus diarios y revistas de interés, las fotografías, la cartografía, los museos y, en fin, la cultura universal totalizada y, por qué no, el mundo todo, ahora sí, definitivamente globalizado.




Y hay más. La educación. ¿Terminarán las escuelas y colegios, y la misma universidad reducidas al pequeño espacio de una pantalla? Eso que llamamos educación a distancia y a lo que la radio, el correo y la misma televisión comenzaban a rendir culto por su asombrosa facilidad, ¿hará comparecencia en pocos años como una simpática audacia del pasado? ¿Se adelantarán en los inmediatos tiempos por venir las carreras universitarias desde la comodidad e inmediatez de un escritorio?

Y aunque todo ello atenta contra nuestro romanticismo de lectores y escritores, nada nos aconseja empeñarnos desde ahora en una insubordinación a todas luces inútil.

¿Pero es que quién iba a sospechar hace escasos quince o veinte años que la imprenta de Gutenberg podría quedar notificada de su condición marginal pudiendo incluso transformarse algún día, después de varios siglos de gloriosa existencia, en una primorosa pero simple antigüedad?

El precipitado desarrollo tecnológico y su aterrador apremio no le piden permiso a nadie, ni están dispuestos a contemporizar o conciliar con nuestros antojos y añoranzas. Continúan su avance impetuoso rebasándonos incesantemente con el argumento, harto difícil de rebatir, de que todo será en beneficio de la humanidad, por lo que, de una vez por todas, debemos ir pensando en trasladarnos a vivir una buena parte de nuestro tiempo sentados cómodamente en la silla del escritorio, entre las teclas y la pantalla de este alucinante computador que, tanto usted como yo, amigo lector, tenemos ahora frente a nosotros.

De tal suerte que hoy en día los extremadamente vigorosos recursos tecnológicos del computador y la Internet están haciendo que los libros, la educación y la cultura, en el espacio virtual, ya no tengan reversa.

guribe3@gmail.com

domingo, 18 de agosto de 2013

El brutal ataque del que fui víctima

Por Germán Uribe



 He resuelto regresar contando tal cual lo narré “en caliente” a Reporteros Sin Fronteras lo que me llevó a dejar por un tiempo esta columna luego de la feroz agresión a que fui sometido.  

 Después de cinco meses de cauteloso silencio, empujado de nuevo por esa fuerza que permanentemente mueve los hilos de nuestra pasión por la escritura, regreso a mi columna de Semana.com iniciada por allá en 2005. Pero al hacerlo, me veo precisado a explicar mi abrupto alejamiento temporal de aquellos lectores que antes y después del ataque de que fui víctima en mi finca Alekos de Subachoque, han permanecido solidarios y atentos frente a este infeliz acontecimiento. Y como no veo manera más fiel para hacerlo que trasmitiendo los detalles de circunstancia, modo y lugar, así como mi vivencia emocional dominada por el terror y el desconcierto mientras enfrentaba a la muerte, he resuelto, pues, regresar describiendo lo que me llevó a esta breve ausencia y que narrara en una de las entrevistas que concedí horas después de aquella dolorosa experiencia:

Reporteros Sin Fronteras, París

¿Violentado por sus escritos?

Periodista y escritor deja de escribir tras ser duramente golpeado

Reporteros sin fronteras denuncia con firmeza los actos de tortura perpetrados contra Germán Uribe, periodista, escritor y ex diplomático colombiano, el 28 de febrero de 2013, en la finca en donde vivía en la población de Subachoque, a menos de una hora de Bogotá. La organización hace un llamado a las autoridades para que investiguen esta agresión, con el fin de luchar en contra de la impunidad y garantizar la libertad de información.

Germán Uribe nació en 1943, en Colombia. Adelantó la carrera de Filosofía y Letras en la Sorbona, en París (Francia), lugar al que viajó con la idea de conocer al escritor y filósofo Jean-Paul Sartre. Ha publicado diez libros y escrito en numerosos periódicos y revistas en Colombia, Francia, México, y Cuba., Fue embajador (E) en Alemania y entre 1974 y 1977 ejerció también como Cónsul de Colombia en Berlín. En 1997, estableció la primera Página Literaria colombiana en Internet. Hasta su agresión, trabajaba para la revista Semana.com y el portal informativo Rebelión.

RSF: ¿Cuáles son sus temas de investigaciones en su labor periodística?

En su mayoría, mis columnas en Semana y Rebelión estaban criticando duramente al expresidente Uribe, a su entorno y a toda la recalcitrante y peligrosa derecha colombiana que él lidera, así como a quienes se vienen oponiendo a las conversaciones de paz con la guerrilla.

RSF: ¿Qué pasó exactamente el 28 de febrero de 2013?

Me tuvieron cerca de media hora secuestrado en mi finca de Subachoque (Cundinamarca), donde me encontraba solo. Un hombre, con la cara cubierta, me apuntó con un arma de fuego. Me propinó un golpe con la cacha del revolver que me ocasionó una herida en la cabeza que me hizo sangrar profusamente. Me encerró en mi alcoba, me ató las manos y los pies fuertemente, me vendó los ojos y me metió en la boca una pañoleta. Después, la policía de Subachoque descubrió que ésta tenía una inscripción que decía “Ejército de Colombia-Batallón Contraguerrilla”. Tras torturarme con puños y patadas e insultarme, y luego amenazarme con matarme, pero sin exigirme nada, intentando salvar mi vida le dije que se podía llevar todo el dinero que tenía en un cajón. Lo buscó hasta que lo encontró. Por fortuna, el administrador de la finca me comunicó por un altavoz interno que ya bajaba hasta mi casa, lo que asustó al hombre. Me acercó el revolver contra la cabeza y me dijo que me iba a matar antes de irse. Yaciendo boca abajo y amarrado de pies y manos en mi cama en medio de un charco de sangre, decidí llamar con toda la fuerza a mi empleado, lo que le hizo retirarse. Al momento, me pareció escuchar la salida veloz de un vehículo. Pese a que no vi a nadie más, le oí al hombre dirigirse con una sola frase confusa a otra persona que probablemente estaba de vigía en la puerta de la casa. Esto, y lo del carro preparado, me lleva a creer que eran varios los asaltantes. Los administradores de las fincas vecinas, advertidos de lo que estaba sucediendo, llamaron a la Policía que llegó sin demora.

RSF: ¿Sabe cuál fue el origen del ataque?

No tengo la menor idea, lo que me causa mayor zozobra. Además, desconozco el motivo, que en todo caso no atribuyo a un robo por cuanto fue por iniciativa mía que el hombre accedió a llevarse el dinero y dejarme con vida. Lo que intriga es que hayan dejado la pañoleta militar con que me habían tapado la boca. Sinceramente excluyo al ejército de esta burda torpeza de dejar semejante evidencia. La pañoleta pudo haber sido un mensaje para que silenciara mis críticas en Semana y Rebelión por parte de algún grupo fanático e incontrolable del ejército. Pudo haber sido, también, una estrategia de distracción de origen paramilitar o bandas criminales organizadas con algún otro bien calculado fin.

RSF: ¿Existe un vínculo entre sus investigaciones y su agresión?

Así como no puedo afirmarlo, tampoco puedo descartarlo, e imagino que esa clarificación nunca se dará. La impunidad en Colombia ha sido el gran combustible para que los crímenes de toda índole se vayan multiplicando día a día. Lo que sí es seguro es que él venía a darme aparentemente “una lección” y dejarme clara “una advertencia”.

RSF: ¿Denunció el ataque ante autoridad competente para que se investigue?

No puedo señalar a nadie, no teniendo la certeza del origen del ataque. Pero lo denuncié ante el Comandante de la Policía de Subachoque quien me asistió inmediatamente después. En sus manos quedó la investigación local. Por temor real y en derecho, no pensaba hacerlo ante ninguna otra autoridad, y menos judicial, debido a la lentitud y a la tradición kafkiana de la justicia colombiana.  Aparte de esta denuncia, como mi esposa es la Secretaria General de Ecopetrol, el Cuerpo de Seguridad de dicha empresa estuvo haciendo sus propias averiguaciones, reuniendo evidencias, en contacto con la Policía, el Gaula y otras autoridades regionales. Finalmente me vi precisado a hacerlo también ante la Fiscalía General de la Nación.

RSF: ¿No pidió protección a las autoridades?

Son tantas las personas -incluyendo candidatos presidenciales- que han sido asesinadas en mi país, bajo la protección de los Cuerpos de Seguridad del Estado, con la complicidad de sus “escoltas” que, francamente… prefiero vivir. Es por eso que no quiero cobijo o amparo por parte de Unidad Nacional de Protección, ni de autoridad alguna.

RSF: ¿Se quedó en Subachoque después del ataque?

No. Debo proteger mi vida por encima de todo, entonces abandoné la finca, que era mi vivienda, y a donde no pienso volver. Ahora, busco la manera de hacerme invisible, desplazado como millones de colombianos.

RSF: ¿Seguirá haciendo su trabajo periodístico?

Como mi sentido de supervivencia en estos momentos es superior a mi pasión por la escritura y el periodismo, por ahora, y no sé por cuánto tiempo más, dejaré de escribir. Estoy invadido por un temor que ruego que no sea más que una consecuencial paranoia pasajera. No obstante, sé que volveré algún día… ¡si me lo permiten!

RSF: ¿Cómo avanza su recuperación?

De los golpes y la herida en la cabeza voy recuperándome lentamente. Me encuentro aún en cama pero con los puntos que me cogieron en la cabeza que se me han venido complicando. En cuanto a la afectación psicológica y a los temores, cada día se me acentúan terriblemente.

Acotación 

A la fecha, mi recuperación física es satisfactoria aunque no plena. El porrazo sicológico continúa haciendo lo suyo sin descanso, ingeniándose unas variables en mi mente a menudo macabras. Las autoridades de policía y judiciales, y quienes espontáneamente prometieron investigar y aclarar mi caso, terminaron por hacerse más invisibles de lo que yo me propuse ser por estos meses para protegerme, aunque estuviese en ese exilio constantemente victimizado por la zozobra y el miedo. En fin… el telón sigue arriba y la “función” de mi vida aún no ha terminado.  

sábado, 20 de octubre de 2012

Mujer, porque te quiero, te aporrio

Por Germán Uribe

He aquí una breve pero sintomática selección de “opiniones” que dicen de cuán difícil ha sido y sigue siendo la condición de ser mujer, cuando la incomprensión, el menosprecio, el vapuleo y la violencia les llueve desde todos los flancos.


Si en España causó “polémica”, en la Colombia de hoy, como en la España de la Guerra Civil, no provocaría cosa distinta a la condena y el repudio, sin el atenuante de esa antesala tan acostumbrada y cómoda de presentar lo escandaloso y grave, primero como polémica, y luego resignarse a dejarlo ir hacia el repudio y la condena. Me refiero a la frase que pausadamente y a conciencia plena soltara el expresidente del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, José Manuel Castelao, un activo miembro de la dirigencia del ultraconservador Partido Popular ibérico que, de contera, es quien rige hoy los destinos de la España de Mariano Rajoy, un país en bancarrota y con más de 5 millones de desempleados que no ven ninguna luz en su horizonte.


“Las leyes son como las mujeres, están para violarlas”, le espetó a una desconcertada concurrencia y con la misma arrogante desfachatez con que lo sabe hacer bien el machismo extremo cuando se trata de dejar por sentado frente a sus congéneres el eterno relegado papel de la mujer en el discurrir social de la historia humana.

Y es que aunque siempre invocamos a México como la cuna del más puro machismo y a Colombia como uno de los más fieles admiradores de esas expresiones tan cacareadas en rancheras y corridos, he aquí, pues, que nuestra Madre Patria parece recoger sus pasos y encaminarse ahora -y hay múltiples pruebas recientes de ello-, a seguir los malos pasos de sus hijos respecto a la mirada que sobre las mujeres, con tanto menosprecio, han dado en poner de moda los “ingeniosos” superhéroes del género masculino. Así es como el imán de la localidad andaluza de Fuengirola, condenado recientemente a 15 meses de prisión por un juzgado Penal de Barcelona por el delito de provocación a la violencia por razón de sexo, se atrevió a dejar registrada y en detalle, en el capítulo 4 de su obra, “La mujer en el Islam”, “cómo pegar a las mujeres sin dejar rastro.”


Y aquí, entre nosotros, y nada menos que a nivel de Canciller de la República, nuestra bella ministra, María Ángela Holguín, desvalorizaba a sus propias congéneres cuando en frase desafortunada y en referencia al escándalo sexual y de prostitución acontecido con la Servicio Secreto del presidente Obama con ocasión a su visita a Cartagena en abril de 2012, en un esfuerzo por menguar con el manto del lenguaje diplomático lo ocurrido con la libido de los escoltas del ilustre visitante, incurrió en este exabrupto que por igual nos hizo ruborizar tanto a quienes pretendía defender como a quienes se proponía criticar: “Donde hay un hombre, hay prostitución”, dijo tranquilamente. La dulce Canciller, literalmente, las prostituyó a todas. Desde comienzos de la historia el género masculino ha estado presente en la vida social de la humanidad. Aquí, allá y acullá, la mujer también ha estado siempre ahí. Unos y otros se miran, se rozan y a menudo se complementan. Entre ambos procrean. Los unos y las otras están dotados de sentimientos y afirmaciones e impulsos sexuales, por lo que mal estaría afirmar que donde haya mujeres, habrá “putos”, o en donde existan hombres siempre habrá “putas”. ¡Qué boutade”, señora ministra, aunque sin entender todavía lo que quiso decir con su malhadada “sentencia”, puesto que ni la mujer por sí misma y por sí sola hace de los hombres unos prostitutos, ni los hombres por su natural avidez sexual hace de todas las mujeres unas prostitutas.



Y qué decir, cuando de rebajar a la mujer y servirla de carne de cañón de la guerra de los sexos, o de plato fuerte de la hambruna libidinosa de los hombres, o de llevarla a la postura de servicial esclava y dócil objeto para el ejercicio de no importa cuál fantasía erótica, tantas frases anónimas que circulan por ahí divulgando estas cicutas: “Dios creó al hombre primero... y al ver tanta perfección, le creó una sirvienta.” “El hombre descendió del mono, y la mujer descendió mucho más.” “¿Qué hay que hacer para ampliar aún más la libertad de una mujer? Enchufar la plancha a un alargue.”

Ah, y a una de nuestras reinas de belleza se le deslizaba, sin maldad, lo reconozco, y con sinceridad la excuso habida cuenta de su inexperiencia y comprensible nerviosismo, una reflexión de irremediable fuerza cantinflesca tan histórica como histriónica: "El hombre se complementa al hombre, mujer con mujer, hombre con hombre y también mujer a hombre del mismo modo en el sentido contrario…”

Más que por infamia, por sano afán burlesco, el refrán popular reza: “Porque te quiero te aporrio”. Pero como van las cosas, entre la guerra que las ha convertido en cotos de caza y trofeos de guerra, y la violencia individual o intrafamiliar que las oprimen y agobian, parece ser que la aparente estructura inofensiva de esta frase picaresca se está transformando en una realidad peligrosa y desalmada. Mortal, si se quiere. Tanto la apreciación wildiana de que “Se mata siempre lo que se ama” como la de “Porque te quiero te aporrio”, aparentemente están sustituyendo al “te quiero” y al “amor”, por el “te uso” y “te odio”.

guribe3@gmail.com








sábado, 6 de octubre de 2012

Uribe, el gran perturbador

Por Germán Uribe

Con su actitud guerrerista y el mal sabor que parece producirle todo lo que no sean cruzadas de exterminio contra la selectiva lista de enemigos de “su patria”, a nadie en Colombia mejor que al político y expresidente Uribe le cae como anillo al dedo esta sentencia del francés Jean Le Ront D’Alembert: “La guerra es el arte de destruir hombres; la política, el de engañarlos.” O esta otra de Guy de Maupassant, a quien como él ha sabido manipular hasta la saciedad los “huevitos” y la “patria”: “El patriotismo es el huevo de donde nacen las guerras”, frase ésta que por fin me permitió entender aquella manía suya por restregar hasta el cansancio lo de los tres huevitos, una idiota simbología de cursi factura infantil.



Los enemigos de la paz, él, o todos los que con él lo son, tienen la forma, el fondo y la esencia del más azaroso conservadurismo político. Y esta conclusión resulta tan obvia, como obvio es decir que aquellos que se oponen a la paz podrían llegar a ser tan criminales como los mismos criminales a quienes ellos señalan de terroristas y violentos. Poco les importa el horror de la guerra, e identificarlos no nos cuesta ningún esfuerzo porque desde su trinchera de extrema y deshumanizada derecha, lo vociferan sin descanso con sus constantes pendencieras catilinarias de guerra. Y se retratan en ellas, por lo que se les ve siempre con esa falsa altivez triunfalista, su rostro duro y sus quijadas desencajadas por el afán de la bronca y la vindicta.

Para él, para ellos, la única suerte guerrillera es simplemente el exterminio, así simplemente y sin alternativa. Para el paramilitarismo, en cambio, la concesión de penas irrisorias por sus masacres, o la extradición para acallar sus voces en Colombia.



¡Qué de enormidades las de este señor!

¡Qué “inteligencia superior” al servicio de la malevolencia!

"Si yo soy soldado, policía, o suboficial”, vocifera, “y veo que los comandantes que hasta hace pocos días me incitaban a combatir a los terroristas y ahora veo que están negociando con ellos, yo de pronto desatiendo la instrucción del Presidente". ¿No es esto un llamado a la insubordinación de los “soldados y policías de la patria”? Frases como ésta de desafiante tinte subversivo y de puro sabor anarquista se descuelgan semana tras semana desde su irascible Twitter, surtidor prolífico de ideas y razones descompuestas, machacadas por él con fruición tras saberse acompañado por el eco alborozado e irresponsable que de todo lo suyo hacen algunos medios a cada una de sus despotricadas. Pero esta afirmación de desobediencia a la Constitución y las leyes, engendro de la más cavernaria postura de extrema derecha, parece no inspirarles miedo y repulsión a quienes dicen admirarle como político y gobernante.

Producto de su obsesiva confrontación personal con la guerrilla de las Farc, todo lo que dice y hace va dirigido a minar cualquier proceso que pueda desembocar en la paz.

Su “amor” a la “patria” y la salvaguardia de sus tres “huevitos”, están por encima de la paz de Colombia.

Tal es su desvarío, que sin inmutarse practica olímpicamente aquello de que quien no esté conmigo, está contra mí, y yo soy la razón y la verdad, y quien así no lo admita, ejerce de impío. Y un ejemplo de cómo a puesto a su servicio el maniqueísmo y las tergiversaciones hasta para sus propias contradicciones, lo trae a colación Pedro Medellín en su columna de El Tiempo:

“Incluso, debería recordar que desde el momento mismo en que asumió la presidencia, Uribe propuso un modelo de negociación con los paramilitares mucho más laxo que el que propone Santos para los guerrilleros. Basta con constatar que, en el proyecto de referendo que presentó al Congreso el 7 de agosto del 2002, en un parágrafo a la pregunta 7, decía: "Con el fin de facilitar la reincorporación a la vida civil de los grupos armados al margen de la ley que se encuentren vinculados decididamente a un proceso de paz bajo la dirección del Gobierno, este podrá establecer, por una sola vez, circunscripciones especiales de paz para las elecciones a corporaciones públicas, que se realicen antes del 7 de agosto del año 2006 o nombrar directamente por una sola vez".

¿Qué hacemos con este hombre a quien, pese a que millones de colombianos le dieron la oportunidad de ser Presidente de la República por dos veces consecutivas, la primera, democráticamente con todo y el denunciado apoyo narco-paramilitar , y la segunda, tras inmorales maniobras, considera ahora tras ocho años de poder casi dictatorial, que es él el llamado a continuar con la guerra delirante que atizó en aquellos dos periodos, habida cuenta de que, tras bombardear al Ecuador, lo que le faltó fue tiempo para bombardear a Venezuela y terminar de incendiar a Colombia?

¿Qué hacemos con este hombre que descuidó la obligación Constitucional que tienen los presidentes de buscar y preservar la paz de la República, y que ahora, cuando su sucesor se empeña en alcanzarla, se le atraviesa con el argumento de que la paz no debe negociarse con los enemigos comandantes terroristas de las Farc, pero sí con los amigos comandantes terroristas del narcoparamilitarismo?

¿Qué hacemos con un hombre lleno de odio y furor de venganza y ambición de poder perpetuo que en un país que busca desesperadamente la paz, hace y dice hasta lo indescriptible por impedirlo?

Aquí no podemos caer en el dilema de, o la guerra de Uribe o la paz de Colombia. Aquí debemos continuar con optimismo este esperanzador camino que se ha abierto, desoyendo los ladridos de los perros rabiosos atrincherados bajo el dominio de su férula en la madriguera de la extrema derecha.

guribe3@gmail.com