martes, 1 de mayo de 2012

Fin de la privacidad: ¡nos espían!

Por Germán Uribe



Los Estados Unidos de América, paladines de los ideales de democracia y libertad, alarmados porque en el resto del mundo no se ve reflejado puntualmente su espléndido sistema de gobierno, sino muy por el contrario, el florecimiento de soberanías regionales, de defensas agresivas de riquezas nacionales, de democracias populares, de regímenes con economías anticapitalistas contrarias al exitoso modelo neoliberal, de políticas de tinte socialista procurando imponer una justicia social con equidad y autonomía con la clara intención de independizarse de nuestra supremacía mundial y menoscabar nuestra seguridad nacional, todo ello en contravía del bienestar y la prosperidad de los ciudadanos estadounidenses aquí y en el resto del planeta, y de paso pretendiendo desprestigiar el American way of life o el American Dream que con tanta eficacia logramos hacer realidad en beneficio de la humanidad, como medida de protección hemos resuelto erradicar de la faz de la tierra el secreto y las conversaciones privadas, interceptando las comunicaciones entre gobiernos o entre gobernantes y gobernados, o entre individuos y organizaciones, en la industria y el comercio o, incluso, entre familiares y amigos, puesto que esta privacidad se constituye en arma peligrosa atentatoria de la integridad y el destino tutelar que la Historia ya nos reconoce, siendo nuestra Estatua de la Libertad -La libertad iluminando el mundo- testimonio infalible de ello.


Como por fuera de nuestros emblemáticos principios de democracia y libertad todo es susceptible de devenir en terrorismo y narcotráfico, para contrarrestar tal peligro se hace necesaria una invasión a la privacidad de todos los seres humanos, y la implementación de una práctica global de espionaje, por lo que obraremos en consecuencia accesando a la información privada de los ciudadanos sin miramientos a la normas constitucionales propias o extrañas de la previa orden judicial.

Debemos señalar que nuestro mayor interés con este revolucionario sistema de espionaje orbital apunta no sólo hacia las comunicaciones militares y diplomáticas extranjeras, sino a todas las que nuestro radar capture buscando conocer en detalle la calidad y cantidad en el tráfico electrónico y de telefonía, averiguando quién se comunica con quién en el planeta y para qué, ya que el enorme espectro de esta empresa nos facilitará el almacenamiento y análisis del océano de información que circula por Internet, considerando que en 2015, 2.700 millones de personas estarían inmersas en sus redes.

Con todo y que ya existe lo que denominamos ECHELON (sistema de vigilancia conocido por el público en 1976), y que tiene como misión el espionaje y análisis de las comunicaciones electrónicas mundiales alcanzando una cifra de interceptación de alrededor de tres mil millones de ellas cada día, decidimos poner en funcionamiento, a partir de septiembre de 2013, una novedosa y ultramoderna maquinaria informática perfeccionada y de alta velocidad en lo que llamaremos el Centro de Datos de Utah, a cargo de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), con la finalidad de examinar, repetimos, todas las comunicaciones por radio y satélite, de Internet y telefonía móvil, teléfonos fijos, faxes y correos electrónicos que en el futuro puedan producirse.

Inicialmente invertiremos en el programa 2 mil millones de dólares en concordancia con la excelente Iniciativa Integral para la Ciberseguridad Nacional, plan propuesto en 2008 por el ilustre y prestigioso presidente George W. Bush como consecuencia de la experiencia que nos dejaron los ataques del 11 de septiembre de 2001. Ahora, por lo tanto, buscaremos neutralizar radicalmente las progresivas amenazas de ciberataques que podrían afectar la red electrónica de la nación o nuestro vital mercado financiero.

Quedamos advertidos.

El más sofisticado y agresivo aparato de espionaje registrado por la historia del hombre será muy pronto una realidad. Desde su base se podrán grabar al mismo tiempo todas las comunicaciones que la arrolladora tecnología actual ofrece, desde una inocente llamada telefónica hasta uno de esos cada vez más utilizados trinos. Todo un descomunal caudal de información y datos, y todo un incuantificable y precioso material secreto para descodificar. Incluso, habría que ver el origen y la razón de aquel movimiento bancario, del clamor por la enfermedad de un pariente, del divorcio de tal o cual pareja, del costo de los electrodomésticos adquiridos a crédito, de su desplazamiento a otra empresa o a otra ciudad, o de aquella llamada recibida o aquel correo enviado por cualquier ser humano que haga uso de estas, en adelante, sospechosas comunicaciones interpersonales.

Y para que esta nueva política diseñada por el Coloso del Norte se aplique bajo las condiciones de su impecable concepción de democracia y libertad, nadie en nuestro globo terráqueo se mantendrá por fuera de ella, ni dejará de gozar de sus “beneficios”.

En conclusión, se almacenará toda la información que transite por las redes, desde un proyecto militar, científico, político o económico, hasta un susurro del corazón, puesto que nadie sabe si la intrascendencia del mensaje personal de hoy o el aparente ropaje rutinario de algunos códigos entre enamorados, o entre Estados, compañías o instituciones, incluidas las religiosas, en particular las musulmanas, mañana terminen siendo un tesoro que los avances tecnológicos puedan descifrar.

Es el nuevo Big Brother que revive el pánico orwelliano ante nuestras comunicaciones acechadas. Es la macabra práctica invasiva con traje de robot que vigilará cuidadoso desde nuestras más íntimas voces, hasta el más hermético de nuestros sueños.

La humanidad, pues, ha sido notificada.

En aras de la libertad y la democracia, a partir de ahora nada quedará oculto bajo el sol del Imperio Norteamericano.


Finca Alekos, Subachoque
guribe3@gmail.com

sábado, 7 de abril de 2012

Y a los defensores, ¿quién podrá defenderlos?

Por Germán Uribe


Con frecuencia se repite este llamado de parte de asociaciones dedicadas a obras benéficas: “Ayúdanos a ayudarte”. Pues ahora, ante la arremetida de los violentos contra todo aquel que lucha por los valores de la vida y que la tenebrosa dialéctica uribista ha dado en denominar "aliados del terrorismo", el llamado desborda y trasciende la mera caridad. "Defendamos a quienes nos defienden", tal debe ser la consigna en estos tiempos cruciales de nuestra historia. O, porqué no, "movilicémonos también por ellos".




Porque es que voces tan calificadas como la de la Relatora Especial para defensores de derechos humanos de la ONU, la de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH-, y la de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos en Colombia -OACNUDH-, claman ante la sociedad, el gobierno y el Estado por la protección de aquellos que con pasión y coraje se han entregado a velar porque los derechos humanos en Colombia sean respetados, corriendo por ese solo hecho de invocación a la elemental justicia, toda clase de peligros que van desde la persecución sin piedad hasta su propia muerte.


El reciente caso del abogado José Humberto Torres, miembro del Comité de Solidaridad con Presos Políticos desde hace cerca de 30 años y uno de los más decididos y valerosos denunciantes de las violaciones a los derechos humanos -ya recurrentes en nuestro país-, es a todas luces preocupante. Se ha tenido la certeza de que tanto 'Los Rastrojos', como algunos paramilitares y ciertos señalados parapolíticos recluidos en cárceles, vienen ofreciendo la suma de 200 millones de pesos a quien lo asesine. Y no es un ofrecimiento caprichoso. La razón de su condena de muerte, óigase bien, no es otra que el haber defendido el derecho a la vida de numerosos personas perseguidas y sacrificadas, tras contribuir osadamente en la denuncia y posterior condena de siniestros personajes tales como Carlos Castaño, Jorge Noguera, Juancho Dique, Don Antonio, Jorge 40 y Salvatore Mancuso.


Y vaya paradoja, el doctor Torres tiene 'asiento' en la Mesa Nacional de Garantías creada por el Estado y la sociedad civil en busca de seguridad para aquellos que ejercen la defensa de lo derechos humanos, lo que significa que estarían “velando” por su integridad física aquellos que la conforman que son nada menos -entre otros-, los Ministros del Interior y de Justicia, el Director del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH, el Director General de la Policía Nacional, el Procurador General, el Fiscal General de la Nación, etc. Falta saber que hará la recién creada Unidad Nacional de Protección frente a este desangre de hombres y mujeres que con vocación casi suicida se han entregado a la defensa del derecho que tienen ellos a salvaguardar el derecho que tienen los demás a que se respete la vida de todos.


"Defendamos a los Defensores", clamaba no hace mucho El Tiempo en uno de sus editoriales mientras revelaba cifras escalofriantes provenientes tanto de la Comisión Colombiana de Juristas como de la Corporación Arco Iris: ¡Cada 36 horas es agredido un defensor de los derechos humanos en Colombia y cada ocho días muere asesinado uno de ellos, y en el 2011, 55 fueron asesinados o desaparecidos!


Si no nos ocupamos de quienes se ocupan de nosotros, si la sociedad y los gobiernos de turno no hacen consciencia y actúan en consecuencia por velar tanto por los derechos humanos como, y muy en particular, por quienes lo dan todo para su salvaguarda, si permitimos que la persecución delirante desatada durante el régimen uribista no ceda y cese, cada uno de nosotros podrá esperar la suerte que se vislumbraba en aquel premonitorio poema de Martin Niemöller atribuido equivocadamente tantas veces a Bertolt Brecht:


Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.


Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.


Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.


Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.


Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.


Este clamor, lo sé bien, no es más que el aporte de un grano de arena en el mar de responsabilidades apremiantes que deberíamos asumir reclamando el derecho a la vida de quienes sacrifican la suya mientras protegen la nuestra.


Y es que la pregunta obligada y puntual en estos ciertamente dramáticos momentos, tendría que ser esta: Y a los defensores de los derechos humanos, ¿quién los defiende?






Finca Alekos, Subachoque
guribe3@gmail.com

domingo, 25 de marzo de 2012

Mi biblioteca por una sonrisa

Por Germán Uribe

Hace mucho tiempo decidí para mis libros un destino que me redimiera del egoísmo, liberándome a un mismo tiempo de la mezquina ostentación implícita en la exclusividad de su posesión. Aquellos volúmenes, al pertenecerme e ir creciendo en cantidad, me conferían una condición de privilegio y codicia, mientras percibía, de este modo, que al negar a los otros el derecho que yo me arrogaba, me convertía en aquel pequeño burgués cuyo discurrir vital oscila entre el buen vivir y el acaparamiento de lujos y prebendas. Cada mañana me sentía, pues, urgido a escapar de la mala conciencia que ello me provocaba.

Los libros que venía acumulando desde mi remota infancia no podían quedarse eternamente inmóviles, petrificados en el sacro recinto personal e íntimo que había dispuesto para ellos. Entonces, al no haberlos considerado nunca como “propiedad privada”, “acumulación de riqueza” “ahorro” o “negocio”, tal un acopio de valiosas mercancías, sabía que su inexorable futuro no era otro que el de constituirse en bienes públicos con funciones de servicio social, o en actores de cambio para el progreso cultural no sólo mío sino de la comunidad en general.

A contracorriente de una idea común muy arraigada, siempre sostuve la tesis de que los libros, la cultura y las creaciones literarias y artísticas, en una sociedad justa, debían rebasar la categoría de producción individual con valores y fines comerciales. Son, y a ello me atengo ahora, bienes sociales que deben concernirnos a todos. Y al Estado, en tal caso, cabe la obligación de velar por la financiación de un status digno para los trabajadores de la cultura, creadores y artistas en sus múltiples campos sufragando, igualmente, todo lo material de sus obras, difundiéndolas y acercándolas, sin costo alguno, al gran público.

De tal suerte que, durante estos tantos años vividos, mientras enriquecía mi biblioteca, daba por un hecho que no me pertenecía.

Entendía que esos más de 5 mil libros que la conformaban, convirtiéndola en ese “mundo atrapado en un espejo” al decir de Sartre, era de por sí un enorme testimonio sin el cual la memoria del hombre estaría perdida, y un maravilloso compendio de letras e ilustraciones con que el destino y la perseverancia me habían favorecido para que, dada la hora, esta misma hora de hoy, hiciera lo que tenía que hacer: regresarla a sus verdaderos dueños, el pueblo, cuyos escasos recursos económicos los ha llevado a privarse durante tanto tiempo del sagrado derecho a disfrutar de los libros, en libertad y de manera gratuita.

Al asumir las gentes la calidad de depositarios y afortunados usuarios de esta biblioteca, con certeza sé que les llegó el momento de que el más expedito medio transmisor de la educación, la cultura, la información, la investigación y el esparcimiento, en adelante, ya no les será oneroso, ajeno, ni remoto.

La ciencia y la cultura universal, y la memoria histórica, están en camino a instalarse, para su comodidad y con justicia, a la vuelta de la esquina de las casas de estos hombres y mujeres, niños y ancianos que colman el sector más poblado de Ibagué.

Durante los últimos 15 años me esforcé porque alguno de sus sucesivos alcaldes tuviera la audacia, o al menos la cortesía, de recibirme en donación esta biblioteca. Pasaron los años sin que pasara nada, por lo que, en determinado momento, me vi precisado a enviarle encumbrados padrinos al menos a uno de ellos, para que, sin dilaciones, le diera vida y forma a mi propuesta. Increíblemente, el silencio continuaba enseñándome el rostro de la indolencia y el desinterés. Incluso otro “mejor alcalde”, recientemente, supongo que esquivas en él la sensibilidad y la inteligencia, casi consigue dar al traste con este proyecto al querer medir lo que aún me quedaba de terquedad y paciencia. Sólo ahora, el actual burgomaestre ibaguereño, Luis Hernando Rodríguez Ramírez, sabiendo de la trascendencia y utilidad que representaba el aceptar el ofrecimiento con la consecuente creación de un nuevo polo de crecimiento cultural en la ciudad, actuó en consecuencia.

Nacido en Armenia decidí, no obstante, hacer esta donación a Ibagué, porque fue ella, la Capital Musical de Colombia, la que me acogiera con magnanimidad y calidez desde mi más temprana edad, la que me brindara el privilegio de adelantar mi bachillerato en ese espléndido e histórico colegio de San Simón, y la que también me inspirara y animara en los inicios de mi vocación de escritor y periodista, amén del frenético rumbo de bibliómano incontinente que, gracias a ella, se me avivara desde entonces allí.

Así, pues, le devuelvo a Ibagué, con inmensa gratitud, una pequeña parte de lo que Ibagué me dio e hizo por mí.

Y en cuanto a la ubicación definida para esta biblioteca, escuchando las bien fundamentadas argumentaciones de mi viejo amigo Gonzalo Reyes y las de la dinámica Coordinadora del Centro Integral Comunitario, Diana Hoyos, advertí del enorme beneficio que podía prestarle a los más de 100 mil pobladores de los numerosos barrios de la Comuna 8, concluyendo finalmente que mi largo y acariciado sueño de hacer de todos lo que ciertamente no debía ser sólo mío, podría cristalizarse allí en una fascinante realidad.

En esta nueva Biblioteca Pública de la capital del Tolima reposarán en adelante los libros que durante toda una vida leí, conservé, amé, y me hicieron feliz.

Un nuevo paso en dirección al ascenso cultural, un aporte por pequeño que sea a su nivel educativo pero, esencialmente, la alegre paz espiritual de un anciano con uno de mis libros abierto entre sus manos, o la sonrisa de un niño de la Comuna 8 que simplemente los hojea sabiendo ahora que esos libros son suyos, le darán gratificante y fecundo sentido y razón de ser a este legado.

Y a mi existencia, por supuesto.


Finca Alekos, Subachoque
guribe3@gmail.com

sábado, 10 de marzo de 2012

Entre lo audaz y lo grotesco

Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
De entrada, el prejuicioso puede caer en la trampa pensando que quien tanto critica el “mal gobierno”, aunque con mayor reciedumbre al anterior, ahora entra en la danza de las zalemas celebrando logros de la administración Santos, por lo que, quizás, querrán cobrármela ajustándome el epíteto de “santista”. Pues no. “No me crean tan pendejo”, porque lo que es este aguacero de despropósitos suyos, esos sí imperdonables y con tendencia a adquirir características de “maldita Niña”, tales como que en el nombre de los colombianos “le pido perdón a Belisario”, y por añadidura, que nos perdonen los militares -al pueblo y a las víctimas- por la sangrienta y criminal retoma del Palacio de Justicia, aquella en la que se esculpió para la Historia la muy “patriótica” frase de “Aquí salvando la democracia, maestro”, sólo podrían despertar la aprobación de una extrema derecha como la que representan Uribe y su equipo SWAT de obcecados perseguidores de “opositores terroristas”.

He ahí lo grotesco.

Sin embargo, en aras de la objetividad, vamos al grano. En un país como el nuestro, en donde un altísimo porcentaje de las noticias que inciden directamente en la inmensa mayoría de la población son malas -las buenas, como el crecimiento económico, lo son para el 6 por ciento-, para poder seguir viviendo en la fantasía de ser los más felices del mundo, se hace menester indagar por los pocos anuncios positivos, aferrándonos a ellos para no perder, ni la esperanza de vivir días mejores, ni la costumbre al goce y la dicha cotidiana que nos achacan.

Dos hechos, entonces, muy concretos ellos, ocupan ostensiblemente este lado bueno del discurrir noticioso. Ambos, por fortuna, nos abren las puertas del optimismo y nos conducen al reconocimiento y el aplauso obligado. De una parte, la educación gratuita en los colegios públicos y, de otra, la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.

He aquí lo audaz.

Referente a la primera, siempre habíamos imaginado que tamaña afirmación de la justicia, de la observancia de la Constitución y del acatamiento del derecho de la gente a una educación gratuita y de calidad, era simplemente una utopía, pero que de llegar a alcanzarse algún día, sería inevitablemente bajo un Estado Socialista. Pero no, vaya, sorpresa. ¿Quién iba a sospechar que asistiríamos en vida a la gratuidad educativa de la juventud colombiana desde los grados cero a once? Personalmente, a tal avance le había decretado ya la “extinción de dominio” en el universo de mis sueños.

Tanto la Corte Constitucional, como el Gobierno actual, hicieron el milagro y han echado a andar esta formidable iniciativa que beneficiará a cerca de 9 millones de chiquillos y adolescentes de todos los colegios públicos quienes, a partir de este año, tienen acceso a sus matrículas, textos, pensiones y diversos útiles escolares de manera totalmente gratuita. Para su financiamiento, se ha dispuesto un poco más de medio billón de pesos, suficientes según estudios serios para cubrir el ambicioso programa. Así, pues, la población de escasos recursos podrá asistir a sus planteles educativos ¡sin aportar un solo peso! Y pese a que algunos avivatos, diestros trasgresores de cualquier norma de la que le puedan sacar provecho vienen haciendo su agosto con cobros tales como “aportes voluntarios”, bonos, inscripciones a tal o cual actividad recreativa -lo que ya se ha comenzado a corregir con severidad-, el revolucionario sistema de educación gratuita es ya una realidad en nuestro país.

Ahora bien, la otra noticia, que aunque también obedece a la obligatoriedad gubernamental de aplicar la Constitución y velar por el cumplimiento de una justicia social eficaz, no deja por ello de ser francamente revolucionaria. Se trata de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. Cuánto “caramelo” y qué forma de menospreciar, desnaturalizar o denigrar la que se vio durante el nefasto régimen uribista del sagrado derecho de aquellos cientos de miles de compatriotas que, desamparados, venían clamando por la garantía a sus derechos y el respeto y amparo de sus vidas y bienes en medio de asesinatos, persecuciones y desplazamientos atroces.

Puesta en marcha por el gobierno Santos y liderada con devoción y tesón por el ministro Juan Camilo Restrepo, ya viene dando unos resultados que hacen vislumbrar lo que podría llegar a ser la mejor aproximación al inicio de una urgida reforma agraria, sin la cual el país jamás podrá encausarse por las vías del desarrollo pleno y de una cumplida igualdad social.

La Ley 1448 de junio10 de 2011 afectará sensiblemente, por sí misma, la geopolítica colombiana, allanará el camino para el apaciguamiento del conflicto social, reactivará el campo y, de contera, producirá un fuerte y valioso impacto sobre la sicología de la población rural.

Y un punto clave de las bondades e innovaciones de esta osada “empresa” es el concerniente a la inversión de la carga de la prueba. A la injusticia que pesaba sobre los hombros de las víctimas reclamantes en cuanto a la carga de la prueba, se la pone ahora patas arriba lográndose la equidad con la nueva modalidad que obliga al Estado, no sólo a aceptar la presunción de un eventual despojo, sino a ayudar a conseguirla y allegarla a los procesos.

Todo parece indicar que ya no habrá reversa en la ejecución de la Ley y la restitución de tierras a los campesinos despojados. Naturalmente que a su aplicación le espera un camino escabroso. Sus enemigos embisten. Enrique Santos Calderón los enumeró bien: “gamonales, latifundistas, narcos, paras, políticos corruptos, godos feudales, empresarios salvajes y el uribismo más recalcitrante.”


Finalmente, vuelvo a lo mío. Por antonomasia, se le asigna al columnista el implacable papel de crítico, destructor y negativo. El obsequioso se sume en la bruma de la mediocridad. Eso dicen. Pues ni crítico de oficio, ni adulador de ocasión, con este reconocimiento simplemente honro la verdad.

sábado, 25 de febrero de 2012

Acusan a Uribe y titulan a favor de Santos

Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com

¿Graves acusaciones a Uribe convertidas en titulares santistas? Veamos. El último informe anual de Human Rights Watch sobre Colombia, contrariamente a lo que ha querido hacernos creer un importante diario, va mucho más allá de un reconocimiento a la administración Santos.

Es cierto que en cuanto a su gobierno refiere que “ha repudiado públicamente las amenazas contra defensores de derechos humanos”, que ha promovido un proyecto de ley de restitución de tierras a desplazados, resarciendo a las víctimas de “abusos cometidos por agentes del estado”, y que ha expresado su respeto a la independencia del Poder Judicial. Pero, evidentemente, el informe ni comienza ni termina allí. Ni esa es su esencia, y menos su mensaje.

Entre muchas otras cosas que avergonzarían a cualquier nación civilizada del planeta y que nos tienen ad portas de ser vistos como país inviable, están estas denuncias de HRW que deberían servirle a la prensa colombiana, no para exaltar nada, sino para efectuar una divulgación ajustada a la verdad que, procesándola colectivamente, nos sirva de catarsis para superar la pavorosa tragedia por la que estamos atravesando.

El Informe Mundial 2011 de HRW sobre Colombia, señala entre otras monstruosidades:

“El gobierno de Álvaro Uribe se vio empañado por una sucesión de escándalos vinculados con ejecuciones extrajudiciales perpetradas por el Ejército, un proceso de desmovilización paramilitar que fue ampliamente cuestionado y la vigilancia ilegal de defensores de derechos humanos, periodistas, políticos de oposición y magistrados de la Corte Suprema.”

“La violencia ha provocado el desplazamiento interno de millones de colombianos, a un promedio de varios cientos de miles cada año.”

“Los grupos sucesores de los paramilitares ejercen el control territorial de algunas regiones La tolerancia de estos grupos sucesores por parte de miembros de las fuerzas de seguridad pública es uno de los factores decisivos que han permitido su crecimiento.”

“En el denominado escándalo de la "parapolítica", se investigó a más de 150 congresistas -la mayoría pertenecientes a la coalición del presidente Uribe-, y al menos 20 han sido condenados. El gobierno de Uribe tomó medidas que podrían haber frustrado las investigaciones, como proferir ataques públicos y a título personal contra miembros de la Corte Suprema.”

“Colombia continúa siendo el país con el mayor número de asesinatos de sindicalistas en todo el mundo.”

“Las confesiones de los líderes paramilitares en el proceso de Justicia y Paz sufrieron un retroceso cuando Uribe extraditó a la mayoría de los líderes paramilitares a Estados Unidos para que fueran juzgados por delitos de narcotráfico.”

“En los últimos años se han atribuido al Ejército una cantidad alarmante de ejecuciones extrajudiciales de civiles, incluida la ejecución de "falsos positivos", término con el cual se alude a los casos en que, ante la presión por demostrar resultados, asesinan civiles y luego informan que se trata de combatientes muertos en enfrentamientos.”

“El DAS, que depende directamente de la presidencia, durante años ha implementado prácticas como la intervención ilegal y generalizada de teléfonos y mensajes de correo electrónico, así como seguimiento de sindicalistas, defensores de derechos humanos, periodistas, políticos de oposición y magistrados de la Corte Suprema. Según versiones de ex funcionarios del DAS, esta vigilancia ilegal habría sido ordenada por funcionarios de alto rango del gobierno de Uribe.”

No obstante lo anterior, la edición impresa del pasado 23 de enero del diario referido, en destacado titular de primera página, dice textualmente: “Reconocen esfuerzos del país en tema de DD.HH.”, y su edición digital se alebresta: “HRW reconoce el esfuerzo del gobierno de Juan Manuel Santos en DD.HH.” ¡Por Dios! He aquí un ejemplo de la manipulación por parte de algunos medios, siempre en complicidad con los grandes conglomerados económicos y en ayuda de una institucionalidad erigida por ellos mismos a la medida de sus intereses.

Y en este, como en tantos otros casos, tales adaptaciones de la información han tenido éxito por una sola razón: nos ven y tratan como idiotas. Pero es que ellos saben muy bien, cómo no, que la inmensa mayoría de sus lectores no pasa de los titulares, y que si se ocupan del texto, no hay problema, el titular efectista ya hizo su trabajo.

Desde luego que esta observación no es una simple conjetura, ni una recriminación a la ligera. Acabamos de demostrarlo con la anterior trascripción fiel de algunos apartes del documento que retrata con crudeza la aberrante situación que estamos viviendo. Por ello hay que reconocer mayor honradez en otros medios que publican en concordancia con lo sustancial de la dramática denuncia.

El Comercio de Quito, apunta a su médula: “Colombia, el país con mayores homicidios de sindicalistas”- y Radio Santa Fe lo interpreta con rigor crítico: “HRW condena a Colombia por crimen de sindicalistas y auge de paras y desplazamiento”. En tanto, el periódico de marras saca con pinzas del informe, para titular, unas breves alusiones al gobierno actual, en donde se dice de la “preocupación” del Presidente por estas revelaciones, mencionando algunas políticas suyas que, hay que reconocerlo, encaminadas en la dirección correcta, develan a un mismo tiempo las atrocidades acaecidas durante el régimen uribista del “todo vale”, pero convirtiendo la “preocupación” y algunas acciones del gobierno actual, en la gran conclusión del estudio.

En síntesis, con sus titulares pretendieron trocar las numerosas imputaciones a Uribe, por forzadas alabanzas a Santos.

Y esa no puede ser una interpretación trasparente. Es amañada y tramposa y exhala un cierto tufillo de desconcertante laxitud frente a la catástrofe puntualizada por Human Rights Watch.