Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
Los excesivos costos y las continuadas alzas en los medicamentos que vienen afectando los afligidos ánimos y los escuálidos bolsillos del común de los colombianos, nos lleva de nuevo a ocuparnos de este tema que en anterior columna de Semana (Las enfermedades: ¡Qué negocio! 26 de enero de 2008) tratamos sin imaginarnos que por aquellos días iría a levantar un chispero entre impacientes empresarios farmacéuticos y pacientes y maltratadas víctimas de toda clase de males.
Lo primero que debemos lamentar y denunciar en esta oportunidad es que estando en nuestro sistema político el manejo de la salud en manos privadas, y por ende bajo características netamente mercantilistas, cuya máxima finalidad y exclusivo interés no es otro que el de mejorar la productividad y acumular utilidades sin control alguno, a dicha máquina de hacer dinero desde los hospitales, las clínicas o los medicamentos, lo que menos le podría convenir es operar sus negocios en medio de una sociedad saludable. De hecho, pues, y por lo tanto, mientras la salud sea un negocio y no una responsabilidad social del Estado celosamente vigilada por los gobiernos, los ciudadanos tendremos que estar expuestos constantemente a sufrir el menoscabo de nuestras economías personales y a adaptarnos a una vida de constantes altibajos en cuanto a nuestra salud, ya que si repentinamente las industrias farmacéuticas produjeran drogas que curaran definitivamente algunas enfermedades, sus empresas se vendrían a pique y ya no tendrían razón de ser.
Con cuánto acierto hace referencia a este tema el columnista de Le Monde Diplomatique, Pascual Serrano, al observar que "uno de los problemas del capitalismo consiste en que cuanto mayor es un problema más dinero reciben los sectores empresariales que se dedican a afrontarlo. Si ese problema lo solucionaran, ellos mismos acabarían con su negocio. Los fabricantes de armas se arruinarían si no hubiese guerras, los bufetes de abogados si no hubiera delitos y conflictos, y las empresas farmacéuticas si sus medicinas acabasen con las enfermedades." Y más adelante, registrando el libro de Miguel Jara "La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo", señala con dedo acusador a los grandes pulpos de la producción de medicamentos, también denominados "Big Pharma", -Bayer, GlaxoSmithKline (GSK), Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis-, como los industriales del "marketing del miedo" que atizan la aprensión normal de las gentes frente a las enfermedades en beneficio directo de sus inagotables intereses económicos.
Pero esto no es todo. Habría que ver, aparte de la fabricación y puesta en el mercado de medicamentos medianamente eficaces (que medio curen pero no del todo porque entonces… Y aquí, ahora, recuerdo el "misterio" de las cuchillas de afeitar, el más colosal ejemplo del engaño), el afán desmedido de las grandes compañías farmacéuticas por desprestigiar todos aquellos remedios genéricos que naturalmente son de más fácil acceso para los consumidores.
¿Pero porqué los genéricos son más baratos teniendo las mismas virtudes y efectividad de los originales? La explicación nos la da el también columnista de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet: "Los genéricos son medicamentos idénticos, en cuanto a principios activos, dosificación, forma farmacéutica, seguridad y eficacia, a los medicamentos originales producidos en exclusividad por los grandes monopolios farmacéuticos. El periodo de exclusividad, que se inicia desde el momento en que el producto es puesto a la venta, vence a los diez años; pero la protección de la patente del fármaco original dura veinte años. Entonces es cuando otros fabricantes tienen derecho a producir los genéricos que cuestan un 40% más baratos. El objetivo de las grandes marcas farmacéuticas consiste, por consiguiente, en retrasar por todos los medios posibles la fecha de vencimiento del periodo de protección de la patente, y se las arreglan para patentar añadidos superfluos del producto (un polimorfo, una forma cristalina, etc.) y extender así, artificialmente, la duración de su control del medicamento."
Por último, bien vale la pena traer a colación una pequeñísima muestra de lo ocurrido recientemente con la declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) pandemia de gripa AH1N1. Esta Organización, que debería preocuparse tanto por la salud física de los seres humanos como porque su cuidado no afecte su economía individual buscando con ello la equidad que las desigualdades económicas latentes en el mundo exigen, optó por otorgar la patente del producto sanitario que combatiría la gripa a cuatro farmacéuticas que se arrogaron el monopolio de su producción y venta haciendo su agosto por el corto tiempo que duró el escándalo mediático apropiadamente orquestado por los grandes beneficiarios de aquella pandemia "terrorífica".
Bien sea porque el costo de los medicamentos hiere nuestros bolsillos, o bien porque su efectividad está fríamente calculada para que sus efectos se den a medias, lo cierto es que, así las cosas, tenemos que aceptar que las enfermedades no tienen ni tendrán jamás remedio alguno.
Pretendo con este blog reunir una serie de textos que terminen conformando el que yo pienso será el último de mis libros: PRECISIONES. En él intento plasmar mi libre criterio sobre aquellos temas que me han provocado rabia o amor en medio de arrolladores sentimientos, sentimientos éstos que desde siempre sólo he logrado sosegar a través de la escritura. Lo asumiré pues como si fuera una cámara de video con la cual captar descarnadamente el mundo tal como yo lo veo, lo vivo, lo sufro o lo gozo.
domingo, 6 de marzo de 2011
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Prohibido protegerse
Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
Prohibir el porte de armas a todos los civiles como lo vienen sugiriendo algunas autoridades, de hecho sería una iniciativa admirable si ella se diera en un país cuya fuerza pública garantizara a plenitud la seguridad de su población. Hacerlo en un escenario violento y en guerra como Colombia, en donde la inseguridad campea, es simplemente jugar a los enunciados teatrales y solemnes, a las iniciativas "efectistas", o a librar a la suerte y el azar, como en una ruleta, a la gente de bien.
Y es que tan maravilloso como irracional puede sonar aquel trillado discurso de "prohibiendo el porte de armas acabaremos con la violencia y conseguiremos la paz". No, señores. Esas no son más que frases distractoras y facilistas. Aunque pensándolo bien, podrían llegar a ser ciertas si se diera el caso de que la quimérica fórmula aplicara y se cumpliera por parte de todos los colombianos incluidos los paramilitares, la delincuencia común, la guerrilla y algunos miembros de las Fuerza Pública -algunos, repito- que sabemos que las usan no para defendernos de quienes sí tienen el "privilegio" de llevarlas y usarlas, sino para ejecutar falsos positivos, desapariciones forzadas o siniestros retenes.
Así, pues, tan exótico como inaudito puede ser el argumento: si los civiles son desarmados habrá paz, por cuanto el uso de las armas seguirá siendo detentado "únicamente" por las fuerzas militares, la policía, los servicios de seguridad del Estado, los paramilitares, los delincuentes y la guerrilla.
Y es que, si el Estado no puede protegernos permanentemente, ¿cómo puede entenderse esa especie de sentencia de muerte que nos dicta cuando les ordena a los ciudadanos despojarse del porte y uso de las armas incluso en casos en que nuestra vida pueda estar en peligro?
Ahí sí cabe aquello que decía un español frente a la posibilidad de ir a parar a la cárcel por dar de baja al delincuente que intentó acuchillarlo: "Es mejor un mal juicio que un muy lindo funeral".
En medio del debate mundial que este tema provoca, encontré como parte de un alegato esta cita de un sermón religioso del siglo XVII que invoca la ley divina para justificar el derecho y el deber que tienen los hombres a protegerse: “El que permita que su vida sufra o se pierda en manos de uno que no tiene autoridad para ello, cuando tal vez pueda preservarla a través de su autodefensa, incurre en la culpabilidad de suicidio porque Dios le ha obligado a buscar la continuidad de su vida, y la Naturaleza enseña la necesidad de defenderse a cada criatura”.
Ahora bien, si este argumento no convence, entonces veamos el materialista: el instinto humano nos conduce a preservar la vida, por lo que, dejarnos matar en aras del cumplimiento de una normatividad gubernamental que al conminarnos a dejar las armas nos expone a perecer en manos de quien ilegalmente las tiene, va en contravía de nuestra propia naturaleza. ¿Se quiere que nos inmolemos antes que desacatar una medida funesta y majadera del Estado que como no puede desarmar a los violentos, para justificar su papel de máximo regulador de la sociedad ordena que los no violentos no porten armas llevándolos a defender su vida como puedan y, en todo caso, con "paciencia" y sin violencia? ¿Qué su autoprotección sean la elocuencia y la retórica frente al criminal?
Desarmar al ciudadano corriente como pretexto para que en la sociedad impere la paz, sin tener en cuenta que el bando de los malhechores blande constantemente sus armas, no sólo es utópico sino estúpido.
Las armas en manos del hombre correcto no son portadas por éste con la intención de ver a quién mata por ahí, son esencialmente instrumentos muy valiosos de disuasión que pueden salvarle su vida.
El 99% de las muertes violentas son cometidas por individuos que no portan un salvoconducto. La criminalidad, los narcos, el paramilitarismo o la insurgencia no necesitan de licencias. No obstante esto, a las personas inermes se les exigen, y pronto se les negarán, avivándoles una ventaja a los asesinos, a los violadores, a los ladrones dotados de ellas y al resto de malandrines que a toda hora acechan a los individuos desprevenidos y desarmados.
Y es que el simplismo es patético: como el control de las armas sólo podemos ejercerlo sobre las legalmente amparadas, hagamos algo, ¡controlémoslas!
¿Por qué a usted que puede protegerse del violento en casos extremos lo están obligando a que recurra a otro (el policía) para que, en el momento en que éste pueda se ocupe de su vida? ¿Y si llega tarde? No importa, usted murió como un ciudadano ejemplar, ¡totalmente indefenso pero cumpliendo la ley!
Por último, habría que decir que mientras la Corte Suprema de los Estados Unidos interpretando la Segunda Enmienda de su Constitución ordena que "se prohíbe prohibir" en cualquier Estado el porte de armas para la defensa personal, aquí parece que se busca interpretar nuestra Constitución no para salvaguardar nuestras vidas, sino para preservar el derecho de los delincuentes a disponer armados de la vida de los demás.
http://www.semana.com/noticias-opinion/prohibido-protegerse/149580.aspx
guribe3@gmail.com
Prohibir el porte de armas a todos los civiles como lo vienen sugiriendo algunas autoridades, de hecho sería una iniciativa admirable si ella se diera en un país cuya fuerza pública garantizara a plenitud la seguridad de su población. Hacerlo en un escenario violento y en guerra como Colombia, en donde la inseguridad campea, es simplemente jugar a los enunciados teatrales y solemnes, a las iniciativas "efectistas", o a librar a la suerte y el azar, como en una ruleta, a la gente de bien.
Y es que tan maravilloso como irracional puede sonar aquel trillado discurso de "prohibiendo el porte de armas acabaremos con la violencia y conseguiremos la paz". No, señores. Esas no son más que frases distractoras y facilistas. Aunque pensándolo bien, podrían llegar a ser ciertas si se diera el caso de que la quimérica fórmula aplicara y se cumpliera por parte de todos los colombianos incluidos los paramilitares, la delincuencia común, la guerrilla y algunos miembros de las Fuerza Pública -algunos, repito- que sabemos que las usan no para defendernos de quienes sí tienen el "privilegio" de llevarlas y usarlas, sino para ejecutar falsos positivos, desapariciones forzadas o siniestros retenes.
Así, pues, tan exótico como inaudito puede ser el argumento: si los civiles son desarmados habrá paz, por cuanto el uso de las armas seguirá siendo detentado "únicamente" por las fuerzas militares, la policía, los servicios de seguridad del Estado, los paramilitares, los delincuentes y la guerrilla.
Y es que, si el Estado no puede protegernos permanentemente, ¿cómo puede entenderse esa especie de sentencia de muerte que nos dicta cuando les ordena a los ciudadanos despojarse del porte y uso de las armas incluso en casos en que nuestra vida pueda estar en peligro?
Ahí sí cabe aquello que decía un español frente a la posibilidad de ir a parar a la cárcel por dar de baja al delincuente que intentó acuchillarlo: "Es mejor un mal juicio que un muy lindo funeral".
En medio del debate mundial que este tema provoca, encontré como parte de un alegato esta cita de un sermón religioso del siglo XVII que invoca la ley divina para justificar el derecho y el deber que tienen los hombres a protegerse: “El que permita que su vida sufra o se pierda en manos de uno que no tiene autoridad para ello, cuando tal vez pueda preservarla a través de su autodefensa, incurre en la culpabilidad de suicidio porque Dios le ha obligado a buscar la continuidad de su vida, y la Naturaleza enseña la necesidad de defenderse a cada criatura”.
Ahora bien, si este argumento no convence, entonces veamos el materialista: el instinto humano nos conduce a preservar la vida, por lo que, dejarnos matar en aras del cumplimiento de una normatividad gubernamental que al conminarnos a dejar las armas nos expone a perecer en manos de quien ilegalmente las tiene, va en contravía de nuestra propia naturaleza. ¿Se quiere que nos inmolemos antes que desacatar una medida funesta y majadera del Estado que como no puede desarmar a los violentos, para justificar su papel de máximo regulador de la sociedad ordena que los no violentos no porten armas llevándolos a defender su vida como puedan y, en todo caso, con "paciencia" y sin violencia? ¿Qué su autoprotección sean la elocuencia y la retórica frente al criminal?
Desarmar al ciudadano corriente como pretexto para que en la sociedad impere la paz, sin tener en cuenta que el bando de los malhechores blande constantemente sus armas, no sólo es utópico sino estúpido.
Las armas en manos del hombre correcto no son portadas por éste con la intención de ver a quién mata por ahí, son esencialmente instrumentos muy valiosos de disuasión que pueden salvarle su vida.
El 99% de las muertes violentas son cometidas por individuos que no portan un salvoconducto. La criminalidad, los narcos, el paramilitarismo o la insurgencia no necesitan de licencias. No obstante esto, a las personas inermes se les exigen, y pronto se les negarán, avivándoles una ventaja a los asesinos, a los violadores, a los ladrones dotados de ellas y al resto de malandrines que a toda hora acechan a los individuos desprevenidos y desarmados.
Y es que el simplismo es patético: como el control de las armas sólo podemos ejercerlo sobre las legalmente amparadas, hagamos algo, ¡controlémoslas!
¿Por qué a usted que puede protegerse del violento en casos extremos lo están obligando a que recurra a otro (el policía) para que, en el momento en que éste pueda se ocupe de su vida? ¿Y si llega tarde? No importa, usted murió como un ciudadano ejemplar, ¡totalmente indefenso pero cumpliendo la ley!
Por último, habría que decir que mientras la Corte Suprema de los Estados Unidos interpretando la Segunda Enmienda de su Constitución ordena que "se prohíbe prohibir" en cualquier Estado el porte de armas para la defensa personal, aquí parece que se busca interpretar nuestra Constitución no para salvaguardar nuestras vidas, sino para preservar el derecho de los delincuentes a disponer armados de la vida de los demás.
http://www.semana.com/noticias-opinion/prohibido-protegerse/149580.aspx
domingo, 28 de noviembre de 2010
La burradas de Bush, el torturador
Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
¿A usted no se le hace raro que ese man esté como calladito? ¿Y perdido? Me dijo el mesero mientras deslizaba una taza de café sobre la mesa al tiempo que posaba su mirada sobre una foto de George Walker Bush que aparecía en un artículo de revista que me encontraba leyendo. Y, sí, pensé. Pero en todo caso, no debe ser casual su silencio. Es un silencio inevitablemente derivado de la expectativa causada por el desarrollo de la administración del Presidente Obama, pero también, por algún tipo de cautela que él mismo se debe haber impuesto luego de que cada acto político o administrativo suyo fue casi un estremecedor recordatorio de las desastrosas gestiones gubernamentales de su antecesor. Y es que la gestión presidencial de Bush aparece cada día con mayor claridad como lo que pudo haber sido lo más próximo a lo que el expresidente Uribe -su aliado y "socio" incondicional que llegó incluso, arrodillado ante el amo, a meternos en una guerra que se daba por allá en un país asiático llamado Irak- dio en llamar "hecatombe", o sea, lo que puede ocurrir si prescinden de mí, pero lo que le iba a ocurrir a los Estados Unidos si no prescindía de aquel.
Cada día descubrimos más y más yerros suyos. Escogió a tenebrosos personajes como sus colaboradores cercanos; en la economía, la seguridad social, el empleo, la vivienda, la reforma migratoria y la industria, en particular la automotriz, no dio pie con bola. Y en cuanto a los sectores bancarios y financieros, y al mismo Wall Street, su falta de ojo avizor pudo haber acelerado el revés económico mundial reciente que todos conocemos. Y qué decir de su desastrosa política exterior con su intervencionismo militar y su unilateralismo fabricándose guerras -Irak y Afganistán, en tanto que acariciaba Pakistán-, y birlando a la ONU, mientras muy campante rechazaba el Protocolo de Kioto mostrando su desdén, incluso, por el calentamiento global. Errores, como los llama Salman Rushdie, que han llevado a Washington a perder toda credibilidad y a los Estados Unidos como nación emblema del sistema democrático y las libertades individuales y políticas, a ver minado su prestigio.
Razón tenía el Presidente Obama al posesionarse en pensar que la más abrumadora de sus tareas sería la de recuperar el respeto para su país.
También habría que sumársele lo inevitable a las causas del silencio en el que se ha mantenido enconchado hasta ahora, cuando accede a la publicación de sus tontas e incriminatorias Memorias*: un juicio. Y no ya el histórico cuyo discurrir ya ha echado a andar, sino el juzgamiento penal al que lo conducen todos los caminos de la justicia universal. Y es que con la desfachatez y la estupidez que le conocemos, reconoce en estas Memorias que apoyó y alentó la violación de Derechos Humanos aprobando la tortura de prisioneros como herramienta "legal".
El escritor y cronista de "The New Yorker", Jon Lee Anderson, avergonzado y herido como cualquier norteamericano que se respete y respete a los demás, decía no hace mucho: "Sin duda alguna, Bush ha sido el peor presidente en mi vida y posiblemente de la historia de los EE.UU., y será recordado como tal. Si hubiera justicia, él debería ser llevado a juicio por deshonrar a la patria. Merece aunque sea una amonestación histórica por parte del Congreso, como una especie de "impeachment" simbólico, y la privación de ciertas prebendas y favores. Su ex vicepresidente, Dick Cheney, debería ser sentenciado a cárcel por su abierto y vergonzoso activismo a favor de la tortura, y probablemente por otras ofensas adicionales. Donald Rumsfeld también, por su negligencia criminal como Secretario de Defensa, actitud que condenó a muchos soldados norteamericanos a la muerte e invalidez innecesaria, además de miles de soldados aliados iraquíes y afganos; ni hablar de las decenas de miles de civiles de ambos países muertos por las mismas razones."
También se ha pronunciado sobre su eventual juzgamiento por los crímenes perpetrados desde la invasión de Irak, el Fiscal General del Tribunal Penal Internacional, el argentino Luis Moreno Ocampo, animando a los árabes a adherirse con su rúbrica a la autoridad del Tribunal para poder presentar la denuncia correspondiente. Y es que hasta la farándula gringa se vio afectada. El multimillonario Donald Trump, dueño de Miss Universo, aseguró recientemente que en su opinión fue hasta ahora el peor presidente que hayan tenido los Estados Unidos. Y el cantante irlandés Bono, no dudó en repetir: "El peor presidente de la historia. Malo con ganas. Tal vez el gestor responsable de la peor política económica de la historia de EE UU."
¿Con la figura del nefasto expresidente Uribe, habremos los colombianos consentido -en ambos sentidos de la palabra- durante 8 años a un clon de Bush?
Cómo evitar aquí, y para terminar, la transcripción de lo que en la Página de Internet de la Universidad Nacional de Colombia denominada "Ingeniería Crítica", el Dirigente Social, Jhon Jairo Salinas llama "Las perlas… de Bush", que yo más bien llamaría las burradas, recogidas de su libro reciente "Decision Points".
Veamos:
«Si no hacemos la guerra, corremos el riesgo de fracasar»
«No es la contaminación la que amenaza el medio ambiente, sino la impureza del aire y del agua»
«Debería preguntarle al que me hizo la pregunta. No tuve oportunidad de preguntarle al que me hizo la pregunta. ¿De qué pregunta se trata?»
«Pienso que si usted sabe lo que cree, será mucho más fácil responder a su pregunta. No puedo responder a su pregunta»
«Es importante entender que hay más intercambios comerciales que comercio»
«Nosotros vamos a tener el pueblo americano mejor ilustrado del mundo»
«Francamente, los enseñantes son la única profesión que enseña a nuestros niños»
«Quiero que se diga que la Administración Bush está orientada al resultado, porque creo en el resultado de focalizar la propia atención y energía en la educación de los niños en la lectura, porque tenemos un sistema educativo atento a los niños y a sus padres, más que mirar a un sistema que rechaza el cambio y que hará de América lo que queremos que sea, un país de gente que sabe leer y que sabe esperar»
«Para la NASA, el espacio aún es alta prioridad»
«Es tiempo para la raza humana de entrar en el sistema solar»
«Nosotros tenemos un firme compromiso con la OTAN. Nosotros formamos parte de la OTAN. Nosotros tenemos un firme compromiso con Europa. Nosotros formamos parte de Europa»
«El Holocausto fue un período obsceno en la Historia de nuestra nación. Quiero decir, en la Historia de este Siglo. Pero todos vivimos en este siglo. Yo no viví en ese siglo»
«Yo mantengo todas las declaraciones equivocadas que hice»
«El pueblo americano no quiere saber de ninguna declaración equivocada que George Bush pueda hacer o no»
«Todos somos capaces de errar pero yo no estoy preocupado en esclarecer los errores que puedo haber cometido o no»
guribe3@gmail.com
¿A usted no se le hace raro que ese man esté como calladito? ¿Y perdido? Me dijo el mesero mientras deslizaba una taza de café sobre la mesa al tiempo que posaba su mirada sobre una foto de George Walker Bush que aparecía en un artículo de revista que me encontraba leyendo. Y, sí, pensé. Pero en todo caso, no debe ser casual su silencio. Es un silencio inevitablemente derivado de la expectativa causada por el desarrollo de la administración del Presidente Obama, pero también, por algún tipo de cautela que él mismo se debe haber impuesto luego de que cada acto político o administrativo suyo fue casi un estremecedor recordatorio de las desastrosas gestiones gubernamentales de su antecesor. Y es que la gestión presidencial de Bush aparece cada día con mayor claridad como lo que pudo haber sido lo más próximo a lo que el expresidente Uribe -su aliado y "socio" incondicional que llegó incluso, arrodillado ante el amo, a meternos en una guerra que se daba por allá en un país asiático llamado Irak- dio en llamar "hecatombe", o sea, lo que puede ocurrir si prescinden de mí, pero lo que le iba a ocurrir a los Estados Unidos si no prescindía de aquel.
Cada día descubrimos más y más yerros suyos. Escogió a tenebrosos personajes como sus colaboradores cercanos; en la economía, la seguridad social, el empleo, la vivienda, la reforma migratoria y la industria, en particular la automotriz, no dio pie con bola. Y en cuanto a los sectores bancarios y financieros, y al mismo Wall Street, su falta de ojo avizor pudo haber acelerado el revés económico mundial reciente que todos conocemos. Y qué decir de su desastrosa política exterior con su intervencionismo militar y su unilateralismo fabricándose guerras -Irak y Afganistán, en tanto que acariciaba Pakistán-, y birlando a la ONU, mientras muy campante rechazaba el Protocolo de Kioto mostrando su desdén, incluso, por el calentamiento global. Errores, como los llama Salman Rushdie, que han llevado a Washington a perder toda credibilidad y a los Estados Unidos como nación emblema del sistema democrático y las libertades individuales y políticas, a ver minado su prestigio.
Razón tenía el Presidente Obama al posesionarse en pensar que la más abrumadora de sus tareas sería la de recuperar el respeto para su país.
También habría que sumársele lo inevitable a las causas del silencio en el que se ha mantenido enconchado hasta ahora, cuando accede a la publicación de sus tontas e incriminatorias Memorias*: un juicio. Y no ya el histórico cuyo discurrir ya ha echado a andar, sino el juzgamiento penal al que lo conducen todos los caminos de la justicia universal. Y es que con la desfachatez y la estupidez que le conocemos, reconoce en estas Memorias que apoyó y alentó la violación de Derechos Humanos aprobando la tortura de prisioneros como herramienta "legal".
El escritor y cronista de "The New Yorker", Jon Lee Anderson, avergonzado y herido como cualquier norteamericano que se respete y respete a los demás, decía no hace mucho: "Sin duda alguna, Bush ha sido el peor presidente en mi vida y posiblemente de la historia de los EE.UU., y será recordado como tal. Si hubiera justicia, él debería ser llevado a juicio por deshonrar a la patria. Merece aunque sea una amonestación histórica por parte del Congreso, como una especie de "impeachment" simbólico, y la privación de ciertas prebendas y favores. Su ex vicepresidente, Dick Cheney, debería ser sentenciado a cárcel por su abierto y vergonzoso activismo a favor de la tortura, y probablemente por otras ofensas adicionales. Donald Rumsfeld también, por su negligencia criminal como Secretario de Defensa, actitud que condenó a muchos soldados norteamericanos a la muerte e invalidez innecesaria, además de miles de soldados aliados iraquíes y afganos; ni hablar de las decenas de miles de civiles de ambos países muertos por las mismas razones."
También se ha pronunciado sobre su eventual juzgamiento por los crímenes perpetrados desde la invasión de Irak, el Fiscal General del Tribunal Penal Internacional, el argentino Luis Moreno Ocampo, animando a los árabes a adherirse con su rúbrica a la autoridad del Tribunal para poder presentar la denuncia correspondiente. Y es que hasta la farándula gringa se vio afectada. El multimillonario Donald Trump, dueño de Miss Universo, aseguró recientemente que en su opinión fue hasta ahora el peor presidente que hayan tenido los Estados Unidos. Y el cantante irlandés Bono, no dudó en repetir: "El peor presidente de la historia. Malo con ganas. Tal vez el gestor responsable de la peor política económica de la historia de EE UU."
¿Con la figura del nefasto expresidente Uribe, habremos los colombianos consentido -en ambos sentidos de la palabra- durante 8 años a un clon de Bush?
Cómo evitar aquí, y para terminar, la transcripción de lo que en la Página de Internet de la Universidad Nacional de Colombia denominada "Ingeniería Crítica", el Dirigente Social, Jhon Jairo Salinas llama "Las perlas… de Bush", que yo más bien llamaría las burradas, recogidas de su libro reciente "Decision Points".
Veamos:
«Si no hacemos la guerra, corremos el riesgo de fracasar»
«No es la contaminación la que amenaza el medio ambiente, sino la impureza del aire y del agua»
«Debería preguntarle al que me hizo la pregunta. No tuve oportunidad de preguntarle al que me hizo la pregunta. ¿De qué pregunta se trata?»
«Pienso que si usted sabe lo que cree, será mucho más fácil responder a su pregunta. No puedo responder a su pregunta»
«Es importante entender que hay más intercambios comerciales que comercio»
«Nosotros vamos a tener el pueblo americano mejor ilustrado del mundo»
«Francamente, los enseñantes son la única profesión que enseña a nuestros niños»
«Quiero que se diga que la Administración Bush está orientada al resultado, porque creo en el resultado de focalizar la propia atención y energía en la educación de los niños en la lectura, porque tenemos un sistema educativo atento a los niños y a sus padres, más que mirar a un sistema que rechaza el cambio y que hará de América lo que queremos que sea, un país de gente que sabe leer y que sabe esperar»
«Para la NASA, el espacio aún es alta prioridad»
«Es tiempo para la raza humana de entrar en el sistema solar»
«Nosotros tenemos un firme compromiso con la OTAN. Nosotros formamos parte de la OTAN. Nosotros tenemos un firme compromiso con Europa. Nosotros formamos parte de Europa»
«El Holocausto fue un período obsceno en la Historia de nuestra nación. Quiero decir, en la Historia de este Siglo. Pero todos vivimos en este siglo. Yo no viví en ese siglo»
«Yo mantengo todas las declaraciones equivocadas que hice»
«El pueblo americano no quiere saber de ninguna declaración equivocada que George Bush pueda hacer o no»
«Todos somos capaces de errar pero yo no estoy preocupado en esclarecer los errores que puedo haber cometido o no»
lunes, 1 de noviembre de 2010
Pasión a la colombiana
Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
Un solo caso entre decenas, cientos, acaso miles. Una minúscula y al mismo tiempo descomunal muestra de la "Colombia es Pasión" que campeó en nuestra patria durante estos últimos años. "Esta es Colombia, Pablo", le dijo el querido Camacho Ramírez a Neruda. Ahora, permítanme decirlo a mi manera. Esta es Colombia, señores, no toda, claro, pero sí una buena parte de ella. La de las masacres, las motosierras y los descuartizamientos, la de las fosas comunes, los hornos crematorios, las violaciones a frágiles mujeres campesinas, los falsos positivos y las desapariciones forzadas, las chuzadas y los seguimientos y las calumniosas denuncias, en fin, la de los siniestros desplazamientos, los despojos de tierras y destrucción de hogares y la del "no futuro" mientras no aparezca algo que indique que transitaremos muy pronto por el camino contrario. La Colombia nuestra, inocultable para un mundo que aún no reacciona pero que deberá hacerlo pronto desde la Corte Penal Internacional, y la patria tantas veces encubierta por los siniestros usufructuarios de los intereses económicos y políticos, esos que, no obstante, todavía cohabitan tranquilamente con nosotros aquí mismo. La Colombia "pasión" que no podrá pasar de agache frente al juicio inflexible de la Historia. La Colombia que confiamos en que algún día agote su violencia y le abra las puertas para siempre a una exuberante paz en primavera.
Veamos, de la siguiente manera, un ejemplo de esta tan publicitada "Colombia es Pasión" interpretada como debería interpretarse cuando la vemos frente a nuestros ojos casi a diario desbordarse en escenas macabras de estremecedora criminalidad:
"Pasión a la colombiana"
A las 4.30 de la madrugada de aquel fatídico 7 de noviembre, por más señas un domingo, parten de a 35 en cada uno de los dos camiones dispuestos para una "trabajito" que, antes que sigiloso, era de una visibilidad desafiante. Inicialmente, como en el poema de Nicolás Guillén, "iban de traje civil". Así debilitaban las sospechas de cualquier curioso. Y, más adelantico, lo recuerda bien el delator arrepentido: corran a ajustarse el camuflado… ah, y las dos camisetas debajo… y estas botas y no olviden los brazaletes que los distinguen como de las gloriosas Autodefensas Unidas Colombia. Métanselo en la cabeza: somos el ejército "libertador" que está decidido a "refundar la Patria".
Cada uno lleva 500 balas y 5 proveedores. Y entre todos, uno con otro, se echan al hombro suficientes fusiles AK 47 y 45, los famosos FAL franceses (Fusil Automatique Léger), los Galil, los lanzagranadas Truflay de 40 m.m. y, por qué no creerles, por ahí dicen que una ametralladora M-60.Tenemos excelentes financiadores, les explica uno de sus jefes.
Se detienen en cada sitio en donde afloren más de cuatro casas. Hacen de las suyas allí y continúan su marcha tremebunda. Todos los semovientes, o mejor, todo aquello que se mueva y respire, les pertenece. Toman esto y desprecian aquello. A los lugares objeto de su incursión llegan a media mañana. A las 9:30 para ser exactos. Su misión es concreta. Saben que la consigna es matar. Y rematar. Y a esa hora, la adrenalina se dispara frente a la inminencia de la frenética "faena". Ya ni se acuerdan de la víspera cuando el Comandante había levantado su brazo y, solemne, en medio del asado que les ofrecía como una gratificación anticipada a los héroes de ese sangriento día siguiente que esperaba por ellos, les extendió la bendición. ¡Sus 70 muchachos! Sus verriondos "combatientes" cuya "noble" operación consiste en asesinar a los 21 campesinos previamente seleccionados. ¿Ubicación? Hay que ser precisos y no ir de repente a calumniar: Inspección de El Placer y Vereda La Dorada del departamento del Putumayo. De antemano, y para que todo salga a pedir de boca, "tapando salidas e incomunicando la zona", grita el Comandante. Los "valerosos combatientes" se asegurarán de no ir de pronto a dejar escapar a alguno de los infelices campesinos condenados sin misericordia por los carniceros de ese paramilitarismo tantas veces consentido por diversos sectores nacionales.
Uno de aquellos 70 "héroes refundadores de la patria" responde al nombre de Carlos Mario Ospina Bedoya, el mismo arrepentido delator que nos sirviera de inspiración para esta columna y que le narrara a la fiscalía años después de aquella fecha cómo, cuando llegaron a cumplir con su "sagrado deber" de masacrar sencillos labriegos, era tal su obsesión criminal, que para justificarse, los imaginaban a todos enfundados en trajes de fatiga guerrillera. Por el camino se habían cruzado con dos retenes del ejército que haciéndose los de la vista gorda ni siquiera los detuvieron para averiguar quiénes eran, pero eso sí, atinaron a decirles: "¡Buenos días señores!". Uno de los retenes correspondía a una Base Militar ubicada en Santana, y el otro, en el Yarumo, muy cerca de Orito (Fuente: El Espectador). Ya sus comandantes les habían prevenido por si se topaban militares en la zona: "tranquilos muchachos que eso ya está arreglado", y también, que no había que preocuparse porque algunos alcaldes y otras autoridades ya sabían de la "vuelta",
También cargan para "la vuelta" alguna que otra pistola Pietro Beretta, según relata Ospina Bedoya, y aunque les proveyeron de víveres para varios días, el panorama se abría a su caprichos y les ofrecía lo que quisiesen tomar desde gallinas, vacas, niños y mujeres, hasta el surtido completo de las numerosas tiendas de camino.
Ya controlados los lugares elegidos para las masacres, lo de siempre. Un ritual de espanto entre el pánico, los gritos y el dolor: la cuidadosa selección de las víctimas en la plaza principal, los tiros al aire como de meros machos, las órdenes perentorias de "todo el mundo al piso", las sentencias de muerte bien claritas y las consignas del terror todas ellas por cuenta de los aerosoles sobre las humildes paredes.
Esta sí es la Colombia apasionada, señores, aunque habrá quienes, llevados por esa misma "pasión" -cómplices, supongo-, de la misma manera que en otras latitudes una y otra vez han querido negar el holocausto en la segunda Guerra Mundial, negarán esta estremecedora verdad de nuestra inequívoca "Pasión a la colombiana".
guribe3@gmail.com
Un solo caso entre decenas, cientos, acaso miles. Una minúscula y al mismo tiempo descomunal muestra de la "Colombia es Pasión" que campeó en nuestra patria durante estos últimos años. "Esta es Colombia, Pablo", le dijo el querido Camacho Ramírez a Neruda. Ahora, permítanme decirlo a mi manera. Esta es Colombia, señores, no toda, claro, pero sí una buena parte de ella. La de las masacres, las motosierras y los descuartizamientos, la de las fosas comunes, los hornos crematorios, las violaciones a frágiles mujeres campesinas, los falsos positivos y las desapariciones forzadas, las chuzadas y los seguimientos y las calumniosas denuncias, en fin, la de los siniestros desplazamientos, los despojos de tierras y destrucción de hogares y la del "no futuro" mientras no aparezca algo que indique que transitaremos muy pronto por el camino contrario. La Colombia nuestra, inocultable para un mundo que aún no reacciona pero que deberá hacerlo pronto desde la Corte Penal Internacional, y la patria tantas veces encubierta por los siniestros usufructuarios de los intereses económicos y políticos, esos que, no obstante, todavía cohabitan tranquilamente con nosotros aquí mismo. La Colombia "pasión" que no podrá pasar de agache frente al juicio inflexible de la Historia. La Colombia que confiamos en que algún día agote su violencia y le abra las puertas para siempre a una exuberante paz en primavera.
Veamos, de la siguiente manera, un ejemplo de esta tan publicitada "Colombia es Pasión" interpretada como debería interpretarse cuando la vemos frente a nuestros ojos casi a diario desbordarse en escenas macabras de estremecedora criminalidad:
"Pasión a la colombiana"
A las 4.30 de la madrugada de aquel fatídico 7 de noviembre, por más señas un domingo, parten de a 35 en cada uno de los dos camiones dispuestos para una "trabajito" que, antes que sigiloso, era de una visibilidad desafiante. Inicialmente, como en el poema de Nicolás Guillén, "iban de traje civil". Así debilitaban las sospechas de cualquier curioso. Y, más adelantico, lo recuerda bien el delator arrepentido: corran a ajustarse el camuflado… ah, y las dos camisetas debajo… y estas botas y no olviden los brazaletes que los distinguen como de las gloriosas Autodefensas Unidas Colombia. Métanselo en la cabeza: somos el ejército "libertador" que está decidido a "refundar la Patria".
Cada uno lleva 500 balas y 5 proveedores. Y entre todos, uno con otro, se echan al hombro suficientes fusiles AK 47 y 45, los famosos FAL franceses (Fusil Automatique Léger), los Galil, los lanzagranadas Truflay de 40 m.m. y, por qué no creerles, por ahí dicen que una ametralladora M-60.Tenemos excelentes financiadores, les explica uno de sus jefes.
Se detienen en cada sitio en donde afloren más de cuatro casas. Hacen de las suyas allí y continúan su marcha tremebunda. Todos los semovientes, o mejor, todo aquello que se mueva y respire, les pertenece. Toman esto y desprecian aquello. A los lugares objeto de su incursión llegan a media mañana. A las 9:30 para ser exactos. Su misión es concreta. Saben que la consigna es matar. Y rematar. Y a esa hora, la adrenalina se dispara frente a la inminencia de la frenética "faena". Ya ni se acuerdan de la víspera cuando el Comandante había levantado su brazo y, solemne, en medio del asado que les ofrecía como una gratificación anticipada a los héroes de ese sangriento día siguiente que esperaba por ellos, les extendió la bendición. ¡Sus 70 muchachos! Sus verriondos "combatientes" cuya "noble" operación consiste en asesinar a los 21 campesinos previamente seleccionados. ¿Ubicación? Hay que ser precisos y no ir de repente a calumniar: Inspección de El Placer y Vereda La Dorada del departamento del Putumayo. De antemano, y para que todo salga a pedir de boca, "tapando salidas e incomunicando la zona", grita el Comandante. Los "valerosos combatientes" se asegurarán de no ir de pronto a dejar escapar a alguno de los infelices campesinos condenados sin misericordia por los carniceros de ese paramilitarismo tantas veces consentido por diversos sectores nacionales.
Uno de aquellos 70 "héroes refundadores de la patria" responde al nombre de Carlos Mario Ospina Bedoya, el mismo arrepentido delator que nos sirviera de inspiración para esta columna y que le narrara a la fiscalía años después de aquella fecha cómo, cuando llegaron a cumplir con su "sagrado deber" de masacrar sencillos labriegos, era tal su obsesión criminal, que para justificarse, los imaginaban a todos enfundados en trajes de fatiga guerrillera. Por el camino se habían cruzado con dos retenes del ejército que haciéndose los de la vista gorda ni siquiera los detuvieron para averiguar quiénes eran, pero eso sí, atinaron a decirles: "¡Buenos días señores!". Uno de los retenes correspondía a una Base Militar ubicada en Santana, y el otro, en el Yarumo, muy cerca de Orito (Fuente: El Espectador). Ya sus comandantes les habían prevenido por si se topaban militares en la zona: "tranquilos muchachos que eso ya está arreglado", y también, que no había que preocuparse porque algunos alcaldes y otras autoridades ya sabían de la "vuelta",
También cargan para "la vuelta" alguna que otra pistola Pietro Beretta, según relata Ospina Bedoya, y aunque les proveyeron de víveres para varios días, el panorama se abría a su caprichos y les ofrecía lo que quisiesen tomar desde gallinas, vacas, niños y mujeres, hasta el surtido completo de las numerosas tiendas de camino.
Ya controlados los lugares elegidos para las masacres, lo de siempre. Un ritual de espanto entre el pánico, los gritos y el dolor: la cuidadosa selección de las víctimas en la plaza principal, los tiros al aire como de meros machos, las órdenes perentorias de "todo el mundo al piso", las sentencias de muerte bien claritas y las consignas del terror todas ellas por cuenta de los aerosoles sobre las humildes paredes.
Esta sí es la Colombia apasionada, señores, aunque habrá quienes, llevados por esa misma "pasión" -cómplices, supongo-, de la misma manera que en otras latitudes una y otra vez han querido negar el holocausto en la segunda Guerra Mundial, negarán esta estremecedora verdad de nuestra inequívoca "Pasión a la colombiana".
domingo, 12 de septiembre de 2010
Los desplazados en Colombia: Sin tierras ni leyes
Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com
"Los Condenados de la Tierra" llamó Franz Fanon al libro suyo que Sartre con su prólogo convirtiera en un Bestseller mundial y que terminó transformándose en una especie de Biblia anticolonialista del siglo XX. Pues bien, ¿qué hubiera escrito y cómo hubiera llamado Fanon un nuevo libro suyo si hubiese vivido en Colombia y sabido de los 4,9 millones de campesinos desplazados (cifra Codhes para los últimos 25 años) y "desplumados" sin misericordia, y ya no solamente "condenados de la tierra" sino "condenados por la tierra" a manos de un paramilitarismo que se ensañó en nuestra patria con la macabra intención de refundarla para atender los intereses de una derecha política más recalcitrante que cualquiera otra del continente latinoamericano?
Y "Ladrones de tierras" los llamó Javier Darío Restrepo en un turbador artículo suyo aparecido recientemente en El Colombiano de Medellín, mientras pocos días atrás el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, al anunciar la radicación en el Congreso de un proyecto de Ley de Tierras que busca la restitución a los campesinos de las posesiones que les fueron arrebatadas por los paramilitares y dadas por ellos a buen recuerdo para su usufructo posterior a terceras personas, enfatizaba en la necesidad de enfilar baterías muy específicamente contra el testaferrato, ciertamente la segunda y actual etapa de aquel brutal proceso de desplazamiento forzado. Y es que, como yo ya lo había afirmado en columna anterior aquí mismo en Semana, ninguna injusticia más repulsiva ha podido sufrir esta Colombia indescifrable que la que ha hecho de los campesinos a través del despojo de sus tierras y la aniquilación de sus hogares, damnificados inermes y sin redención a la vista de la iracundia y la ambición de sectores ultraderechistas de nuestro país.
En el debate convocado por el representante a la Cámara Iván Cepeda y que sirviera para el inicial anuncio gubernamental de un nuevo proyecto de ley que bien podría ser complementario a la ley de reparación de Víctimas, se hicieron graves y muy meticulosas denuncias, una de las cuales tiene que ver con la escandalosa revelación de que de las más de 5 millones de hectáreas usurpadas a sangre, fuego, sudor y lágrimas a los desamparados campesinos, los paramilitares desmovilizados apenas han devuelto 6 mil 600. Igualmente, se habló del censurable y "ridículo" papel del INCODER en todo esto -17 mil hectáreas restituidas y 43 mil compradas- y de sus “adjudicaciones espurias”, de la creación de una jurisdicción especial para la extinción del dominio de bienes y también de la audaz propuesta de “invertir la prueba de la carga” en el interés de demostrar la propiedad real de los predios, según el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, significando con ello que no serán las víctimas las obligadas a aportar las pruebas de la propiedad, sino el Estado quien se ocupará de encontrarlas y darles efecto.
En todo caso, el proyecto de ley sugerido por el ministro de Agricultura y Desarrollo Rural que busca la restitución de las tierras, fue finalmente presentado en la Cámara de Representantes el martes 7 de septiembre con destacadas novedades tales como los 4 meses para resolver los reclamos, la creación de Salas Agrarias en los Tribunales Superiores, las penas de hasta 12 años para los testaferros, la instauración por 10 años de una Unidad Administrativa Especial de Gestión de Tierras Despojadas y la solución justa a la cadena de propietarios que obraron de buena fe.
Pero volviendo a la columna de Javier Darío Restrepo, hay que decir que son contundentes sus imputaciones como cuando hablando de las 22.700 hectáreas de Carimagua reservadas a los desplazados, denuncia al ministro "aquel" que "quiso robarles para entregarlas a los ricos empresarios del campo, bajo la convicción de que los empresarios grandes son los que producen y los pequeños nacieron para peones".
guribe3@gmail.com
"Los Condenados de la Tierra" llamó Franz Fanon al libro suyo que Sartre con su prólogo convirtiera en un Bestseller mundial y que terminó transformándose en una especie de Biblia anticolonialista del siglo XX. Pues bien, ¿qué hubiera escrito y cómo hubiera llamado Fanon un nuevo libro suyo si hubiese vivido en Colombia y sabido de los 4,9 millones de campesinos desplazados (cifra Codhes para los últimos 25 años) y "desplumados" sin misericordia, y ya no solamente "condenados de la tierra" sino "condenados por la tierra" a manos de un paramilitarismo que se ensañó en nuestra patria con la macabra intención de refundarla para atender los intereses de una derecha política más recalcitrante que cualquiera otra del continente latinoamericano?
Y "Ladrones de tierras" los llamó Javier Darío Restrepo en un turbador artículo suyo aparecido recientemente en El Colombiano de Medellín, mientras pocos días atrás el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, al anunciar la radicación en el Congreso de un proyecto de Ley de Tierras que busca la restitución a los campesinos de las posesiones que les fueron arrebatadas por los paramilitares y dadas por ellos a buen recuerdo para su usufructo posterior a terceras personas, enfatizaba en la necesidad de enfilar baterías muy específicamente contra el testaferrato, ciertamente la segunda y actual etapa de aquel brutal proceso de desplazamiento forzado. Y es que, como yo ya lo había afirmado en columna anterior aquí mismo en Semana, ninguna injusticia más repulsiva ha podido sufrir esta Colombia indescifrable que la que ha hecho de los campesinos a través del despojo de sus tierras y la aniquilación de sus hogares, damnificados inermes y sin redención a la vista de la iracundia y la ambición de sectores ultraderechistas de nuestro país.
En el debate convocado por el representante a la Cámara Iván Cepeda y que sirviera para el inicial anuncio gubernamental de un nuevo proyecto de ley que bien podría ser complementario a la ley de reparación de Víctimas, se hicieron graves y muy meticulosas denuncias, una de las cuales tiene que ver con la escandalosa revelación de que de las más de 5 millones de hectáreas usurpadas a sangre, fuego, sudor y lágrimas a los desamparados campesinos, los paramilitares desmovilizados apenas han devuelto 6 mil 600. Igualmente, se habló del censurable y "ridículo" papel del INCODER en todo esto -17 mil hectáreas restituidas y 43 mil compradas- y de sus “adjudicaciones espurias”, de la creación de una jurisdicción especial para la extinción del dominio de bienes y también de la audaz propuesta de “invertir la prueba de la carga” en el interés de demostrar la propiedad real de los predios, según el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, significando con ello que no serán las víctimas las obligadas a aportar las pruebas de la propiedad, sino el Estado quien se ocupará de encontrarlas y darles efecto.
En todo caso, el proyecto de ley sugerido por el ministro de Agricultura y Desarrollo Rural que busca la restitución de las tierras, fue finalmente presentado en la Cámara de Representantes el martes 7 de septiembre con destacadas novedades tales como los 4 meses para resolver los reclamos, la creación de Salas Agrarias en los Tribunales Superiores, las penas de hasta 12 años para los testaferros, la instauración por 10 años de una Unidad Administrativa Especial de Gestión de Tierras Despojadas y la solución justa a la cadena de propietarios que obraron de buena fe.
Pero volviendo a la columna de Javier Darío Restrepo, hay que decir que son contundentes sus imputaciones como cuando hablando de las 22.700 hectáreas de Carimagua reservadas a los desplazados, denuncia al ministro "aquel" que "quiso robarles para entregarlas a los ricos empresarios del campo, bajo la convicción de que los empresarios grandes son los que producen y los pequeños nacieron para peones".
¿Cómo no señalar y denunciar también a quienes apoyaron y acompañaron la tragedia del desplazamiento de millones de compatriotas "expropiados" de sus 5.5 millones de hectáreas en una operación gigantesca, sistemática, orquestada por algunas autoridades y sin antecedentes en la historia de Colombia y de Latinoamericana? No hay que olvidar en este punto cómo el expresidente Uribe al acabar con el INCORA, creó el INCODER, sin asignarle dentro de su competencia ninguna función en dirección a velar por los intereses de los millones de desplazados. Fue este el más claro, infame y alarmante mensaje de la "invisibilización del drama del desplazado".
Razón de sobra tiene Pedro Medellín cuando reconociendo la intención de este gobierno en contraposición al anterior de Uribe Vélez, afirma que "en un país que en los últimos ocho años destinó sus esfuerzos institucionales y millones de dólares a la reinserción laboral y social de los victimarios, y no a la reparación de las víctimas, ya es hora de reconocer esta condición."
Pero, en fin, aplaudiendo la intención de restitución de al menos dos millones de hectáreas por parte del gobierno Santos a las familias que, sin tierras ni leyes que les hagan justicia, aún permanecen en medio del dolor y la desesperanza, la pregunta clave sigue siendo: ¿Por qué hasta ahora no se han cumplido las explícitas sentencias de la Corte Constitucional en lo relacionado con los cientos de miles de desplazados en Colombia?
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