lunes, 5 de julio de 2010

Llamarse Camille Claudel

Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com

El XX Festival de Escultura Camille Claudel efectuado hace pocos días en La Bresse (Francia) con la participación de cerca de 120 artistas de diversas nacionalidades (Africanas y de Ucrania, Japón, Argentina, Italia, etc.), no solamente celebraba el 20 aniversario de su creación, sino que hacía por impulsar una especie de relanzamiento en Europa de la obra de la famosa escultora. Y ya no tanto para hablar de su obra como de su vida, también por estos días en la Argentina, el Atelier de la Sala El Grito, ubicado en el Barrio de Palermo, le sirve a la directora Herminia Jensezian para el montaje que actualmente ofrece al público denominado "Sobre piedras", obra teatral ésta en donde la actriz Florencia Berthold se aproxima, con la fuerza emocional, apasionada y turbulenta que la dinámica de la relación Rodin-Claudel se lo exige, a lo que fue el mundo íntimo de un gran amor conflictivo.

Esta feliz coincidencia nos sirve de excusa para evocar de nuevo a quien fuera para el maestro Rodin no sólo su alumna y su musa y su amante, sino también el "detonante" en un entorno que a ambos influyó con desmesura en medio de conflictos personales y artísticos que aún hoy son motivo de indagación y que persisten queriendo distanciar a quienes la historia ya fundió definitivamente en una sólida y genial escultura, pese a que en medio de todo hubo situaciones graves y vergonzosas como cuando, como se ha dicho, algunas piezas elaboradas por las manos de Camille llevaban -¡quién lo creyera!- una desconcertante firma de Rodin.

Pero lo que queremos ahora es simplemente traer de nuevo el recuerdo dramático de lo que fue y significó esta maravillosa artista durante sus 79 años de existencia.

Hermana del gran poeta y dramaturgo francés Paul Claudel, Camille nace el 8 de diciembre de 1864 en Fère-en-Tardenois, Aisne, y muere en Montdevergues, el 19 de octubre de 1943. Conoce a Rodin, 24 años mayor que ella, en 1883, y mientras realiza en su taller en condición de alumna suyas tareas escultóricas propias, le sirve de modelo y le ayuda en la elaboración de sus obras, como cuando se entrega por completo a la ejecución de las figuras de aquella memorable y enorme escultura "Las puertas del infierno". No obstante, los trabajos de Camille, contrariamente a lo que se ha dicho, guardan su toque personal, su temperamento y en todo caso aquellos rasgos femeninos que no pueden confundirse con copias de la obra del maestro como perversamente se sugirió en su época.

La notable belleza, juventud y talento de Camille despiertan en Rodin una intensa pasión a la que ella corresponde de inmediato dada la enorme admiración que él le provoca. Se hace su amante, y el par de amantes, como en tantos otros casos en que un mismo oficio de la pareja es capaz de lograr anteponer a los celos amorosos, los celos profesionales -aunque en ciertas ocasiones combinados con aquellos como a ellos les sucedió-, da inicio a un duro combate interpersonal que embiste contra el prestigio, la rudeza y la infidelidad del genio y comienza a demoler el sistema nervioso de la brillante Camille. Y mientras Octave Mirbeau la califica de genio y ella le aporta a Rodin toda su energía creadora en medio de una colaboración ventajosa para ambos, sus afectos mutuos deteriorados entran en crisis anunciando una inevitable ruptura luego de 10 años de creación, de amor y de conflictos. No importaba que él dijera: "Le he enseñado dónde encontrar oro, pero el oro que encuentre le pertenece a ella", puesto que Camille se sentía humillada y desplazada por el déspota, se sentía, insisto, como un tipo de amante clandestina de quien se hace uso para provecho del otro. Y más aún, alguien que le negaba sus méritos artísticos y su valía individual, y que le demostraba celos por su trabajo no reconociéndolos.

En 1905, año de su última gran exposición, ya liberada de él y aislada, sufriendo una evidente paranoia anuncio de su locura final diagnosticada como "manía persecutoria y delirios de grandeza", con un martillo iba destruyendo cada una de las obras que terminaba advirtiendo que no permitiría que el maestro, a quien ahora odiaba, se las apropiara.

Claude Debussy tan pronto como entró, salió de su vida. Su familia toda le da la espalda mientras su paroxismo emocional le abre el camino infernal hacia la locura. Pocos días después de la muerte de su padre, el 10 de marzo de 1913 es sacada de su apartamento del 19 quai Bourbon de la Isla de San Luis en París, en donde vivía aullando y rodeada de gatos, al decir de sus vecinos, paseando de un lado otro su maltratada figura.

Aquella tarde, unos enfermeros derribaron la puerta de su apartamento y por instrucciones de su familia le colocaron una camisa de fuerza. La llevaron interna al sanatorio de Ville-Evrard y en julio del mismo año la recluyeron definitivamente en el manicomio de Montdevergues en donde murió 30 años después, el 19 de octubre de 1943 cuando ya había recuperado la cordura.

Drama y genio. Tal fue la vida y tal la obra de esa mujer fascinante que debió sufrir por siempre el monumental agobio de llamarse Camille Claudel.

lunes, 14 de junio de 2010

Desmemoriados, recordad la memoria

Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com

A la memoria podría señalársela como la gran alcahueta, como la impecable e implacable celestina del tiempo. Y también, desde luego, como su gran preservadora, porque es precisamente la memoria la que le da vida al transcurrir de las horas, o de manera explícita, a lo que llamamos tiempo. No deja de ser por lo tanto un poco simplista y curiosa la definición que de la memoria nos trae la enciclopedia: “En los seres dotados de conciencia, capacidad de recordar hechos pasados, como pasados”.

Pero esta facultad que tiene el hombre para recordar y conservar las huellas de los instantes y los tiempos que pasan, se va perdiendo en el individuo con el correr de sus años, producto ello de su natural deterioro biológico. Escuchando al irreverente Camilo José Cela -vigoroso, rocoso, recio, inteligente, apasionado-, me asombré alguna vez de su capacidad para conservar la memoria. A su sorprendente terquedad octogenaria con ese temperamento suyo entre rabioso y feliz, y aunque ya en el definitivo declive hacia la muerte, parecía todavía el niño que está en el pleno ejercicio de descubrir el mundo y de aprender y memorizar sobre las cosas. Y todo lo que decía, no importaba si su referencia apelaba a tiempos ya muy remotos para él, parecía haberlo vivido o aprendido la víspera. Admirable ejemplo que nos deja conturbados e intranquilos, pues somos conscientes, día tras día, afán tras afán, de que vamos aceleradamente perdiendo la nuestra. Es claro que si no se la ejercita ésta se pierde o disminuye. Una memoria bien ejercitada no tiene vejez; lucha, batalla y en veces logra vencer el desgaste natural del organismo humano cuando éste afecta por completo nuestro ser. Es, de lejos, bien adiestrada y cultivada, uno de los pocos atributos exultantes que la vida nos permite conservar hasta el umbral de la muerte. Todo lo demás en nuestro cuerpo y vida, es desechable. Y con todo y que Menéndez y Pelayo la hostigaba llamándola “el talento de los tontos”, a uno no le queda más remedio que admirar a quienes la poseen y bendecir la poca que nos queda.


Don Quijote pensaba en la memoria, y con toda razón en su caso, como en la enemiga mortal de su descanso. Pero a nosotros su dispersión, su mengua, su agotamiento, nos produce precisamente todo lo contrario y termina no dejándonos vivir en paz. No porque necesariamente sea sabio y recto y justo el “memorista”, no, sino porque difícilmente puede llegar a ser lúcido o ponderado quien la haya perdido.

Vivir sin memoria no solamente nos hace idiotas e inútiles, vivir sin memoria, en un mundo tan “vivo” como el nuestro, nos convierte en unos “muertos” más.

domingo, 23 de mayo de 2010

La opresión de las máscaras

Por Germán Uribe
guribe3@gmail.com

No creo fácil encontrar a una persona que vaya por ahí exponiendo su verdadero rostro. Todos, desde la infancia, vamos forjándonos una máscara con la cual nos esforzamos por mostrar la identidad que quisiéramos que los otros nos reconocieran. Es una máscara que llevamos hasta la muerte y que en el discurrir de nuestra existencia y de acuerdo con las acontecimientos y escenarios de tipo social por los que habremos de pasar en nuestro periplo vital, va cambiando de estilo, de forma, de colores. Pero, ay, de nosotros, si la dejamos caer o desvanecerse y con ello se evidencia nuestro verdadero rostro. Podría acarrearnos, más que una vergüenza, un golpe mortal al orgullo y a la propia naturaleza de la que estamos verdaderamente hechos, minando de paso nuestras fuerzas para seguir en la trivial y tremendista representación. Cuando aquella máscara se desdibuja o desaparece, cuando la retiramos en la intimidad por cualquier razón y nos vemos abocados a reconocernos a nosotros mismos sin ella protegiéndonos, casi siempre tendemos a cerrar los ojos o a imaginarnos con una máscara sustituta que nos libere de la atroz desazón que puede causarnos la autenticidad de este rostro ya no encubierto.

El hombre siempre ha llevado una máscara consigo que le sirva de amparo y escudo contra sus propios miedos y debilidades. Fingir es parte esencial de su naturaleza y del temperamento de los humanos y es probablemente eso lo que con mayor fuerza y rigor nos diferencia de los animales. Cuando los individuos desechen la apariencia artificiosa como un arma para sobrevivir y superarse, probablemente se sobrecogerán, pero aquella autenticidad descubierta sin camuflajes tenderá, lenta pero armoniosamente, a recobrarles sus valores y a encontrar objetivamente su definitiva y única dimensión. Sabrán de sus verdaderas posibilidades y a partir de ellas, siendo ellos mismos, sin maquillajes, con toda seguridad se encontrarán siendo mejores hombres. Satisfechos consigo mismos y frente a los demás. Cuánta razón no tuvo Johann W. Goethe cuando afirmaba que el hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima en menos de lo que vale.

¡Qué poca estima hay en quienes recurren a las artimañas de la simulación!

Se cree ser más de lo que se es socorrido y alentado por aquella careta que intenta ajustar con la precisión y la puntualidad que sus ambiciones o flaquezas le reclaman. Pero se estima en menos de lo que vale cuando las circunstancia lo llevan a desprenderse de sus retoques y se ve a sí mismo al desnudo. Y ni qué decir cuando se ve sorprendido por la curiosidad, o la crueldad, o el rigor crítico de su congénere despojándosela o denunciándosela ante los otros. Por eso la lleva con cautela evitando a todo trance que pueda ser desprendida por las manos o por la mirada de sus semejantes. Cuidan más a su máscara que a su espíritu. Muchas veces le venden el alma al diablo a cambio de una empaque, de una envoltura que se ciña a su codicia y que le proteja de su fragilidad.

La máscara es el insignia de la inautenticidad pegada al rostro de los hombres, máscara la cual, sépase bien, sólo se disipa con la muerte.

domingo, 9 de mayo de 2010

De una universitaria argentina a su amiga

De Valentina a Constanza:

Un e-mail sobre Germán Uribe

Buenos Aires 7 de mayo de 2010

“Hola. Soy yo. No es Cadena Nacional sino que escribo un poco excepcional-mente para ti constan-za y te mando dos páginas para que pis-pies porque me gustaron a mí, y deseo compartirlas contigo. Es un tipo colombiano sartreano nacido en Armenia... escribe de rechupete, es periodista y filósofo tiene una página y es viejo, lo interesante es que es un pionero de la Internet, no parece ser Bill Gates pero desde sus inicios en los 90 ya se hacía presente en la Red lo cual muestra una peculiaridad informática adelantada para un intelectual del nuevo mundo que se comunica e intenta expandir su llegada a ¡los mas posibles! Qué sartreana actitud de llegar por todos lados, ¿no?: Ensayo, guiones, novelas, diarios. Ja Ja… o Feinmann*

Otro sartreano con actitud de llegar a la clase pensante.

Bueno aquí lo nuestro... yo siempre hago el mismo chiste (que como tal es una exageración) "Feinmann es kirchnerista* para tener la mayor cantidad de horas en la TV pública" Ja Ja Ja Ja

Estoy resumiendo para que no sea un bodrio esto. Bueno. Parece ser que estudió en Francia por la pasión (y posibilidad) de conocer a Sartre. Los dos textos que leí de él son buenos y hablan de don Jean Paúl el que se cagaba en los pañales, ¿lo recuerdas? y vendía el diario ¡aun! (*)

Bueno los textos los estoy leyendo y son cortos (y como soy que me distraigo lo difundo y después sigo. Lo recomiendo y ni lo leí)

1) Uno habla de Sartre gagá (el final de sus días según gente que lo veía y luego reconocía la majestuosa figura que tenía en frente), pero después se mete bien con su obra en el texto filosófico y creo que recorre por obras ¡del más grande!

2) Y el otro es biográfico o sea de la vida del colombiano y está ahí también como le pega a Sartre en la vida. ese es riquísimo...

1) http://www.ucm.es/info/especulo/numero7/jpsartre.htm
2) http://reocities.com/Athens/forum/8886/vida.html Una fugaz mirada a mí mismo y el 3) es la página de él si te motiva y tenés tiempo, igual voy a ver si imprimo algo porque ya tengo pensado poner en funcionamiento la impresora con ¡cartuchos gratuitos de Inés! http://reocities.com/Athens/forum/8886/

PD: La verdad es que esto me pegó de lleno porque en estos días me dio vuelta mucho la idea tirada por todos los profes de la facu, la que dice que si descreemos de la importancia mediática nos vayamos a estudiar otra cosa. Si decís que la tele es basura y debes apagarla y rebelarte en contra de ella sos un fosforito boludo. Lo mismo, (y más también) con Internet, acá esta la mocha. Solo que la intelectualidad sigue siendo reacia, porque la derecha está copándola (habitándola) desde un inicio, ¡obvio! pero es un ámbito libertario sin igual (en China y Cuba hay ciertas "protecciones". Obvio, que según nuestra democracia liberal diremos que son ¡menos libertades individuales! pero a aprovecharlas Constanza, ¡en hora buena que tenemos Internet entonces!”

Valentina

*José Pablo Feinmann -Buenos Aires, 1943- es un filósofo, docente, escritor, ensayista, guionista y conductor de televisión argentino (NE)
* Se refiere al periódico maoísta « La Cause du Peuple »
*Seguidores del Presidente Kirchner